lunes, 2 de marzo de 2015

08/03/2015 - 3º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º Domingo de Cuaresma (B)


La entrega de la ley en el Sinaí inaugura una etapa capital de la historia bíblica. De hombres, mujeres y niños salidos del país de su esclavitud, Dios hace un pueblo dotado de una constitución que asegura su libertad y lo protege contra cualquier forma de arbitrariedad, opresión y explotación. A los que están privados de todos los derechos, los transforma en un «pueblo de derecho», con el que el Señor, el único Dios, sella una alianza que se compromete solemnemente a no romper jamás. Suceda lo que suceda, velará personalmente para que todos respeten esa constitución de la que él es garante y guardián supremo. Nada que ver, pues, con los decretos de un déspota desconfiado, impuestos bajo la amenaza de severos castigos. Los que se aparten de Dios y de su ley no podrán responsabilizar a nadie más que a ellos mismos de las consecuencias de sus actos: la anarquía en la que nada está seguro, o el servilismo al que conduce fatalmente la pérdida de referencias que permiten encontrar el propio lugar respetando a los demás y el bien común.
Durante el éxodo, Dios estaba en medio de los suyos. La tienda del encuentro era signo y, en cierto modo, lugar de su presencia. Más tarde, el templo de piedra reemplazó a este santuario, montado y desmontado en cada etapa del desierto. Y se desarrolló toda una espiritualidad impulsada por los profetas. que predicaban el respeto a la casa de Dios y la pureza y sinceridad del culto que en ella se celebraba. Por otro lado, la destrucción y la reconstrucción del templo estuvieron siempre vinculadas a la dispersión y reagrupación del pueblo. El exilio mostró que Dios seguía estando en medio de los suyos incluso en tierra extranjera, aunque no hubiera santuario. Esta experiencia dio lugar a un nuevo desarrollo y enriquecimiento de la espiritualidad y de la «teología» del templo. Surge la esperanza de un templo perfecto, inaugurado por el Mesías. El gesto vigoroso e insólito de Jesús expulsando a los mercaderes del templo se sitúa en este contexto. Es también, y sobre todo, un signo. La Pascua de los judíos y la Pascua de Jesús encierra el mismo misterio: la destrucción de un santuario y la edificación de otro, no hecho por manos humanas: Jesús, el Hijo de Dios, muerto y resucitado al tercer día. Necedad para unos, escándalo para otros, es la manifestación suprema de la sabiduría de Dios, el cumplimiento de sus promesas, el fundamento inquebrantable de toda esperanza.

PRIMERA LECTURA

El decálogo —vocablo griego que significa «las diez palabras»— aparece en la Biblia en dos formas ligeramente diferentes (Ex 20,1-17; Dt 5,5-2 1). La que hoy se lee es la primera de estas do versiones. Aunque se suele hablar de «mandamientos», se trata más bien de los artículos de un pacto. Su fundamento es el reconocimiento del Señor como el único Dios. Viene luego el compromiso a guardar el sábado, presentado aquí como una manera de hacer partícipes a los hombres y a los animales del descanso de Dios después de la creación; y a continuación, una serie de normas de conducta para respetar al prójimo y sus bienes. No es extraño que esta especie de ley fundamental del pueblo de Dios no haya sido abolida por Jesús: lo que hace la nueva Alianza es llevar a su plenitud el primer pacto.

La Ley se dio por medio de Moisés.

Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen.
Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos.
No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso.
Fíjate en el sábado para santificarlo.
Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades.
Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos.
Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó.
Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar.
No matarás.  No cometerás adulterio.  No robarás.  No darás testimonio falso contra tu prójimo.  No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variaciones sobre el tema de la ley del Señor como fuente de vida y felicidad, de sabiduría y rectitud de juicio, de justicia y de pureza, más preciosa y deleitable que todas las cosas.

Salmo 18, 8. 9. 10. 11 (l.: Jn 6, 68)

R
Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R

SEGUNDA LECTURA

La cruz, testimonio de la locura del amor de Dios por todos los hombres sin distinción, es una vigorosa contestación de las ideas recibidas acerca del poder y la sabiduría.

Predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los hombres, pero, para los llamados, sabiduría de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,22-25

Hermanos:
Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados -judíos o griegos-, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3,16

Aclamad a Cristo, el Señor
fuerza y manifestación del Padre,
Templo vivo de la presencia de Dios.

Tanto amó Dios al mundo
que entregó a su Hijo único.
Todo el que cree en él tiene vida eterna.

EVANGELIO

Los profetas manifestaron siempre un gran celo por la santidad del templo y la pureza del culto. Por insólita que fuera, la violencia con la que Jesús se enfrenta a los que no respetan la santidad del santuario no tiene nada de extraño en sí misma. Pero después de la Pascua los discípulos comprenden el significado pleno y el alcance exacto de este gesto: se trataba de un anuncio del nuevo Templo inaugurado con su resurrección.

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»  pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra de Dios.



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lunes, 23 de febrero de 2015

01/03/2015 - 2º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º Domingo de Cuaresma (B)


La vida cristiana es un largo camino de fe, recorrido habitualmente con paso lento, más o menos regular, a veces titubeante. Para vencer la duda que puede insinuarse o introducirse y el cansancio que se hace sentir, para seguir avanzando a pesar de todo, a lo largo de este itinerario necesitamos a menudo que los demás nos animen y empujen. Es igualmente necesario pararse regularmente para recordar la meta, para reactivar las motivaciones profundas.
Jesús conduce a los apóstoles teniendo en cuenta estos ritmos en la marcha hacia la plenitud de la fe a la que los llama. A veces parece dudar si revelarles claramente su misterio, su Pascua de muerte y resurrección, a la que quiere asociarlos. Y cuando lo hace, con frecuencia, según san Marcos, les aconseja que no hagan partícipes a los demás prematuramente de estas revelaciones. No obstante, se impone anunciar el Evangelio sin miedo y sin edulcorar sus exigencias. Nada ni nadie puede darnos miedo, porque Dios está con nosotros: nos ha elegido para justificamos por su Hijo, muerto, resucitado y sentado a su derecha, donde intercede por nosotros.
Sin embargo, esta revelación no deja de ser la piedra de tropiezo de la fe. Con gusto cerraríamos los ojos ante el lado oscuro del misterio pascual; pero entonces lo vaciaríamos de todo su sentido y contenido. El resplandor de la transfiguración tiene que ser en este mundo necesariamente efímero. El momento de instalarse en la «montaña alta» no ha llegado todavía, ni para los cristianos ni para la Iglesia. Estamos en el tiempo de la fe y de la esperanza sin aura. Pero, pase lo que pase, aunque todo parezca cuestionarse, nos que- da al menos una certeza, sobre la que podemos apoyarnos firmemente: Dios es fiel; nunca falta a sus promesas. ¡Pensemos en Abrahán, nuestro padre en la fe, cargando sobre los hombros de su hijo Isaac la leña para el sacrificio!
Esto es, entre otras cosas, lo que recuerda la Cuaresma, que es una especie de itinerario-modelo de la existencia cristiana. Pero que no se limita a proclamar lo que saben los cristianos y a exhortar a vivir según la fe profesada. Propone además recorrer un itinerario simbólico, «sacramental», es decir, realizado a través de «signos» eficaces de la salvación de la que son portadores.

PRIMERA LECTURA

Tenemos aquí una especie de prueba por el absurdo que pone de manifiesto la obediencia sin reservas de Abrahán y su confianza total en Dios. A los ojos de los hombres la fe, especialmente sise lleva a tal grado de heroísmo, no parece más que una locura. Y sin embargo es la sabiduría suprema, porque se funda en la verdad, en la solidez y en la fidelidad de Dios, en su conocimiento de las personas y de las cosas, en su dominio absoluto del pasado, del presente y del futuro. Dios no quiere la muerte de nadie, los sacrificios humanos le repugnan y los prohíbe formalmente. No ha aceptado nunca más que una sola oblación: la de su Hijo, que ha entregado libremente su vida por la salvación de todos los hombres, y que por ellos ha resucitado también de entre los muertos.

