lunes, 15 de diciembre de 2014

21/12/2014 - 4º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Adviento (B)


En este cuarto domingo de Adviento, la Iglesia, las comunidades cristianas y cada uno de los cristianos en particular son invitados a reavivar, en el recogimiento, la contemplación y la acción de gracias, la conciencia de «lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo» (Ef 3.18) del misterio del nacimiento del Señor. Un «misterio» que el Dios eterno había «mantenido en secreto durante siglos eternos», un proyecto que abrigaba en su corazón. Nadie hubiera podido nunca averiguarlo, ni siquiera sospecharlo, a pesar de las promesas reiteradas sin cesar por los profetas, que mantenían viva en los hombres la esperanza de la salvación.
Se recordaba especialmente el oráculo que el profeta había dirigido a David, y cuya tradición forjó una imagen prestigiosa del mesías esperado. Al rey que, movido por su piedad, quería construirle un templo, el Señor le prometió una casa y un reino que «durarán por siempre». De manera inmediata se trataba de la seguridad de largos años de prosperidad y de paz para el pueblo. Pero la solemnidad de este anuncio de una intervención personal de Dios hacía presentir una iniciativa divina de un orden totalmente distinto, que concernía a la salvación. Pero ese seguía siendo el «secreto» de Dios.
Finalmente lo reveló cuando se cumplió el tiempo que sabiamente había fijado. A la luz de la venida del Señor se desvela la plenitud de sentido y el alcance de este oráculo y de todos los demás. Al mismo tiempo estos ayudan a comprender que «para Dios nada hay imposible», que su gracia supera infinitamente todas nuestras esperanzas, y que su omnipotencia se manifiesta en la fidelidad.
No es a un rey a quien Dios elige para realizar su maravilloso designio oculto desde todos los siglos, sino a una humilde joven, una virgen de la desconocida aldea de Nazaret. Y le envía, no un profeta, sino su ángel, para transmitirle el mensaje más extraordinario: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre». Y María se limita a contestar: «Aquí está la esclava del Señor».
El mayor de los misterios se realiza con la mayor sencillez. «A Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos!».

PRIMERA LECTURA

David quería construir una casa de piedra que fuera morada de la presencia del Señor. Pero Dios tenía otro proyecto, muy superior, para la «casa» del rey: le «dará una dinastía» y su trono «permanecerá por siempre». Esta promesa de in hijo de David fuera de lo común, dócil a Dios, que será «para él padre», reaviva y mantiene la esperanza de un mesías salvador. Los ángeles anunciarán la Buena Noticia de su nacimiento a los pastores de Belén.

El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor.

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16

Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
- «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey:
«Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
«Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?
Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.
Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Palabra de Dios.

SALMO

Al repetir las palabras de la promesa hecha a David, la Iglesia proclama safe en Jesús, Hijo del eterno Padre. 

Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (cf. 2a)

R
Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije:
«Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R

«Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
"Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades."» R

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R

SEGUNDA LECTURA

En pocas líneas se hace un esbozo sugestivo del designio de la salvación, «mantenido en secreto durante siglos eternos», «revelado» de manera progresiva por los profetas, y «manifestado ahora» y «dado a conocer por decreto del Dios eterno para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe».

El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16,25-27

Hermanos:
Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,38

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo, Hijo del Altísimo,
concebido por obra del Espíritu Santo,
nacido de la Virgen María. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Aquí está la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra. Aleluya.

EVANGELIO

El relato de la experiencia inefable vivida por María, la «llena de gracia», expresa la fe de la Iglesia desde los tiempos apostólicos. La redacción está entretejida de reminiscencias bíblicas, mostrando cómo el nacimiento de Jesús da cumplimiento a los escritos de los profetas.

Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel:
- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó:
- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.

