lunes, 27 de octubre de 2014

2/11/2014 - Conmemoración de todos los fieles difuntos (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Conmemoración de todos los fieles difuntos (A)


Recordar a los familiares y amigos desaparecidos, a las personas cuya vida, obras e influencia nos han marcado, llegando incluso a darles culto, es la cosa más difundida y natural del mundo. Monumentos funerarios y conmemorativos, y hoy fotografías colocadas en lugares destacados de las casas, dan abundante testimonio de ello. Pero para los cristianos, el recuerdo de los muertos va acompañado de la oración de intercesión por «todos los difuntos, cuya fe sólo Dios conoce». Así es como, desde la segunda mitad del siglo II, se encuentran testimonios de oración litúrgica por los difuntos en el norte de África. A partir del siglo IV los testimonios son abundantes. Sin embargo, no será hasta bastante más tarde, por iniciativa de san Odilón, abad de Cluny (994-1049), cuando se instaure y fije el día 2 de noviembre la Conmemoración de todos los fieles difuntos. El santo abad ordenó que se celebrara en todos los monasterios de la orden, lo que tuvo lugar por primera vez el 2 de noviembre del año 998. Desde allí se difundió muy rápidamente por toda la Iglesia latina.
Silos creyentes tienen hacia los difuntos los mismos sentimientos que cualquier otra persona, también se ven igualmente asaltados por los mismos interrogantes, múltiples y angustiosos, a propósito de la muerte. Efectivamente, la fe no deja insensible ante la perspectiva del final de toda vida terrena. Para ellos, como para todos los demás, es algo incomprensible. Aunque uno pueda asumir su propia muerte, puesto que es inevitable, no deja de resultar escandalosa cuando se trata de seres que acaban de nacer a la vida, de niños, hombres y mujeres que parecen tener un largo futuro por delante, en quienes se habían puesto grandes esperanzas, víctimas inocentes de estúpidos accidentes o de una violencia gratuita. «¿,Por qué, Señor?», dicen entonces los creyentes con un grito de fe, en el que se mezclan las lágrimas y la indignación. «Padre, ¿por qué me has abandonado?», gemía Jesús en la cruz. El cielo permanece mudo. Pero «Cristo ha resucitado de entre los muertos; y, con él, también nosotros resucitaremos». Sólo esta certeza puede darnos la fuerza necesaria para decir en medio de la noche más profunda: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

PRIMERA LECTURA

Esta primera lectura es del Libro de las Lamentaciones y nos presenta, precisamente, el lamento de quien espera ya, en silencio la salvación del Señor, aunque no hurta explicar su desánimo. Es un texto duro, sin duda.

Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor.

Lectura del libro de las Lamentaciones 3,17-26

Me han arrancado la paz
y ni me acuerdo de la dicha;
me digo: se me acabaron las fuerzas
y mi esperanza en el Señor.
Fíjate en mi aflicción y en mi amargura,
en la hiel que me envenena;
no hago más que pensar en ello
y estoy abatido.
Pero hay algo que traigo a la memoria
y me da esperanza:
que la misericordia del Señor no termina
y no se acaba su compasión;
antes bien se renuevan cada mañana.
¡Qué grande es tu fidelidad!
«El Señor es mi lote», me digo,
y espero en él.
El Señor es bueno para los que en él esperan
y lo buscan;
es bueno esperar en silencio
la salvación del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Gritar a Dios es esperar. Confesar el propio pecado es creer en el perdón. En medio de las tinieblas que nos rodean, brillan ya los primeros resplandores de la Pascua de Cristo.

Salmo 129, 1-2. 3-4ab. 4c-6. 7-8

R
Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor:
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón
y así infundes respeto. R

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora. R

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R

SEGUNDA LECTURA

Por Jesucristo y en él, se cumplen todas las promesas de Dios. El hombre “ha muerto al pecado” en la cruz del Hijo de Dios, cabeza de la nueva humanidad. Y “vive para Dios” desde el día en que el Señor, primogénito de entre los muertos, subió a los cielos, donde reina para siempre junto al Padre. Este paso de la muerte del pecado a la vida divina, se efectúa en cada uno de nosotros en el momento del bautismo, prenda de la vida eterna hacia la cual, desde este momento, podemos y debemos progresar día tras día.