El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Lectura del libro del Génesis 22,1-2. 9-13.15-18

En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole:  - «¡Abrahán!»
Él respondió:
- «Aquí me tienes.»
Dios le dijo:
- «Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.»
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
 «¡Abrahán! Abrahán!»
Él contestó:- «Aquí me tienes.»
El ángel le ordenó:
- «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo tu único hijo.»
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -- «Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios, Padre y Señor de los vivos, no quiere la muerte de nadie: es una certeza que funda la esperanza en medio de la prueba y la orienta ya hacia la acción de gracias.

Salmo 115. 10 y 15. 16-17. 18-19 (R.: Sal 114, 9)

R
Caminaré en presencia del Señor
en el país, de la vida.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles. R

Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor. R

Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R

SEGUNDA LECTURA

Dios, que no quiso que Abrahán le sacrificara a su hijo único como testimonio de su fe, entregó en cambio a su propio Hijo, cuya muerte y resurrección podían justificarnos.

Dios no perdonó a su propio Hijo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 31b-34

Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros?

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf Mt 17,5

Entregado por todos los hombres,
elevado a la derecha del Padre,
Cristo está con nosotros.

En el esplendor de la nube
se oyó la voz del Padre:
«Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo».

EVANGELIO

Sufrimiento, muerte, resurrección, entrada en la gloria: íntimamente ligadas una con Otra, estas cuatro etapas del único misterio pascual de Cristo han de mantenerse siempre juntas, como hace siempre la liturgia. Cuando nos acercamos a la celebración de la Pascua, pone ante nuestros ojos el icono de la transfiguración del Señor que nos plantea algunos interrogantes: ¿sabéis lo que significa resucitar de entre los muertos?, ¿creéis que Jesús, desfigurado en el momento de su pasión, ha sido elevado ahora a la gloria de Dios?, ¿estáis dispuestos a escucharlo, aceptando día tras día el testimonio de Moisés, de Elías, de todos los profetas, de los apóstoles? Y finalmente, ¿es esto lo que confesáis cuando participáis en la eucaristía?

Éste es mi Hijo amado.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:  - «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.»
Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:
- «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Palabra de Dios.



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lunes, 16 de febrero de 2015

22/02/2015 - 1º Domingo de Cuaresma (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º Domingo de Cuaresma (B)


Como todos los años, el evangelio del primer domingo de Cuaresma es el de las tentaciones de Jesús en el desierto. Pero san Marcos, que es el evangelista que se lee en el ciclo B, se distingue claramente de los otros sinópticos. En primer lugar, el relato del acontecimiento no puede ser más breve: sólo dos versículos! Esta brevedad no significa en absoluto que san Marcos conceda una importancia secundaria a este dato de la tradición. Por el contrario, lo integra de manera significativa en el conjunto de los 14 primeros versículos de su evangelio, titulado: «Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). En el lugar en que se encuentra, la breve referencia a la tentación hace de gozne entre el bautismo de Jesús por Juan Bautista, evocado también rápidamente, y el comienzo de la predicación del Hijo de Dios: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Entre los signos que acreditan este anuncio, san Marcos concede un lugar especial a los numerosos exorcismos realizados por Jesús. La derrota del demonio es para el evangelista la gran manifestación del advenimiento del reino de Dios. Por eso, antes incluso de exponer el contenido de la Buena Noticia, cuenta cómo, ya el primer día de su aparición pública, Jesús libera a un hombre del espíritu maligno que lo atormentaba (Mc 1,21-28).
La promesa de la Alianza hecha en otro tiempo a Noé se cumple ahora con creces. Todas las esperanzas se ven superadas. Antiguamente, sólo un pequeño grupo de personas se salvaron de las aguas devastadoras del diluvio. Ahora, la inmersión en las aguas bautismales salva a muchedumbres. Entonces, el arco iris fue la prenda de la fidelidad de Dios. Ahora, la cruz de Cristo es la garantía de nuestra resurrección.
Con Jesús y por él, los que han sido elevados a la condición de hijos de Dios han vencido al demonio. Ser bautizado no significa ser purificado de manchas externas, sino comprometerse con Dios con una conciencia recta, participando así de la resurrección de Jesucristo.
La Cuaresma, preparación para la celebración anual de la Pascua, es el tiempo más apropiado para evaluar, verificar y reajustar esta orientación de nuestra existencia.

