lunes, 14 de agosto de 2017

20-08-2017 - 20º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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20º domingo Tiempo ordinario (A)


Los profetas habían anunciado que Dios acogería a los extranjeros que subieran a su monte santo para adorarlo. Su casa sería «casa de oración para todos los pueblos». Un día fue su Hijo quien vino al mundo. Jesús sembró a manos llenas la buena semilla de la Palabra. Curó a todos los enfermos que le presentaban, incluso al hijo de un funcionario real. Llamó al publicano Mateo, comió con los pecadores y multiplicó los panes para la multitud. Pero no salió de los estrechos límites de su país. No obstante, en algunas ocasiones estuvo en los límites del mundo pagano.
En una ocasión una mujer acudió de estas regiones para suplicarle que curara a su hija. «Hay que hacerle caso para que deje de gritar», decían los discípulos. «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel», fue la respuesta de Jesús. Como si no hubiera oído, la cananea «se postra» y dice: «Señor, socórreme». Es la actitud y la manera de orar que, según san Mateo, conviene a los discípulos. Sin embargo, Jesús empieza declarando que no puede atender una petición procedente de una pagana, y lo hace en términos bastante despectivos. Pero, sin duda, el tono de su voz suavizaba su dureza. En cualquier caso, esta respuesta de Jesús hace pensar en la que dio a su madre cuando, en las bodas de Caná, le pedía que interviniera porque el vino empezaba a faltar: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). En este caso es el tiempo de la misión entre los paganos lo que todavía no ha llegado. Adelantarlo sería como quitarles a los hijos el pan antes de que se hubieran saciado. Es algo que la cananea entiende. Ella no reclama ningún privilegio. Al igual que María, se pone en manos del Señor. Que Jesús le dé sólo las migajas que caen de la mesa de los amos. Y, como María, obtiene lo que pide.
Ahora ya no hay fronteras. El evangelio se predica en todas partes. Todos tienen libre acceso a la mesa de los hijos. Es una gracia, y no un derecho que pueda reclamarse o conservarse como privilegio. Pero no basta saberlo, o proclamarlo con palabras o en la oración universal de los fieles. Hay que traducir esta certeza en los comportamientos de la vida diaria y en la celebración litúrgica. La acogida del extranjero, el lugar que se le otorga en las relaciones ordinarias y en las asambleas litúrgicas, ponen a prueba la autenticidad de una fe, de un espíritu y de un corazón verdaderamente católicos.

PRIMERA LECTURA

Dios acogerá en su «casa» a todos los que acepten su alianza y sus leyes. Este ecumenismo, querido por Dios, es fruto de una comunidad fuertemente arraigada en su fe y que vive decididamente en conformidad con la voluntad del Señor.

A los extranjeros los traeré a mi monte santo.

Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7

Así dice el Señor:
«Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria.
A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Una oración de dimensiones universales: que todos los pueblos encuentren los caminos del Dios verdadero, que lo bendigan y acepten la salvación.

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 4)

R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.
R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe.
R.

SEGUNDA LECTURA

Como obsesionado por el rechazo y la oposición de «los de su raza» al evangelio, san Pablo quiere que los paganos, de los que él es el apóstol, compartan su esperanza. Nadie sabe cuándo ni cómo acogerán las promesas los primeros destinatarios de ellas. Pero hay que tener por cierto que «los dones y la llamada de Dios son irrevocables», y que la misericordia divina sigue ofreciéndose, y seguirá ofreciéndose siempre, a todos.

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11 13-15. 29-32

Hermanos:
Os digo a vosotros, los gentiles:
Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos.
Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia.
Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia.
Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 4, 23

Aleluya. Aleluya
Cristo ha venido a curar y a salvar
a todos los que acuden a él gritando,
Dichoso quien pone en él su fe. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el Evangelio del reino,
curando las dolencias del pueblo.
Aleluya.