Palabra de Dios  



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lunes, 8 de diciembre de 2014

14/12/2014 - 3º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Adviento (B)


Las iniciativas y empresas insólitas de los santos, los fundadores y los reformadores, las predicaciones novedosas, han de someterse a la prueba de un serio discernimiento. La manera como el interesado habla de sí mismo resulta a menudo decisiva.
«Yo no soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Yo vengo a preparar el camino de quien puede más que yo, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia». Estas palabras de una sencillez y una humildad sinceras, esta clara conciencia del carácter subordinado de su misión, hacen de Juan Bautista modelo de precursores, de predicadores y testigos del Señor, de la Iglesia misma, mensajera de la Buena Noticia. Su misión consiste en mostrar al que viene, y abrir caminos para que todos tengan la posibilidad de encontrarse personalmente con él, sin pretender nunca usurpar ni dar la impresión de ocupar su lugar. Y esa es también su grandeza.
Sólo Jesús pudo apropiarse legítimamente del oráculo de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido y me ha envuelto en un manto de triunfo». Sólo él es personalmente, y excluyendo a todos los demás, y a toda institución, la Buena Noticia, el Evangelio (Mc 1,1), el Salvador.
Hoy como ayer, acogiendo a los verdaderos profetas y a los auténticos enviados de aquel sobre quien reposa el Espíritu; dando pruebas de discernimiento, nunca de escepticismo; apartándose de todo lo que lleva las huellas del mal y la mentira, es como uno se prepara para encontrarse con el Señor y acogerlo.
El Adviento es una parábola del tiempo presente, en el que esperamos con alegría y humildad la hora de la gran cita con el que distribuye todos los bienes con infinita generosidad, y a menudo de manera imprevisible. Es el tiempo del gozo espiritual, en el que se camina con la mirada hacia adelante; el tiempo en el que nos despertamos para Dios abriéndole el corazón. Es el tiempo, en fin, de la plegaria y la oración para que venga el reino de Dios.
Te alabamos, Padre santo, porque «compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; y por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación» (Plegaria eucarística IV).

PRIMERA LECTURA

El profeta habla de un enviado de Dios sobre quien reposa el Espíritu del Señor para inaugurar una era de gracia y llevar la Buena Noticia a los pobres. Jesús proclamará en la sinagoga de Nazaret: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,16-21).

Desbordo de gozo con el Señor.

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.
Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios.

SALMO

El magníficat recapitula y expresa la fe y la esperanza de todos los pobres para quienes el Señor viene.

Salmo Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54(R.: Is 61, 10 b)

R
Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación. R

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí, en pocas palabras, todo un programa para el Adviento: docilidad al Espíritu, confianza en las promesas de Dios, deseos de hacer el bien y oración a la espera del Señor.

Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Hermanos:
Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.
No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.
Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
que con su presencia llenará de alegría
a los testigos de su venida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar
el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Para el cuarto evangelio, el de Juan, el Precursor es el gran testigo de Cristo. ¿Cuál es su papel? Preparar a los que aguardan al Mesías para que lo descubran presente en medio de ellos. Como «amigo del esposo», desaparece ante su presencia (Jn 3,2 9-30); como «lámpara» que alumbra en la noche, guía y alegra (Jn 5,35) a todos los que buscan a Dios.

En medio de vosotros hay uno que no conocéis.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué ? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta ?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra de Dios.



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miércoles, 3 de diciembre de 2014

08/12/2014 - La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen (B)