PRIMERA LECTURA

Un cataclismo de tal magnitud que parecía que el mundo iba a ser aniquilado marcó la memoria colectiva de los pueblos de Mesopotamia. Los autores bíblicos meditaron sobre este acontecimiento. Dios, como un padre decepcionado por la perversidad de sus hijos, se habría arrepentido de haberlos creado de no haber estado profundamente apegado a la obra de sus manos. Basta que haya un solo justo para que su amor infinito se sobreponga a su legítima cólera. Es más, hace de este justo, Noé, cabeza de una humanidad nueva y depositario de unas promesas de salvación que nada ni nadie podrá nunca desmentir. El arco iris, que anuncia el final de la tormenta devastadora, es como el arma del castigo cósmico, que Dios ha colgado en el cielo porque ya no volverá a usarla nunca más. Este fue el primer signo de una alianza, preludio de todas las demás, con la creación, salvada para siempre de las aguas.

El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.

Lectura del libro del Génesis 9, 8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos:
- «Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Hago un pacto con vosotros: el diluvio no volverá a destruir la vida, ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.»
Y Dios añadió:  «Esta es la señal del pacto que hago con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las edades: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi pacto con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco, y recordaré mi pacto con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir los vivientes.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios salvador, Dios de la alianza, que olvida nuestros pecados para no recordar más que su ternura.

Salmo 24, 4bc-5ab. 6-7bc. 8-9

R
Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad
para los que guardan tu alianza.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas.
Acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

SEGUNDA LECTURA

Relectura cristiana del relato bíblico del diluvio. Por Jesús, el justo muerto i resucitado, la humanidad entera es salvada de la multitud de sus pecados, que la cubrían como un diluvio. Esta redención tiene un alcance realmente cósmico: desde lo más profundo de la morada de los muertos (el infierno) hasta lo más alto de los cielos (los ángeles). Sumergidos en las aguas del bautismo, pasamos de la vida a la muerte con Cristo, que «llegó al cielo y está a la derecha de Dios».

Actualmente os salva el bautismo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 18-22

Queridos hermanos:
Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios.
Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
Con este Espíritu, fue a proclamar su mensaje a los espíritus encarcelados que en un tiempo habían sido rebeldes, cuando la paciencia de Dios aguardaba en tiempos de Noé, mientras se construía el arca, en la que unos pocos -ocho personas- se salvaron cruzando las aguas.
Aquello fue un símbolo del bautismo que actualmente os salva: que no consiste en limpiar una suciedad corporal, sino en impetrar de Dios una conciencia pura, por la resurrección de Cristo Jesús, Señor nuestro, que llegó al cielo, se le sometieron ángeles, autoridades y poderes, y está a la derecha de Dios.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,4b

Nuevo Adán, vencedor del mal,
por ti, Señor, se ha cumplido el plazo.

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

Se trata de una referencia breve, pero muy elocuente, de los comienzos de la misión de Jesús. Desde su bautismo, empujado al desierto por el Espíritu, Jesús, en un medio hostil («entre alimañas»), se ve sometido a los asaltos de Satanás, pero sin dejar por ello de estar cerca de Dios («dos ángeles»). Tras superar esta prueba, está en condiciones de «proclamar la Buena Noticia».

Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

+ Lectura del santo evangelio según San Marcos 1,12-15

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
- «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»

Palabra de Dios.