EVANGELIO

«Tiro y Sidón» es una expresión con la que se designa a las naciones paganos. La misión de Jesús no abarca estos territorios. Pero no puede dejar de escuchar la plegaria insistente hecha con una fe ejemplar por una mujer venida de estos territorios. La cananea del evangelio aparece como un prototipo de los creyentes que vendrán del paganismo. Como auténtica discípula, se postra ante de Jesús y le suplica diciendo: «Señor, socórreme», «Kyrie, eleison».

Mujer, qué grande es tu fe

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-«Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó:
-«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:
-«Señor, socórreme.»
Él le contestó:
-«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso:
-«Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió:
-«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra de Dios



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domingo, 13 de agosto de 2017

15-08-2017 - La Asunción de la Virgen María (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Asunción de la Virgen María (A)


El culto a los mártires y a los confesores de la fe se introdujo muy pronto en las ancestrales costumbres de veneración a los antepasados y a su memoria. El culto a la Virgen María nació más tarde, debido a la discreción de los evangelios sobre ella. Su papel parece haber terminado una vez que trajo al mundo a su hijo y completó su primera educación, Efectivamente, después de Pentecostés las Escrituras no dicen nada de ella. Sin embargo, no está ausente de la piedad cristiana antigua. La oración Sub tuum praesidium, «Bajo tu protección nos acogemos», se remonta al siglo III. Pero fue el concilio de Efeso (431) el que dio impulso a la devoción mariana, al decretar que María es verdaderamente «madre de Dios», Theotokos en griego. Desde entonces se le dedicaron numerosas iglesias, empezando por Santa María la Mayor, construida en Roma por el papa Sixto III (43 2-440).
El origen de la fiesta de la Asunción es más oscuro. No lejos de Jerusalén, la leyenda señalaba un lugar llamado Koinesis («acto de recostarse para descansar» o «muerte»). Hacia finales del siglo V, el 15 de agosto se celebraba ya una fiesta en la basílica edificada en Getsemaní, donde se suponía que se encontraba la tumba de la Virgen. Se trataba, pues, de la «Dormición» de la Madre de Dios, y no de su entrada en la gloria. El emperador Mauricio (539-602) la impuso a todo el Imperio de Oriente. En Roma, a partir del siglo VI, se encuentra una fiesta mariana el 1 de enero. Hacia el año 660 se introdujo la fecha del 15 de agosto, que, bajo el pontificado de Sergio, de origen sirio (687-702), se llama «la Dormición». El término «Asunción» aparece hacia el 770. Con espíritu abierto, la Santa Sede se ha conformado con tutelar la expresión litúrgica de la piedad mariana: el «calendario romano» en uso hasta el 1 de enero de 1970, contaba al menos con diecinueve fiestas de la Virgen. Con la definición de los dogmas de la Inmaculada Concepción por Pío IX (8 de diciembre de 1854), y de la Asunción por Pío XII (1 de noviembre de 1950), el magisterio romano se comprometió de forma más decisiva. El misal de Pablo VI (1969) ha integrado claramente las fiestas de la Virgen, y en particular la de la Asunción, en la dinámica del misterio de la salvación, objeto primordial de la fe cristiana y de la liturgia. María, sierva perfecta del Señor y madre de Dios, la primera salvada, ha sido también la primera asociada a la gloria de su Hijo.

Misa vespertina de la vigilia.

PRIMERA LECTURA

En el marco de la fiesta de este día, el traslado solemne del arco de la alianza al santuario de Jerusalén evoca la entronización en el cielo de la Virgen María, el «arca» que llevó en su seno a la Palabra de Dios. Quien preside esta liturgia y bendice al pueblo es el Señor mismo, representado por David.

Bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Lectura del primer libro de las Crónicas 15.3-4.15-16:16.1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como había mandado Moisés por orden del Señor.
David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos.
Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor introduce en su descanso a la que ha sido su morada.

Salmo 131, 6-7. 9-10. 13-14 (R. 8)

R
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder.

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar.:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies. R

Que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido. R

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Esta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo». R

SEGUNDA LECTURA

Este himno a Dios, vencedor de la muerte por Jesucristo, es hoy el canto de acción de gracias de la Iglesia que celebra la entrada de la Virgen en el cielo.