Cuando el 25 de marzo de 1858 la «Señora» que se le aparecía a Bernardita Soubirous le dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción», la joven vidente de Lourdes no entendió el sentido de aquellas palabras. El dogma de la Inmaculada Concepción había sido definido hacía poco (el 8 de diciembre de 1854) por el papa Pío IX.
Por otro lado, la forma de expresarlo puede prestarse a confusión: hay quienes piensan que se refiere a la concepción virginal de Jesús. En realidad se trata de afirmar que María fue preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su existencia. La Iglesia ha proclamado siempre la santidad sin igual de la Virgen, la «llena de gracia», a quien el Altísimo cubrió con su sombra. Ella, perfecta «esclava del Señor», intachable en su fidelidad a la palabra de Dios, es «bendita entre las mujeres». Estos datos explícitos del evangelio según san Lucas (Lc 1,28-42) constituyen la base de la veneración con que la fe cristiana ha rodeado a María, la santísima Madre de Dios. Tres calendarios litúrgicos del siglo IX mencionan en Irlanda una fiesta de la «Concepción de María», el 2 o el 3 de mayo. Su contenido es incierto, por falta de textos litúrgicos. En el siglo XII los monasterios benedictinos de Inglaterra la celebraban el 8 de diciembre. De allí pasa a Normandía, luego a Lyon, más tarde a Bélgica, España, Italia, Francia y a algunos monasterios de Alemania. Pero teólogos de primera línea, como san Agustín (354-430) y santo Tomás (1228-1274), se muestran reticentes. El mismo san Bernardo (1091- 1153), a pesar de su gran devoción mariana, critica la legitimidad de la fiesta recientemente instaurada. «,Cómo —pensaban— se puede conciliar tal privilegio con la innegable necesidad que todos los humanos tienen de la redención realizada por Cristo?». Roma se esforzaba en aplacar las controversias, pero sin tomar partido. Sin embargo, el papa Alejandro VII (1655-1667) se comprometió más claramente publicando el 8 de diciembre de 1661 una bula pontificia en la que declaraba a María inmaculada desde su concepción, «en virtud de los méritos de Jesucristo, su hijo, redentor del género humano».
Al celebrar la Inmaculada Concepción de María, la Iglesia da gracias a Dios, cuyo poder redentor no tiene límites.

PRIMERA LECTURA

En forma de relato popular se nos ofrece una enseñanza muy profunda y de notable finura sobre el misterio del pecado y su entrada en el corazón de la criatura hecha a imagen de Dios. Nada puede apartar al Señor de su primera intención. La Buena Noticia de la salvación es tan antigua como la caída. Una mujer estará, por su descendencia, en el origen de la victoria definitiva del bien sobre el mal. La tradición cristiana ha Visto en esta nueva «madre de todos los que viven» a la Virgen María, madre del Salvador.

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer.

Lectura del libro del Génesis 3,9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:
- ¿Dónde estás?
Él contestó:
- Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí.
El Señor le replicó:
- ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?
Adán respondió:
- La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.
El Señor dijo a la mujer:
- ¿Qué es lo que has hecho?
Ella respondió:
- La serpiente me engañó, y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
- Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios

SALMO

La Iglesia da gracias a Dios por su «victoria» sobre el pecado y por la «fideli-
dad» de su misericordia con todas las criaturas.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4

R
Cantad al Señor un cántico nuevo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que san Pablo dice de cada uno de nosotros se aplica deforma eminente a la Virgen María, la «llena de gracia», la Madre, «bendita entre las mujeres», de aquel por quien nos llega toda clase de bendiciones para gloria del Padre.

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,3-6. 11-12

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por su medio hemos heredado también nosotros.
A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.
Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,28

Aleluya. Aleluya.
Que María, la esclava del Señor
nos enseñe a acoger la Palabra
y a guardarla en el corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Alégrate, María, llena de gracia,
el Señor está contigo;
bendita tú eres entre las mujeres. Aleluya.

EVANGELIO

«Llena de gracia», investida por el poder del Altísimo, «esclava del Señor», perfectamente dócil a la Palabra, disponible sin reservas a la voluntad de Dios sobre ella: la Virgen María es la única criatura de la que se puede hablar así basándose en la autoridad del Evangelio. Pero es a Dios y a Cristo a quienes se eleva la adoración y la acción de gracias de la asamblea cristiana, que contempla en María a la primera entre todos los redimidos, imagen de la Iglesia, que el Señor quiere «gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada» (Ef 5.27).

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?
El ángel le contestó:
- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

Palabra de Dios.