Andemos en una vida.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6,3-9

Hermanos:
Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte.
Por el Bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
[Porque, si nuestra existencia está unida a él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya.
Comprendamos que nuestra vieja condición ha sido crucificada con Cristo, quedando destruida nuestra personalidad de pecadores y nosotros libres de la esclavitud al pecado; porque el que muere ha quedado absuelto del pecado.]
Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a.26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor;
el que cree en mi no morirá jamás.

EVANGELIO

Las preguntas algo ingenuas de Tomás, en la que muchos pueden reconocerse, son ocasión para aclarar unos cuantos puntos fundamentales. Jesús en persona es el camino, y la verdad y la vida. Conocerlo a él es conocer al Padre, que es uno con él. Creer lleva a hacer las mismas obras que acreditan al Hijo. Verdaderamente la fe no tiene nada que ver  con los sueños que llevan a evadirse de la realidad. Está orientada decididamente hacia el presente y compromete la responsabilidad de los creyentes en el mundo y en la Iglesia “ya desde ahora”.

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 14,1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.
Tomás le dice:
- Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?
Jesús le responde:
- Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

Palabra de Dios.



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2/11/2014 - 31º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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31º domingo Tiempo ordinario (A)


La búsqueda de honores acecha a todo el que se encuentra investido de autoridad, de poder. Con frecuencia se provocan situaciones marcadamente ridículas, de las que ni siquiera se dan cuenta los mismos que ofrecen el espectáculo. Haciendo el juego a su increíble inconsciencia, algunos, burlándose, multiplican ante ellos los más exagerados gestos de deferencia. Otros se aprovechan de este gusto inmoderado por las manifestaciones públicas de consideración, por simple adulación servil o para sacar partido: «Todo adulador vive a expensas de quien lo escucha». A veces, en fin, se exigen señales exteriores de deferencia y títulos honoríficos para hacer sentir a los otros su situación de subordinación, de inferioridad, cuando no para sentirse uno mismo en posesión de la autoridad. Nada de esto debe ocurrir dentro del pueblo de Dios.
Los sacerdotes —recuerda con rasgos vigorosos la profecía de Malaquías— tienen la misión de procurar que todos respeten la gloria del «Señor de los ejércitos», «el Gran Rey», y den gloria a su nombre, ante todo por su testimonio de fidelidad a la alianza. Faltando a esta obligación, se convierten en ocasión de tropiezo para muchos. Entonces Dios no acepta su culto. El pueblo, por su parte, incurre en condena similar cuando, olvidando que Dios es el Padre de todos, profana su nombre con sus disputas e injusticias.
Jesús tuvo también palabras muy duras con ciertos escribas y fariseos, que buscaban honores pero olvidaban sus deberes, que cargaban a los otros «fardos pesados e insoportables», pero ellos «no estaban dispuestos a mover un dedo para empujar». San Mateo recuerda estas invectivas del Señor para poner en guardia a los dirigentes de las comunidades cristianas. A los fieles, escandalizados por tales comportamientos, les recuerda lo que decía el Señor: «Haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen»; «No los aduléis dándoles títulos que sólo a Dios corresponden. Ayudadlos a comportarse como servidores, que es la actitud que realmente debéis tener todos unos con otros».
No es en los hombres en quienes se apoya la fe, sino en la palabra de Dios, dice san Pablo, que sigue siendo el modelo perfecto de apóstol, de predicador del Evangelio, de discípulo que consagra su vida al servicio de todos. En la Iglesia todos somos responsables unos de otros.

PRIMERA LECTURA

Una especie de doble ultimátum lanzado por un profeta de la segunda mitad del siglo V antes de Cristo. Dios ya no puede soportar por más tiempo el modo como algunos sacerdotes celebran el culto y enseñan la Ley, ni la conducta y las disputas e injusticias del pueblo: son profanaciones de la alianza.

Os apartasteis del camino y habéis hecho tropezar a muchos en la ley.

Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14-2, 2b. 8-10

«Yo soy el Gran Rey, y mi nombre es respetado en las naciones -dice el Señor de los ejércitos. Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes.
Si no obedecéis y no os proponéis dar gloria a mi nombre -dice el Señor de los ejércitos-, os enviaré mi maldición.
Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley, habéis invalidado mi alianza con Leví -dice el Señor de los ejércitos-.
Pues yo os haré despreciables y viles ante el pueblo, por no haber guardado mis caminos, y porque os fijáis en las personas al aplicar la ley.
¿No tenemos todos un solo padre? ¿No nos creó el mismo Señor?
¿Por qué, pues, el hombre despoja a su prójimo, profanando la alianza de nuestros padres?»