Demos gracias a Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,54-57

Hermanos: Cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: «La muerte ha sido absorbida en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?». El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la Ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 11,28

Aleluya. Aleluya.
Dichosa la Virgen María, la Madre de Dios,
que escuchó la palabra
y la conservó en su corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios
y la cumplen. Aleluya.

EVANGELIO

Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen participan de la bienaventuranza de la Madre de Jesús.

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Palabra de Dios.

Misa del día.

PRIMERA LECTURA

Dos imágenes se superponen en esta visión. Por una parte, la de la mujer que da a luz, con miedo y con dolor a un niño amenazado por el poder extraordinario de un terrible dragón. Se refiere a la Iglesia, cuyos hijos han de temer siempre los asaltos del Enemigo, que busca su perdición. Por otra parte, la de la mujer madre del pastor que preserva a los suyos de todo peligro. Se refiere entonces a María, sobre quien el mal no hizo mella alguna y que trajo al mundo al Salvado, Pero las dos visiones misteriosas se funden y difuminan para dejar paso a la gloria de Dios y de su Cristo, hacia quien se eleva una vibrante acción de gracias.

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal.

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12,1 -6a. 10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: "Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo."

Palabra de Dios.

SALMO

Poema para la entrada de María en el palacio de su Señor.

Salmo 44, 9. 10-11. 15 (R: 9b)

R
De pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor. R

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R

SEGUNDA LECTURA

Cada uno en el lugar que le corresponda, todos resucitarán, porque Cristo cabeza de la humanidad nueva, y resucitado de entre los muertos, abrió el camino de la vida que no acaba. Lo que hoy es objeto de fe y esperanza aparecerá un día a plena luz.

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,20-27a

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya
Hoy el Señor se ha acordado de su misericordia.
Ha mirado la humillación de su esclava.
Todas las generaciones la felicitan. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
María ha sido llevada al cielo,
se alegra el ejercito de los ángeles. Aleluya.

EVANGELIO

No hay nada de anecdótico en el relato del encuentro de María con su prima, de quienes, no obstante, se dice que permanecieron juntas «unos tres meses». Tampoco el evangelista hace ningún comentario. Basta el saludo que Isabel dirige a la Madre de Dios y el cántico que se eleva del corazón de la humilde esclava del Señor Todas las generaciones felicitan a María, la proclaman ben- dita entre las mujeres, y nunca se cansan de dirigirse a ella pidiéndole que permanezca cerca de ellos y que interceda ante su Hijo por las pecadores, acordándose de su misericordia. La Iglesia puede entonar también su «magníficat», dando gracias por las «obras grandes» que el Espíritu Santo no cesa de realizar en favor de los creyentes.

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."
María dijo:

“Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque Dios ha puesto sus ojos en mí, su humilde esclava,
y desde ahora me llamarán dichosa;
porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas.
¡Santo es su nombre!
Dios tiene siempre misericordia
de quienes le honran.
Actuó con todo su poder:
deshizo los planes de los orgullosos,
derribó a los reyes de sus tronos
y puso en alto a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Ayudó al pueblo de Israel, su siervo,
y no se olvidó de tratarlo con misericordia.
Así lo había prometido a nuestros antepasados,
a Abraham y a sus futuros descendientes.”

María se quedó con Isabel unos tres meses, y después regresó a su casa.

Palabra de Dios.


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lunes, 7 de agosto de 2017

13-08-2017 - 19º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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19º domingo Tiempo ordinario (A)