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lunes, 1 de diciembre de 2014

07/12/2014 - 2º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Adviento (B)


«Mirad al heraldo de la Buena Noticia que precede al Señor que viene», gritaron a menudo los profetas. Mirad: finalmente, llega el Precursor. No lleva las insignias brillantes propias de un embajador. va vestido con la librea austera de los profetas, porque es en el desierto donde aparece. Su nombre es Juan.
Como algunos de sus antecesores, va repitiendo con voz fuerte: «Preparad el camino del Señor; allanad sus senderos». Su predicación atrae a un gran número de gente, pues proclama la manifestación inminente del que «puede más» que él: «Yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias». Se han acabado ya todos los ritos de purificación. El bautismo de penitencia que administraba el Precursor en las aguas del Jordán exigía una verdadera conversión del comportamiento y del corazón. Otro habría de venir que bautizaría con Espíritu Santo.
Aquel a quien el Bautista anunciaba sin nombrarlo y sin conocerlo todavía es Jesús. El mismo, al comienzo de su ministerio, retorna con una autoridad nueva el mensaje del Precursor: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio, en la Buena Noticia» (Mc 1,15).
De regreso a la derecha del Padre, Jesús sigue siempre presente en medio de nosotros. Cada día, de múltiples maneras, y en particular por medio de los «signos» eficaces de la liturgia y de los sacramentos, nos hace partícipes de «los frutos de su victoria» pascual. Pero no por eso dejamos de estar todavía en tiempo de Adviento: «Confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia». La necesidad de convertirnos es más apremiante que nunca, para que Cristo, el día de su venida, nos «encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables». Pero es necesario que sigamos escuchando la llamada a la conversión y el anuncio de la venida del Señor.
La Iglesia y el mundo necesitan siempre profetas-precursores semejantes a Juan Bautista. Conscientes de su misión, pero con una humildad ejemplar, no hacen ni dicen nada que pueda atraer hacia sí las miradas que intentan dirigir hacia aquel ante quien ellos mismos pretenden desaparecer. Allí donde se oye su voz, sin agresividad ni arrogancia, se abre el camino del Señor.

PRIMERA LECTURA

Dios nunca abandona a los suyos cuando se alejan por la infidelidad. Los purifica y, como en los tiempos del éxodo, viene a ponerse él mismo a la cabeza de su pueblo reunido. Ese día no puede estar lejano. Con la fuerza que nos da esta certeza, preparemos con alegría el camino del Señor.

Preparadle un camino al Señor.

Lectura del libro del profeta Isaías 40,1-5. 9-11

Consolad, consolad a mi pueblo,
dice vuestro Dios;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle: que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.
Una voz grita en el desierto:
preparadle un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que los montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres juntos
-ha hablado la boca del Señor-.
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión;
alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad: el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres».

Palabra de Dios.

SALMO

Dios abandona su silencio; desciende para instaurar la justicia y la paz, para hacer brotar la fidelidad en una tierra árida y estéril. ¡Es una cita maravillosa, a la que no podemos faltar!

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (8)

R
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra. R

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo. R

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R

SEGUNDA LECTURA

El tiempo, que todo lo desgasto, amenaza con ir erosionando también la confianza en Dios. El ha prometido volver: ¿se le ha olvidado, o es que viene con retraso? Ni lo uno ni lo otro. Espera pacientemente para que al final todos puedan llegar: los que avanzan lentamente por el camino y los que aún no se han decidido a ponerse en ruta.

Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 3,8-14

Queridos hermanos:
No perdáis de vista una cosa: para el Señor un día es como mil años y mil años como un día.
El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos.
Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.
El día del Señor llegará como un ladrón.
Entonces el cielo desaparecerá con gran estrépito; los elementos se desintegrarán abrasados y la tierra con todas sus obras se consumirá.
Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida!
Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos consumidos por el fuego y se derretirán los elementos.
Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia.
Por tanto, queridos hermanos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con Él, inmaculados e irreprochables.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,4.6

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
Buena Noticia de salvación,
que viene por el poder del Espíritu. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos.
Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

En el desierto, lugar tradicional de la revelación divina, Juan proclamo la próxima venida del que bautizará con Espíritu Santo. Se trata ciertamente del «comienzo del Evangelio». Jesús es «la Buena Noticia de la salvación».

Preparad el camino al Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías:
- Yo envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto:
«Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos».
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Palabra de Dios.