Palabra de Dios.

SALMO

Un pobre se pone ante Dios: mirada sin arrogancia, alma silenciosa, corazón de niño.

Salmo 130, 1. 2. 3

R
Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Humildad, desinterés, cariño y entrega a toda prueba. El modo como San Pablo ejerce el ministerio debe servir de modelo a todos los que anuncian el Evangelio. Un comportamiento así manifiesta que la fe y la conversión son obra de la palabra de Dios, y no del predicador.

Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2 7b-9. 13

Hermanos:
Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos.
Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas, porque os habíais ganado nuestro amor.
Recordad si no, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios.
Ésa es la razón por la que no cesamos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros los creyentes.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 23, 9b. 10b

Aleluya. Aleluya.
Cristo, siendo Dios, se rebajó hasta la cruz.
Levantado por su Padre,
Atrae hacia él a todos los hombres. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo,
y uno solo es vuestro consejero, Cristo. Aleluya.

EVANGELIO

Los evangelios han recogido lo que Jesús dijo sobre el comportamiento de ciertos dirigentes religiosos de su tiempo, y la actitud que el pueblo ha de tomar frente ellos y su antitestimonio, porque encierra una enseñanza para la Iglesia y los cristianos. Esta intención, especialmente clara en san Mateo, se desprende del sentido general de las Sentencias que concluyen el pasaje de hoy.

No hacen lo que dicen.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: -«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.
No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra de Dios.



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domingo, 26 de octubre de 2014

1/11/2014 - Todos los Santos (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Todos los Santos (A)


La veneración de los santos y santas ocupa un lugar muy importante en las liturgias actuales. Su culto se desarrolló en todos los ritos desde finales del siglo IV y comienzos del V, momento en el que empezaron a recordarse en la plegaria eucarística. Se trataba en primer lugar de los mártires de la Iglesia local, y luego también de otros especialmente célebres. Después de la época de las persecuciones, se les unieron otros no mártires y ascetas. Se tienen noticias de la celebración de una fiesta de todos los santos en ciertas Iglesias de Oriente, especialmente en Antioquía y Éfeso, de donde pasó a Roma. Celebrada originariamente el primer domingo después de Pentecostés, se trasladó luego al 1 de noviembre, al fijar Gregorio Magno (590-604) en esa semana las témporas de primavera. El 13 de mayo del año 610, el papa Bonifacio IV (608-6 15) transformó el Panteón de Roma en una iglesia dedicada a María y a todos los santos. Por último, el papa Gregorio IV (827-844) hizo que el emperador de Occidente, Luis el Piadoso (814-840), firmara un decreto por el que se fijaba definitivamente la fiesta de Todos los Santos el 1 de noviembre. Celebración local en Roma y en algunas Iglesias primero, se convirtió luego rápidamente en una solemnidad común a toda la Europa latina.
Se trataba de reunir en una misma celebración al conjunto de los santos, de los que ningún catálogo o «martirologio» llegaba a ofrecer la lista completa. Pero se incluían también los santos desconocidos, anónimos: una muchedumbre inmensa, según el Apocalipsis de san Juan, «de toda nación, raza, pueblo y lengua». Su número crece sin cesar en este tiempo en el que, de manera invisible, se va construyendo el Reino. Sólo los distingue «el ángel que sube del oriente» para marcar con el sello la frente de los siervos de Dios. Habrá que esperar al día de la manifestación del Hijo de Dios para que se reconozcan los que eran, ya en esta tierra, hijos de Dios. Una cosa es segura: estarán entre ellos todos aquellos a quienes Jesús declaró «dichosos», no por la penosa situación de su existencia en la tierra, sino porque Dios está con ellos. Los pobres en el espíritu, los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia, correrán la misma suerte que Jesús. Aunque sólo él vivió plenamente el ideal de las bienaventuranzas.

PRIMERA LECTURA

La primera visión desvela la cara oculta de la etapa terrena de la salvación; la segunda, la realización celeste del plan de Dios. El tiempo presente es tiempo de prórroga; el juicio se aplazo para más tarde. 144.000 (12 veces 12 multiplicado por 1.000) es un número de plenitud: no se quedará fuera ninguno de los que pertenecen a Dios. La visión de la gran liturgia del cielo revela que los elegidos serán una muchedumbre inmensa y que vendrán de todas partes. Aunque las dos escenas se desarrollan en planos distintos, el terreno y el celeste, se pasa continuamente de uno a otro: lo que ocurre aquí abajo tiene repercusión en el cielo.

Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua.

Lectura del libro del Apocalipsis 7,2-4.9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: "No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios." Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.
Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: "¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!"
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: "Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén."
Y uno de los ancianos me dijo: "Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?" Yo le respondí: "Señor mío, tú lo sabrás." Él me respondió: "Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero."

Palabra de Dios

SALMO

Aquí está la muchedumbre inmensa de los que han encontrado a Dios.

Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R 32, 6a)

R
Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R

SEGUNDA LECTURA

Sólo la fe permite reconocer en el hombre Jesús al Hijo de Dios, así como la condición de hijos de Dios propia de los discípulos. La vuelta de Cristo hará manifiesta su identidad profunda y, al mismo tiempo, lo que son «ahora» los cristianos. Esta certeza y esta esperanza dan a los discípulos la fuerza necesaria para actuar confiadamente y caminar hacia lo que aún no se ha manifestado con claridad, a pesar de la hostilidad y las contradicciones del mundo.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,1-3

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios

ALELUYA Mt 11, 28

Aleluya. Aleluya.
Estemos alegres y contentos,
porque nuestra recompensa será grande
en el cielo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré – dice el Señor -. Aleluya.

EVANGELIO

«Dichosos», «están del lado bueno, bien situados», «deben alegrarse ya de antemano todos los que tienen la certeza de recibir una gran recompensa en el cielo». Esto es lo que proclaman las bienaventuranzas, que en modo alguno hacen apología de la pobreza impuesta, de las persecuciones, la calumnia o los insultos sufridos por causa de Cristo.

Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
“Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
“Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
“Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
“Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
“Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
“Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo."

Palabra de Dios.



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lunes, 20 de octubre de 2014

26/10/2014 - 30º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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30º domingo Tiempo ordinario (A)


Los cinco primeros libros de la Biblia —Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio— forman el Pentateuco, que es fruto de una historia literaria larga y compleja. Se conoce también con el nombre de «Torá», o «Ley», o incluso como «Ley de Moisés». En el estado actual del libro del Éxodo, el texto del «Decálogo», las «Diez palabras», como dicen los judíos, va seguido de lo que se conoce hoy como el «Código de la alianza». Es una serie de prescripciones redactadas más tarde, bastante después de la salida de Egipto. Dado que precisan el sentido y las aplicaciones concretas de los mandamientos grabados en las «Tablas de la Ley» entregadas en el Sinaí, se presentan y consideran como transmitidas por Moisés siguiendo órdenes de Dios. Este origen divino las distingue de los códigos elaborados por los hombres. Como parte integrante de la carta fundacional del pueblo de Dios, reflejan la experiencia que hizo tomar a este pueblo mayor conciencia de la extensión y alcance de la primera legislación.
Al proclamarlas, el Señor se revela como cercano a los suyos. Se acerca personalmente a cada uno. Vela personalmente por la aplicación de sus preceptos, en particular los concernientes al comportamiento con los pobres y los débiles, ya que la manera de tratarlos a ellos le afecta directamente. Lo cierto es que Dios es todo lo contrario a un legislador frío y lejano. Consiguientemente, la obediencia a esta Ley y la conducta que promueve excluyen toda forma y todo espíritu de ese legalismo que amenaza sin cesar y que Jesús combatió con renovado esfuerzo.
«La Ley entera y los profetas» dependen del doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Este excluye toda interpretación y toda aplicación concreta de las prescripciones de la Ley que le sean contrarias. El amor a Dios y al prójimo es el criterio último de la conducta conforme a la voluntad de Dios. Y se aplica siempre y en toda circunstancia, sin excepción.
¡No se puede regatear con las exigencias del amor! Creer es acoger, «con la alegría del Espíritu Santo», la palabra del «Dios vivo y verdadero», llevada a perfecto cumplimiento por el Hijo, la Palabra hecha carne, y traducirla en obras en todas las circunstancias de la vida ordinaria.

PRIMERA LECTURA

Que el recuerdo de los malos tratos que habéis soportado, o que han sufrido personas cercanas a vosotros, os guarde de hacer vosotros otro tanto con los demás; no os aprovechéis de la situación de los pobres y los indigentes, dice el Señor Sus gritos suben hasta mí. Yo les haré justicia.