En los evangelios, el relato de la multiplicación de los panes y el de la tempestad calmada constituyen una especie de díptico. En ambas hojas Jesús aparece en primer plano. En una de ellas entrega a los discípulos el pan multiplicado para que lo distribuyan a la gente.
En la otra va hacia ellos caminando sobre las aguas, en medio de una tempestad que pone en peligro la barca a la que él les ha «apremiado» a subir para ir «a la otra orilla» del lago. La tradición ha visto en esta barca sacudida por las olas, pero salvada por el Señor del naufragio, una imagen de la Iglesia que boga, contra viento y marea, hacia la orilla a la que el Resucitado se le ha adelantado. La multitud de los que siguen al Señor hasta el despoblado recibe de su mano el pan que sacia toda hambre. Los discípulos, que se es- fuerzan por acudir a la cita con el Señor, tienen la impresión de que la barca va a zozobrar. «Tened confianza! Las tempestades pueden sacudir la barca, pero no la hundirán», les dice el Señor.
El relato de san Mateo incluye otros elementos que amplían y precisan esta interpretación. La reacción de los discípulos y la de Pedro hacen pensar en las primeras apariciones pascuales. Cuando el Resucitado se presenta ante ellos, los discípulos también creen ver un fantasma. Entonces, corno en esta ocasión, el Señor se dirige a ellos tranquilizándolos: «Animo, soy yo, no tengáis miedo!». Igual- mente les reprocha su falta de fe y sus dudas. Finalmente, en las apariciones pascuales, lo mismo que en el lago, la escena acaba con una especie de liturgia. Los discípulos «se postran» ante el Señor y confiesan su fe: «Realmente eres Hijo de Dios!».
Sea cual sea su grado de vinculación al Señor, la experiencia de su presencia y de su proximidad a él, todo discípulo, del que Pedro aparece aquí como prototipo, pasa por momentos de duda y vacilación. Que en el momento en que empiece a perder pie, grite: «Señor, sálvame!». El Señor le tenderá la mano para que no se hunda. Que los titubeos de la fe no impidan participar en la liturgia, postrarse con los demás, con la Iglesia, para proclamar: «Realmente eres Hijo de Dios, el Señor!». «Tengo fe, pero dudo, ayúdame!» (Mc 9,24).
Y que, cuando el silencio de Dios nos desanime, escuchemos con atención: él sigue ahí, en el murmullo de una «brisa tenue».

PRIMERA LECTURA

Dios está presente en el silencio y la soledad. Esta experiencia de Elías en el Horeb (otro nombre del monte Sinaí donde el Señor se había revelado en medio del estruendo de los elementos desencadenados) reaviva el celo del profeta. Sale de la cueva donde se había refugiado, abatido por el desánimo, y va de nuevo a continuar su misión en medio del pueblo al que Dios lo ha enviado.

Ponte de pie en el monte ante el Señor.

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo:
-«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!»
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacia trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego.
Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Palabra de Dios.

SALMO

Si escucho con atención, oiré a Dios murmurar en mi corazón: misericordia, fidelidad, justicia, paz.

Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo.
R.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R.

SEGUNDA LECTURA

El evangelio es rechazado por los que debieran haber sido los primeros en acogerlo. Esta idea atormenta a san Pablo. Pero él no pierde la confianza. Un día, los innumerables dones de Dios darán su fruto.

Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 9, 1-5

Hermanos:
Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.
Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Aleluya Cf Sal 129,5

Aleluya. Aleluya.
Cuando estamos a punto de hundirnos,
tú nos salvas, Señor,
tú, que eres el Hijo de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Espero en el Señor,
espero en su palabra. Aleluya.

EVANGELIO

Con ocasión de la multiplicación de los panes los discípulos aprenden que pueden saciar el hambre de las masas si acuden al Señor con confianza. ¡Que las tempestades y los vientos contrarios que han de afrontar no los atemoricen ni los hagan vacilar en su fe! Al final de una travesía tal vez dura, arribarán, en la Iglesia, a la otra orilla, donde el Señor les había dado cita.

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-33

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
-«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo:
-«Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.



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lunes, 31 de julio de 2017

06-08-2017 - La Transfiguración del Señor (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Transfiguración del Señor (A)