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lunes, 24 de noviembre de 2014

30/11/2014 - 1º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Adviento (B)


Después de crear el cielo y la tierra con todo lo que contienen, Dios creó «a su imagen» al hombre y a la mujer. Y les encomendó la obra de sus manos. Caminando en esta tierra hacia una comunión cada vez más profunda con él, debían un día compartir eternamente su misma vida.
El pecado no logró que el Creador cambiara este primer proyecto suyo. Prometió la salvación a la descendencia de Adán y Eva; es lo que se conoce como el «protoevangelio», anunciado por Dios mismo desde el primer momento. Para cumplir su promesa, eligió a un pueblo al que se fue revelando progresivamente como el Todopoderoso, el único capaz de volver a poner a la humanidad en el camino de la vida. No obstante, a veces parecía que Dios olvidaba sus compromisos. En realidad, lo que hacía era ocultar su rostro para que los suyos reconocieran sus errores y volvieran a él. Para exhortarlos y animarlos a ello envió a sus profetas. Estos, como Isaías, suplicaban al Señor: «Vuélvete, por amor a tus siervos!»; «Tú, Señor, eres nuestro padre»; «Somos todos obra de tu mano». Confiando en la fidelidad de Dios y seguros de que sus oraciones serían escuchadas, aclamaron anticipadamente el día de la redención: «Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia»; «Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él».
Esta confianza es aún más viva hoy, a la espera de la manifestación definitiva de nuestro Señor Jesucristo. Vivimos en el tiempo de la larga paciencia de Dios. Él sabe que nada llega a la madurez a golpe de milagros. A cada uno le deja el tiempo necesario para decidirse, con conocimiento de causa, a emprender el camino de la salvación,
Es el tiempo de la esperanza de los hombres y de la creación entera, El tiempo de la espera valiente, una virtud tal vez más difícil de practicar hoy, con la tendencia a quererlo todo enseguida, a hacer planes a corto o, en el mejor de los casos, a medio plazo. Es necesario apoyarse en Cristo, por quien hemos sido «enriquecidos en todo», y en la fe en Dios, que es fiel y «nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo».
La ausencia del Señor es temporal. Lejos de desesperarse o de dormirse, cada uno tiene que velar en el trabajo que le ha sido asignado y en la oración común.

PRIMERA LECTURA

«Por qué duermes, Señor?» (Sal 43,24); «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Sal 21,2); «,¿Por qué?, ¿por qué?»: hay días en los que uno no es capaz de decir más que eso. ¡Y no hay respuesta! Sin embargo, Dios no se olvida. «Los cielos se rasgaron» el día del bautismo de Jesús. El viene al encuentro de todos los que se vuelven a él, justos y pecadores.

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre,
tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos
y endureces nuestro corazón para que no te temamos?
Vuélvete por amor a tus siervos
y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,
derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia.
Jamás oído oyó ni ojo vio
un Dios, fuera de ti,
que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia
y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos:
aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros,
nuestra justicia era un paño manchado;
todos nos marchitábamos como follaje,
nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre
ni se esforzaba por aferrarse a ti;
pues nos ocultabas tu rostro
y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero:
somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor,
no recuerdes siempre nuestra culpa:
mira que somos tu pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios nos modele, nos visite, nos guíe y nos restaure, y tendremos vida.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4)

R
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder
y ven a salvarnos. R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate;
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti: danos vida,
para que invoquemos tu nombre. R

SEGUNDA LECTURA

Sin la ayuda de Dios es imposible «mantenerse firmes hasta el final», hasta el día de la venida de Cristo, sea cual sea nuestro valor, nuestra fuerza de ánimo, nuestra capacidad de aguante en las pruebas, nuestra determinación.

Aguardemos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9

Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.
En mi Acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús.
Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo Señor nuestro.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y Él es fiel!

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
por quien hemos sido enriquecidos en todo:
en el hablar y en el saber. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie sabe cuándo volverá Cristo. Hay que permanecer alerta, conscientes del peso de eternidad de todo adviento, de cada instante que se nos concede.

Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!

Palabra de Dios.