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domingo, 15 de febrero de 2015

18/02/2015 - Miercoles de Ceniza (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Miercoles de Ceniza (B)

TIEMPO DE CUARESMA (B)

La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.
La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero han de hacerse con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Espfritu Santo. Aunque tamizada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se filtra a lo largo de toda la Cuaresma.
Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).
La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.
Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.
«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma 1-2: PL 54, 285-287)

Miercoles de Ceniza (B)

EI Miércoles de Ceniza los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel, de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.
Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» (Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable. ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18).
Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).
Recibir la ceniza es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».
La imposición y recepción de la ceniza adquiere todo su sentido en el marco de la celebración comunitaria. Ocurre lo mismo con cualquier participación en un rito sacramental, y en particular en la comunión. Nunca es un acto de devoción privada, ni siquiera cuando se trata de una persona a la que la edad, la enfermedad o cualquier otra razón le impiden participar en la asamblea.

PRIMERA LECTURA

El mal reside en el corazón antes de traducirse en actos. Las prácticas de penitencia deben, pues, expresar la conversión del corazón. Los gestos vacíos de contenido no engañan a Dios.

Rasgad los corazones y no las vestiduras.

Lectura del libro de Joel 2,12-18

Ahora -oráculo del Señor-
convertíos a mí de todo corazón
con ayuno, con llanto, con luto.
Rasgad los corazones y no las vestiduras;
convertíos al Señor, Dios vuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad;
y se arrepiente de las amenazas.
Quizá se arrepienta
y nos deje todavía su bendición, la ofrenda,
la libación para el Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión,
proclamad el ayuno, convocad la reunión.
Congregad al pueblo, santificad la asamblea,
reunid a los ancianos.
Congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba,
la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, y digan:
- Perdona, Señor, a tu pueblo;
no entregues tu heredad al oprobio,
no la dominen los gentiles;
no se diga entre las naciones:
¿Dónde está su Dios?
El Señor tenga celos por su tierra,
y perdone a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

La toma de conciencia del pecado es vana si no lleva a acudir a la misericordia de Dios. Sólo él puede dar la paz por la purificación del corazón.

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

A reconciliarnos con Dios, a abrirnos a la gracia del perdón conseguido por Cristo, que tomó sobre sí el pecado del mundo para que nosotros «recibamos la justificación de Dios», a alcanzar la santidad de Dios: a todo eso nos exhorta «el tiempo favorable» que es la Cuaresma.

Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20-6,2

Hermanos:
Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:
«En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Palabra de Dios.



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lunes, 9 de febrero de 2015

15/02/2015 - 6º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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6º domingo Tiempo ordinario (B)


Después de la jornada de Cafarnaúm, nos encontramos a Jesús frente a un leproso. No se da ninguna indicación de lugar. La muchedumbre parece haber desaparecido de pronto. Evidentemente san Marcos no ha querido recoger más que el diálogo personal entre el predicador de la Buena Noticia y este enfermo anónimo que representa a todos los demás. En virtud de su carácter misterioso y degradante, la lepra evocaba el pecado y sus profundos estragos. Los que estaban afectados por ella debían vivir aparte, cubrirse la cara y gritar «Impuro, impuro!» para advertir de su presencia y que todos pudieran apartarse cuanto antes. Durante mucho tiempo no se conoció más que un remedio contra el peligro de contagio de esta enfermedad sin curación: la exclusión, el aislamiento riguroso de los enfermos. Por eso, los desgraciados leprosos tenían que soportar condiciones de vida inhumanas. Jesús, en cambio, deja que el leproso se acerque a él. Lleno de compasión por este hombre que le suplica de rodillas, extiende la mano, lo toca y, con una palabra, lo cura.
El severo encargo de ir inmediatamente a cumplir con las obligaciones prescritas por la Ley y de presentarse al sacerdote para que constate oficialmente la curación, puede sorprender. ¿Necesitaba aquel hombre que le recordaran la urgencia de un trámite necesario para su reinserción en la sociedad? Ciertamente no. Pero Jesús se esfuerza por lograr que sus milagros se entiendan como «signos», como «testimonios» que plantean la cuestión de su verdadera identidad: «¿Quién es este?». De manera explícita o implícita, esta pregunta está presente a lo largo de todo el evangelio según san Marcos, instando a dar una respuesta personal.
Más sorprendente aún es la orden de guardar silencio que Jesús impone al leproso. Semejantes órdenes se encuentran con frecuencia en el evangelio según san Marcos. El entusiasmo suscitado por las obras de Jesús sigue siendo ambiguo mientras no se sigan sus pasos hasta el Calvario. Paradójicamente, sólo entonces se puede decir con toda verdad: «Realmente este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). La iniciación cristiana debe ser progresiva y conducir, sin quemar etapas, hasta este reconocimiento, Cristo es el modelo a seguir en todo: en la educación de la fe y en el modo de comportarse en la vida diaria, «todo para gloria de Dios».