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor:
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias y alabanza a Dios. Él es mi fuerza salvadora, mi baluarte, y me libra de mis enemigos.

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2)

R
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R

SEGUNDA LECTURA

El anuncio del Evangelio esfuerza del Espíritu Santo, decía san Pablo el domingo pasado. El lo había experimentado personalmente al fundar la comunidad de Tesalónica. Ahora se lo recuerda a los nuevos cristianos de esa ciudad, animándolos a confiar cada vez más en la Palabra, que han acogido en medio de innumerables pruebas (Hch 17,1 -15).

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios habla corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
Amar a Dios con todo el corazón,
Y al prójimo como a uno mismo
sostiene la Ley entera y los profetas. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra
-dice el Señor-,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

Todavía hoy seguimos preguntándonos por el mandamiento más importante, y no siempre con recta intención. La respuesta de Jesús, clara e inapelable, no deja lugar a ningún tipo de casuística reductora: nunca se han satisfecho bastante las exigencias del doble mandamiento.

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
-«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
-«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra de Dios.



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lunes, 13 de octubre de 2014

19/10/2014 - 29º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (A)


En el catálogo de los santos están inscritos reyes y reinas y algunos grandes hombres de Estado. Pero entre ellos, son pocos los que pertenecen a la historia moderna. Y es que la Iglesia no se prodiga en la canonización de tales personalidades, por admirables que sean. Enfrentados a situaciones complejas, en medio de un gran pluralismo de opiniones religiosas y de otros órdenes, con presiones, a menudo incontrolables, de todo tipo, los responsables políticos, especialmente en nuestros días, se ven obligados a tomar, a veces, decisiones más o menos alejadas del ideal evangélico. En todo caso, tanto para ellos como para los más humildes, el juicio de la Iglesia se refiere sólo a lo que se llama «heroicidad de las virtudes». Pero ha ocurrido que, queriendo o sin querer, algunos «reyes» han sido en su época instrumentos en manos de Dios. Se ha constatado después. Así es como Isaías evoca la actuación del «Ungido, Ciro», sin dejar de recordar que Dios es el único y verdadero Señor.
Hay que guardarse, pues, de considerar a cualquiera como un «hombre providencial» al que se debe sumisión ciega. Incluso el aprecio y la deferencia legítima hacia cualquier autoridad impone cierta vigilancia y actitud crítica. Así es como han actuado siempre los profetas. A quien pretendía establecer el reino de Dios, le decían: «No, tú no eres el Mesías que ha de venir a instaurar el Reino prometido!». Por tanto, hay que evitar cualquier confusión entre el cielo y la tierra, entre la ciudad terrena y la ciudad del cielo.
Otro error consiste en decir: «Hay que elegir: o Dios o el César; lo que se le da a uno se le quita al otro». Esta manera de hablar rara vez va desprovista de segundas intenciones. Se invocan los deberes para con el César para eludir lo que se debe a Dios, o viceversa, cuando no se hace alternativamente, según la conveniencia y los intereses del momento. Jesús es claro: «Dad al César lo que es del César». Por eso la Iglesia ha inculcado siempre los deberes cívicos y ha orado por los gobernantes, incluso cuando estos la perseguían. Pero el único a quien se debe culto es el Señor.
Una vez comprendido esto, todos hemos de obrar con valentía y confianza para llevar al corazón del mundo, tal como es, la fe, la esperanza y el amor, con la convicción de que el Evangelio es «fuerza del Espíritu Santo».

PRIMERA LECTURA

¿Es posible que un rey pagano fuera «enviado» de Dios? Sí. en el sentido que, aun sin saberlo, se convirtió en instrumento de su designio. Pero el único dueño verdadero de la historia de la salvación es el Señor.

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios.
Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Palabra de Dios.

SALMO

No hay Otro dios fuera de Dios: glorioso, grande, muy digno de alabanza,
temible, creador, santo, rey, recto.

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e (R.: 7b)

R
Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R

SEGUNDA LECTURA

Este es el primero de los cinco pasajes que leeremos a partir de hoy, del más antiguo de los escritos del Nuevo Testamento: sólo unos veinte años después de la muerte de Cristo. Se da ya el nombre de «Iglesia» a una comunidad cristiana, en este caso la de Tesalónica. La adhesión, no sólo de palabra sino con obras, al mensaje evangélico (la fe), la práctica del «mandamiento nuevo» (el amor) y la confianza firme en las promesas divinas, acompañada del deseo de verlas cumplidas (la esperanza), caracterizan a toda comunidad eclesial que vive bajo la égida del Padre y del Hijo, animada por el Espíritu.