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lunes, 17 de noviembre de 2014

23/11/2014 - 34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)


Para entender correctamente este título de Cristo hay que remitirse a la tradición bíblica de Dios rey-pastor. Dios vela con un cuidado especial por los pequeños y los débiles, «sus ovejas», abrumados por las asperezas de la vida, víctimas inocentes e indefensas de la opresión en todas sus formas. El es su legítimo defensor. Jesús no dejó nunca de proclamarlo con palabras y obras. Los pobres acogieron con entusiasmo la predicación de este hombre que no era como los demás, que se ponía de su parte, solidarizándose con las condiciones de su existencia, cuya injusticia denunciaba. Por el contrario, los ricos, los que estaban acomodados en el orden establecido, con sus injusticias, y no dudaban, incluso, en sacar provecho personal de la situación, vieron en él actitudes subversivas intolerables. En realidad, Jesús, el enviado del Padre, vino a restaurar el orden destruido por el pecado, a hacer triunfar el bien sobre el mal, la vida sobre la muerte. El es el Rey del universo querido por Dios.
Su realeza es la ternura y la misericordia infinita de Dios. A menudo oscurecida y escarnecida en este mundo, puesta en duda ante tanta dureza y odio como tienen que padecer los débiles, se revelará a plena luz a los ojos de todos cuando Cristo vuelva. Aquel a quien los garantes del desorden establecido creyeron vencer clavándolo en el patíbulo de los malhechores aparecerá un día en la gloria. Asociará a ella a todos los que, aun sin saberlo, hayan obrado como él. Proclamará entonces ante las naciones congregadas en su presencia que su lucha, a menudo oscura y aparentemente inútil, no ha sido yana. Cristo, que «resucitó de entre los muertos: el primero de todos», vencedor de las fuerzas del mal y de la muerte, los introducirá en el «reino preparado para ellos desde la creación del mundo». Incluso los que han luchado a su lado sin conocerlo serán recibidos como «benditos de su Padre».
La celebración de Cristo, Rey del universo, nos invita a tomarnos en serio las realidades y las luchas terrenas. Trabajar por una mayor justicia en este mundo adelanta la venida del Reino, cuyos fundamentos ha puesto el Señor para gloria del Padre. La solidaridad con los que tienen hambre y sed, los extranjeros, los desprovistos de todo, es el criterio cierto de la solidaridad con Cristo, Rey del universo.

PRIMERA LECTURA

La ternura infinita de Dios es la otra cara de su autoridad soberana, de su omnipotencia. Como buen pastor, tiene en cuenta las necesidades y la personalidad de cada uno. Y presta una atención muy especial a los más débiles. Pero no hay que olvidar que el Dios pastor es también el Juez que separará a los buenos de los malos.

A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-
Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.
Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Palabra de Dios.

SALMO

Si Dios está conmigo, nada he de temer. Él «me guía por el sendero justo», me libra de todo mal y de la muerte.

Salmo 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1)

R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA

Una grandiosa visión de la realeza de Cristo y de la salvación que ha llevado a cabo. En el origen de todo está la iniciativa del Padre; como el mismo Cristo, la creación entera debe reconocerlo. Por pertenecer a la estirpe de Adán, todos nosotros somos mortales. Pero la muerte, que no pudo someter a Cristo, ha sido vencida por el nuevo Adán, que ha recibido del Padre poder para transmitir la vida.

Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo.
Y así Dios lo será todo para todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mc 11, 9b-10a

Aleluya. Aleluya.
Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega,
el de nuestro padre David. Aleluya.

EVANGELIO

Cristo, Rey del universo, se identifica con los más indefensos. Su regreso supondrá su manifestación a «todas las naciones reunidas ante él». E introducirá en su Reino a los que, aun sin saberlo, hayan luchado en el mismo combate que él. El itinerario de este año litúrgico, recorrido bajo la guía de san Mateo, acaba así con el recuerdo de lo que el evangelista no ha dejado de inculcarnos en ningún momento: seremos juzgados por nuestras obras, por nuestro amor manifestado y concretado en obras, y no por las simples palabras, aunque sean ardientes declaraciones de fe.

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo,' dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:  "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra de Dios.



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