PRIMERA LECTURA

La intervención de los sacerdotes en relación con la lepra tenía una doble finalidad: poner a los enfermos a salvo de diagnósticos erróneos o malintencionados y velar por el cumplimiento de las normas impuestas paro el bien común de la población.

El leproso tendrá su morada fuera del campamento.

Lectura del libro del Levítico 13, 1-2. 44-46

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
- «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.
El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

Palabra de Dios.

SALMO

Oración confiada al Señor: él no oculta su rostro a quienes lo invocan; está o su lado en todo momento.

Salmo 31, 1-2. 5. 11 (J.: cf. 7)

R
Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R

SEGUNDA LECTURA

La casuística considera «casos de conciencia» particulares. San Pablo, por su parte, propone un doble principio que hay que tener siempre en cuenta, en todas las situaciones que se presenten: «hacerlo todo para gloria de Dios» y guardarse de lo que pueda escandalizar a los hermanos, o ser para los demás obstáculo en el camino de la fe.

Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10,31-11,1

Hermanos:
Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.
No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven.
Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 7,16

Aleluya. Aleluya.
Acerquémonos confiadamente
al que quiere limpiarnos. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Esta conclusión de la presentación general del ministerio de Jesús llama la atención sobre lo que la continuación del relato evangélico pondrá de manifiesto de manera cada vez más clara: la palabra de Jesús tiene una eficacia soberana; su misericordia restituye en la comunión del pueblo de Dios y per mite participar de nuevo en el culto; las curaciones dan testimonio de su identidad. Lo que él espera es una fe profunda y meditada, no un entusiasmo superficial y pasajero.

La lepra se le quitó, y quedó limpio.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
- «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo:
- «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
- «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra de Dios.



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lunes, 2 de febrero de 2015

08/02/2015 - 5º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo Tiempo ordinario (B)


Cada vez más lejos, siempre más allá. Es urgente sembrar la Palabra en todos los lugares, sin detenerse para ver si la semilla germina o no, si la cosecha se anuncia abundante, sin detenerse por el entusiasmo espontáneo de los primeros oyentes. Otros están esperando. Todo debe hacerse «por el Evangelio», y no para sacar provecho personal, ni siquiera el de la satisfacción del deber cumplido. Hay que retirarse regularmente a la soledad para orar: sólo en Dios está el consuelo que no defrauda, la recompensa por encima de todo mérito, prometida a los que cumplen con su misión.
San Marcos no argumenta para inculcar las exigencias del Evangelio. Muestra a Jesús actuando y formando a los que, después de él, habrán de continuar su misión; «en el tajo», corno se diría hoy, conduciéndolos sin descanso por los caminos de Galilea. Para eso «salió» del Padre y «vino» al mundo (Jn 16,28), como dijo a sus discípulos en el momento de dejarlos. Ellos no lo olvidaron. Un día «saldrán» de Jerusalén para ir a proclamar el mensaje de la salvación a las naciones lejanas. San Pablo, por su parte, ha renunciado a todo, incluso a las cosas más legítimas, para consagrarse sin trabas a su misión: siendo libre, «se ha hecho esclavo de todos».
Jesús dedicó una parte notable de su tiempo a los enfermos y a los atormentados por «los demonios». Se los presentaban en gran número y él los curaba a todos sin distinción. Dios no soporta ver sufrir a sus criaturas. Aquí está, sin ninguna duda, la única respuesta segura a la angustiosa cuestión del sufrimiento humano, especialmente el sufrimiento de los inocentes y los justos. La cuestión que plantea el libro de Job sin llegar a darle una solución convincente. Tampoco el evangelio da una respuesta tajante. Dice que Jesús curó a muchos enfermos y, sobre todo, que, cargando sobre sí todos los sufrimientos del mundo, los redimió. Con todo, esta convicción no atenúa el peso, a veces insoportable, del sufrimiento y el dolor; pero, eso sí, nos asegura que Dios hará que las pruebas redunden en bien de quien las sufre.
La liturgia de este domingo nos pone en presencia de dos misterios: el de la misión y el anuncio del Evangelio, y el del mal. «Recuerda, Señor...».