El origen de esta fiesta, celebrada desde el siglo IV por los monjes cristianos que vivían en el desierto, se sitúa en Oriente. El misterio de la Transfiguración ocupaba un lugar muy importante en su espiritualidad y en su mística. Efectivamente, se dedicaban a contemplar la gloria de Dios en el Señor transfigurado, llevando una vida unificada por la oración, en particular la invocación incesante del nombre de Jesús. La fiesta de la Transfiguración la celebraban desde el siglo X las Iglesias de la Península Ibérica, en particular la de Vich, en Cataluña, así como numerosas diócesis de Francia e Italia. Pedro el Venerable la instauró muy pronto en Cluny, de donde era abad (1122-1156), componiendo incluso todo un oficio para este día. El papa Calixto III (1455-1458), que había vivido mucho tiempo en la diócesis de Lérida, cercana a la de Vich, la introdujo en Roma, y en 1457 mandó que se celebrara en toda la Iglesia latina.
El segundo domingo de Cuaresma, la lectura del evangelio de la Transfiguración recuerda que la humillación y la Pasión de Cristo no deben considerarse ni celebrarse nunca olvidando que el Señor entró en la gloria a través de la muerte. La celebración del 6 de agosto, cuarenta días antes de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (el 14 de septiembre), es totalmente una celebración pascual. Por otra parte, es desde la luz de la Pascua desde donde san Mateo, san Marcos y san Lucas contemplan el acontecimiento. El relato de cada uno de los evangelistas presenta acentos particulares por los que conviene no pasar de largo. Pero en todos ellos hay un fondo común. La Transfiguración del Señor se sitúa después de la confesión de Pedro en Cesarea y el primer anuncio de la Pasión. Y tiene por testigos a Pedro, a Santiago y a Juan, que son quienes presencian también el retorno a la vida de la hija de Jairo y se encuentran en Getsemaní en el momento de la agonía de Jesús.
En el bautismo somos recreados a imagen de Cristo (2Co 4,17). Después el hombre interior se renueva en nosotros día tras día, y las pruebas del tiempo presente preparan nuestra participación en la gloria del Señor transfigurado (2Co 4,17). La liturgia, y especialmente la eucaristía, sacramento pascual por excelencia, es su promesa y prenda que no cesa de ofrecérsenos.

PRIMERA LECTURA

En medio de la prueba, es necesario saber descubrir la cara oculta de los acontecimientos, o más bien volver la mirada hacia aquel a quien el autor del libro de Daniel describe «como un hijo de hombre». Este título misterioso evoca un personaje en quien y por quien todos los humillados y perseguidos tendrán parte en la gloria de Dios. El mismo Jesús se presentará a menudo como «el Hijo del hombre», que ha de sufrir mucho pero que será exaltado a la derecha de Dios, adonde conducirá a los que crean en él y lo sigan.

Su vestido era blanco como nieve.

Lectura de la profecía de Daniel 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros.
Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él.
Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios.

SALMO

«Tiniebla y nube rodean» aún hoy la gloria del Señor Un día todos los pueblos
lo verán en su pleno resplandor.

Salmo 96, 1-2. 5-6. 9 (R : cf. 9 ab)

R
El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R

SEGUNDA LECTURA

«Nosotros somos testigos oculares del Señor resucitado», dirán los apóstoles para acreditar su predicación. «Lo contemplamos en la montaña de la Transfiguración y oímos la voz traída del cielo», proclama el mismo Pedro. «Escuchad, pues, lo que os anunciamos. Nuestro mensaje viene de lo alto».

Esta voz del cielo la oímos nosotros.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pedro 1,16-19

Queridos hermanos:
Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto». Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada.
Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 17,5c

Aleluya. Aleluya.
¡Qué bien se está aquí!
Escuchemos la palabra del Hijo amado. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Este es mi Hijo. el amado. mi predilecto.
Escuchadlo. Aleluya.

EVANGELIO

Una serie de alusiones establece un notable paralelismo entre Jesús en la montaña de la Transfiguración y Moisés en el Sinaí. En ambos casos hay tres testigos (Ex 34,29; Mt 17,1). Al igual que el rostro de Moisés, el de Jesús irradia una luz resplandeciente (Ex 34,29; Mt 17,2). Aún más que a Moisés se ha de escuchar a Jesús (Dt 18,15; Mt 17,5). Porque él es el nuevo legislador que no ha venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud (Mt 5,17). Moisés y los profetas, representados aquí por Elías, dan testimonio de él.

Su rostro resplandecía como el sol.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
- Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:
- Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y tocándolos les dijo:
- Levantaos, no temáis.
Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:
- No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

Palabra de Dios.



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