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios.

ALELUYA Flp 2, 15d. l6a

Aleluya. Aleluya.
Pagadle al César lo que es del César,
Y a Dios lo que es de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir. Aleluya.

EVANGELIO

Incluso cuando no se plantea para tender una trampa al interlocutor la cuestión de «o Dios o el César» pone siempre, en mayor o menor medida, en un aprieto, y no siempre se le puede dar una respuesta simple. Sin embargo, la que da Jesús, bien tajante, parece serlo. Pero el hecho de que se haya usado para fomentar o justificar prácticas opuestas invita a mirar el asunto con más detenimiento. En realidad, el César y Dios no están en el mismo plano. Hay que cumplir los deberes para con «el emperador», pero sin olvidar las obligaciones para con Dios, que es el único Señor.

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
_«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron:
-«Del César.»
Entonces les replicó:
-«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra de Dios.



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lunes, 6 de octubre de 2014

12/10/2014 - 28º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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28º domingo Tiempo ordinario (A)


A los profetas, y en particular a Isaías, les gusta comparar la felicidad de los elegidos a la de unos comensales reunidos por Dios para participar en un magnífico banquete. A primera vista, este modo de hablar podría resultar sorprendente: ¿acaso la felicidad celestial no es de un orden distinto al de las alegrías terrenas? Para entender esta comparación, basta remitirse al significado de la comida festiva tomada en su conjunto. La calidad de los alimentos y de los vinos tiene, sin duda, su importancia. Pero no se va a una comida ante todo, y menos aún exclusivamente, para saborear platos suculentos y degustar vinos de marca. La misma suntuosidad, aunque relativa, de un banquete expresa su carácter excepcional de fiesta y celebración. Se pretende honrar a los invitados, manifestarles la alegría de poder recibirlos. La comida de fiesta compartida es signo, casi se podría decir «sacramento», de la amistad compartida, de la comunión que une al anfitrión con sus invitados. Pues bien, dice Isaías, esto es lo que Dios nos tiene reservado: una intimidad infinitamente superior a todo lo que pueda imaginarse; una alegría sin igual e interminable. «Aquel día», en efecto, Dios «aniquilará la muerte para siempre» y tomaremos posesión de la anhelada salvación.
Retomando esta imagen bíblica tradicional, Jesús la amplía dándole dimensiones de historia de la salvación. El rey que invita evidentemente es Dios. En el hijo, cuyas bodas celebra, reconocemos a Jesús, el Señor, que ha «desposado» a la humanidad, asumiendo nuestra carne mortal, glorificada en su resurrección y su triunfo celestial. A este acontecimiento es al que estamos incesantemente invitados. Los servidores de Dios llevarán al universo entero la invitación que resuena desde los orígenes del mundo. Un día la sala del banquete se llenará de «una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» (Ap 7,9), que celebrará las bodas del Cordero (Ap 19), de las que la eucaristía es signo. Examinemos nuestra conciencia antes de entrar (cf iCo 11,28-29), para que cuando venga el Rey «a saludar a los comensales», nos encuentre vestidos con el «traje de fiesta».
Él, que, ya desde ahora, «provee a todas nuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús», nos colmará entonces más allá de toda esperanza. «A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos!».

PRIMERA LECTURA

Una mirada al día del cumplimiento de la obra de la salvación. El profeta lo evoca con imágenes tomadas de los fastos de una corte real: un banquete de inaudita suntuosidad, organizado y preparado por Dios «en su monte», lugar de su presencia, donde los justos de todos los pueblos estarán en el grupo de sus comensales, participarán de su vida.

El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variación sobre el tema del Dios-pastor en quien siempre se puede confiar: él guía, protege y coima de bienes a los suyos.

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd)

R
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R

Me gula por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R

SEGUNDA LECTURA

Los filipenses han aportado ayuda material a Pablo. Él la agradece, aunque sabe contentarse con poco. No lo dice por darse importancia, sino para invitar a los destinatarios de su carta a que confien también ellos en la magnificencia de Dios y le den gracias.

Todo lo puedo en aquel que me conforta.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Ef. 1,17-18

Aleluya. Aleluya.
El Señor abre a todos
las puertas del banquete de su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. Aleluya.