PRIMERA LECTURA

¿Por qué el sufrimiento? Este es el tema del libro de Job. A esta cuestión no se puede responder de manera rotunda, ni tampoco usando palabras bonitas que invoquen la voluntad de Dios o prediquen la resignación. En lo más hondo de su angustia, ante la cual las palabras de sus amigos no le aportan ningún consuelo, Job se vuelve a Dios, esperando contra toda esperanza que alguien lo saque de la fosa en la que yace deshecho.

Mis días se consumen sin esperanza.

Lectura del libro de Job 7,1-4.6-7

Habló Job, diciendo:
«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario.
Mi herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.
Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza.  Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.»

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias al Señor que viene en auxilio de nuestras debilidades y cura nuestras heridas.

Salmo 146, 1-2. 3-4. 5-6

R
Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.

Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel. R

Él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre. R

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los malvados. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo ha elegido el celibato para dedicarse por completo a «los asuntos del Señor» (lectura del domingo pasado). Asimismo, ha renunciado a ser una carga para nadie, haciéndose «todo a todos». No podía actuar de otra manera para responder a la llamada del Señor tal como él la ha oído y acogido personalmente. A nadie le impone su propia elección. Pero, cualquiera que sea su vocación, todos deben entregarse sin reservas al Evangelio para participar ellos también de sus bienes.

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22-23

Hermanos:
El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.
Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos.
Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 8,17

Aleluya. Aleluya.
Cristo, médico de los cuerpos y de los corazones afligidos.
Buena Noticia de salvación. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Cristo tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades. Aleluya.

EVANGELIO

Segunda parte de la jornada inaugural del ministerio de Jesús, un sábado. Tras la enseñanza en la sinagoga, descanso sabático en casa de Pedro. Su suegra está enferma en la cama; Jesús la levanta de nuevo. El sábado llega a su fin; él se retira para orar Los discípulos se apresuran a sacar provecho del entusiasmo popular El se los lleva «a Otra parte» por los caminos de Galilea, predicando la Buena Noticia y «expulsando los demonios». La lectura de un relato tan ágil nos invita a seguir a Jesús, apremiado por la urgencia de la misión, de la que no lo apartan las necesarias pausas para la oración.

Curó a muchos enfermos de diversos males

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:  - «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió:  - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»  Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra de Dios.



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sábado, 31 de enero de 2015

02/02/2015 - La Presentación del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Presentación del Señor (B)


La fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, al igual que otras fiestas que recuerdan algún misterio de la vida de Cristo, localizado en un santuario determinado, tuvo su origen en Jerusalén, donde existen testimonios que remontan esta costumbre al siglo IV, que se ceñía rigurosamente a lo que dice el evangelio. Cuando esta fiesta se extendió por Siria en el siglo VI, se le dio en Constantinopla el nombre de «Encuentro» (Hypapantè, en griego). Al pasar a Occidente en la segunda mitad del siglo VI, se celebrará, como sigue siendo todavía hoy, cuarenta días después de la Natividad del Señor, o sea, el 2 de febrero. Más tarde, hacia el año 750, en las Galias tomó el nombre de «Purificación de la Virgen María», nombre que conservó hasta 1969. En Roma, donde la misa tenía lugar al alba, el papa Sergio 1(687-701) hizo que a la misa le precediera una procesión en la que todos llevaban un cirio; de ahí el nombre popular de «la Candelaria». Con su denominación actual de «Presentación del Señor en el templo», recobró su orientación inicial de celebración vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.
Desde su nacimiento, Jesús es el mensajero de la Buena Noticia, de la salvación anunciada en repetidas ocasiones por los profetas, enviados a preparar los corazones para su venida. El, el Hijo de Dios, quiso ser totalmente solidario con los hombres, sometiéndose como ellos a la ley y a todas las limitaciones de la vida humana. Pasó por las diversas etapas del crecimiento humano, bajo la autoridad de sus padres, educado por ellos en la sabiduría y la gracia de Dios que lo acompañaban. Conoció en su propia carne las pruebas de la condición humana, incluida la muerte. Dios verdadero y hombre verdadero, es el sumo sacerdote que libera a los hombres del pecado y se compadece de sus sufrimientos, cuya dureza experimentó.
Él, que es la luz del mundo, no se impone a nadie. Cada cual tiene personalmente la posibilidad y la responsabilidad de acogerlo o de rechazarlo. «Marchemos en paz al encuentro del Señor», proclama la liturgia. «Congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria».

PRIMERA LECTURA

A una comunidad cansada de esperar el “día del Señor”, anunciado en múltiples ocasiones por los profetas, pero que no acaba de llegar, Malaquías, el último de lista de los profetas escritores, le anuncia dos venidas: la de un mensajero como él, encargado de preparar al pueblo de Dios para el encuentro con su Señor, y la venida del Señor mismo “a su Templo”. Estas dos venidas terminaros por confundirse. Al entrar en el templo. Cristo inaugura el tiempo de la purificación decisiva del sacerdocio y del pueblo entero, el del culto en espíritu y verdad.

Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Lectura de la profecía de Malaquías 3,1-4

Así dice el Señor: "Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos."

Palabra de Dios.

SALMO

Que la Iglesia abra de par en par sus puertas para recibir al que viene.

Salmo 23, 7. 8. 9- 10 (R.: 10bc)

R
El Señor, Dios de los ejércitos,
 es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.

SEGUNDA LECTURA

Los sacerdotes no pueden ser más que intermediarios entre Dios y los hombres y entre los hombres y Dios, “pontífices”, “constructores de puentes”. Por el contrario, en Jesucristo, Dios y el hombre están indisolublemente unidos en una misma persona, sin intermediarios de ningún tipo. Él es el único sacerdote perfecto, el Mediador personal entre Dios y los hombres, el Salvador de todos.

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos

Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 2,32

Aleluya. Aleluya.
Éste es el Hijo que trae la salvación y el consuelo.
Por él quedará clara
la actitud de muchos corazones. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús es presentado en el templo, por sus padres, de acuerdo con las prescripciones de la Ley (Ex 13, 1-2. 15). Pero en realidad, es el último mensajero de Dios que viene a su Templo, como reconoce proféticamente el anciano Simeón, representante de todos “los hombres justos y piadosos que aguardan el consuelo de Israel”. En el Espíritu Santo, discierne que este niño, aparentemente igual que todos los demás, es aquel a quien anunciaros los profetas, bandera discutida, pero también primogénito de una multitud de rescatados, “luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel”. María, modelo de los creyentes, va a sufrir más que nadie, en lo profundo de su ser, en su corazón, viendo que muchos rechazarán esta luz. Al canto de alabanza y a la alegría de Simeón se une una mujer, también ella anciana, que se convierte en la primera mensajera de la buena noticia de la venida del Salvador, como otras mujeres lo serán de la resurrección. Así, lo que a primera vista parecía simple relato de un episodio de la infancia de Cristo, se revela como una emotiva introducción al misterio de la salvación realizada en Jesús. “Dios salva”, al evangelio según san Lucas y al libro de los Hechos de los apóstoles.

Mis ojos han visto a tu Salvador.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." [Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

Palabra de Dios.



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