EVANGELIO

Una parábola de la historia de la salvación, semejante a la de los viñadores homicidas. Desde el principio, Dios invita a todos los hombres a vivir en comunión con él. A pesar de la insistencia de sus enviados, algunos rechazan la invitación. Otros la aceptan y entran en la sala del banquete. Uno de ellos es expulsado, por haber entrado «sin vestirse de fiesta», sin revestirse de Cristo, «el hombre nuevo», como dice san Pablo (Rm 13,14; Ga 3,27; Ef 4,24). Para estar en el grupo de los elegidos, ¡hay que convertirse!

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.
"Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:
"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 29 de septiembre de 2014

05/10/2014 - 27º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (A)


¡Curioso arbolito, la vid! Su madera no sirve para nada. Hay que podarla todos los años. El fruto permanece incierto hasta el tiempo de la vendimia. Basta una enfermedad para que toda una viña de calidad, que el viñador había rodeado de los mayores cuidados y de la que se sentía orgulloso, se pierda. Así se entiende que los profetas y los salmistas recurrieran a la imagen de la viña para evocar al pueblo de Dios, la solicitud del Señor hacia él y sus sentimientos cuando no encuentra en ella los frutos que esperaba. Un conmovedor poema del libro de Isaías, el «Canto del amado a su viña», expresa esta decepción. Por otro lado, en el evangelio según san Mateo se lee una parábola en la que aparecen el propietario de una viña y sus obreros.
Cuando Jesús la pronunció, pensaba en los que en su tiempo habían sido nombrados administradores de la propiedad de Dios. Pero algunos rasgos del «Discurso eclesiástico o comunitario» del evangelio según san Mateo (Mt 18), así como el modo de presentar las severas invectivas de Jesús contra los escribas (Mt 23), dejan entrever que el evangelista piensa también en los dirigentes de la comunidad cristiana. Ya en esta época, como siempre, en la Iglesia había algunos cuyo comportamiento era detestable: pretenciosos, más ávidos de honores que de humilde servicio, que actuaban como si fueran dueños más que administradores de la viña, y agresivos con los enviados del dueño que les recordaban sus deberes.
Por otra parte, todos los miembros de la comunidad han de sentirse aludidos. Deben buscar personalmente y promover en la Iglesia «todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito», como dice san Pablo. Sus dirigentes han sido instituidos para guiarlos y animarlos en esa búsqueda por medio de la palabra y el ejemplo. Para comportarse como administradores fieles, deben poder contar con todos. Por eso, hay que atreverse a reprenderlos humilde y caritativamente, prestándoles el servicio de la «corrección fraterna» (evangelio del domingo 23°). Pero, al mismo tiempo, hay que pedir a Dios que envíe buenos trabajadores a su campo, favorecer el compromiso de los llamados a ejercer este ministerio, y hasta estar dispuestos personalmente a responder a la llamada del Señor. Recordemos también las palabras de Jesús: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 1,15).

PRIMERA LECTURA

Esta elegía, tal vez, era originariamente el canto popular de un viñador enamorado de su viña que ha sido inverosímilmente ingrata. Es también el lamento del Señor de los ejércitos, cuyo pueblo elegido ha dado frutos de iniquidad en lugar de la justicia esperada.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

SALMO

Nos hemos alejado del Señor; que él nos permita volver.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R
La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R

SEGUNDA LECTURA

Sin minimizar los afanes de la vida hasta el punto de ceder a un optimismo beatífico, no hay que dejarse ganar tampoco por una preocupación paralizante. La oración no debe ni anestesiar ni producir euforia. No nos sitúa por encima de las dificultades, pero a través de ella Dios nos transmite una paz interior sorprendente. La experiencia de los santos da testimonio de ello.

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Jn. 15,16

Aleluya. Aleluya.
Piedra desechada por los arquitectos,
Cristo es ahora la piedra angular:
ha sido un milagro patente. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y
 vuestro fruto dure -dice el Señor-. Aleluya.

EVANGELIO

Lo que Jesús dijo dirigiéndose a otros administradores, suena ahora en la Iglesia como una seria advertencia, que hay que tener muy en cuenta, tanto más que, como sabemos y confesamos, el Hijo ya ha venido. Y lo ha puesto todo en manos de su Padre. Por tanto, nadie puede comportarse en absoluto como propietario de unas tierras que sólo pertenecen a Dios.

Arrendará la viña a otros labradores.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. " Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron:
-«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
-« ¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra de Dios.



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