lunes, 29 de junio de 2015

05/07/2015 - 14º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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14º domingo Tiempo ordinario (B)


Los evangelistas no han tratado de ocultar ni de minimizar los fracasos de la predicación de Jesús. Entusiasmados por su enseñanza y por sus obras, muchos vieron en él a un hombre excepcional. Pero otros sospecharon de la sabiduría que demostraba y de sus extraordinarios poderes: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos?». Estas reticencias confirmaban eso de que «no desprecian a un profeta más que en su tierra. No obstante, sorprende la reacción negativa de los habitantes de Nazaret. ¿Cómo es posible que se nieguen a ver en Jesús a alguien más que el carpintero del pueblo? El mismo Jesús «se extraña de su falta de fe».
Precisamente se trata del problema fundamental de la fe, que algunos profesan mientras que otros no acceden a ella, aun cuando admiren la obra y la enseñanza de Jesús, remitiéndose a veces de buen grado y explícitamente a los valores evangélicos. Los creyentes deben guardarse de adoptar una actitud orgullosa y de cuestionar la sinceridad o la honradez de los que no comparten su fe. Más vale que se pregunten por la verdad y profundidad de su propia adhesión al que proclaman sin cesar en las celebraciones litúrgicas «Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, que por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen».
Si su testimonio y el anuncio de la Buena Noticia son rechazados, que no se desanimen. Después de la mala acogida en Nazaret, Jesús siguió enseñando, recorriendo sin cesar los pueblos de alrededor. Lo mismo debe hacer la Iglesia. Ella ha recibido el Espíritu para anunciar sin desfallecer: «Esto dice el Señor». Tanto si le hacen caso como si no, debe seguir adelante, llevando a cabo, con valentía y fidelidad, su difícil misión: la de anunciar sin desfallecer el mensaje que se le ha confiado. Porque Dios no duda ni desconfía de nadie. De lo contrario, no habría enviado a sus profetas a «un pueblo rebelde que se ha rebelado contra él». Por lo demás, es necesario que la vida y la palabra de cada uno de nosotros, según la propia vocación, tengan una auténtica dimensión profética.
Paradójicamente, dice san Pablo, es en la debilidad de los misioneros donde se manifiesta más claramente la fuerza de Cristo. La Iglesia y los cristianos cuentan con la gracia. Que ella les baste!

PRIMERA LECTURA

El profeta debe anunciar contra viento y marea la palabra del que lo envía.

Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.

Lectura de la profecía de Ezequiel 2, 2-5

En aquellos días, el espíritu entro en mí, me puso en pie, y oí que me decía:- «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor" Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Ocurra lo que ocurra, elfiel servidor de la palabra de Dios no quedará nunca confundido.

Salmo 122, 1-2a. 2bcd. 3-4 (R.: 2cd)

R
Nuestros ojos están en el Señor,
esperando su misericordia.

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores. R

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia. R

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos. R

SEGUNDA LECTURA

Pablo, el perseguidor convertido, ha sido destinatario de gracias y revelaciones excepcionales. Estas, asumidas en el apostolado, no han cambiado en nada la debilidad del hombre. La energía que muestra en su ministerio manifiesta la fuerza de Cristo, el único al que hay que dar gracias.

Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 7b-10

Hermanos:
Para que no, tenga soberbia, me han metido una espina en  la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.»
Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc4,18

Aleluya. Aleluya.
Jesús, a menudo despreciado por los hombres,
te aclamamos: tú eres el Señor Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Sólo la fe, don de Dios que hay que pedir humildemente en la oración, permite reconocer quién es verdaderamente Jesús: un hombre entre los hombres, pero también Sabiduría del Altísimo.

No desprecian a un profeta más que en su tierra.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
- «¿De donde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:
- «No desprecian a un profeta mas que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curo algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra de Dios.



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sábado, 27 de junio de 2015

29/06/2015 - San Pedro y San Pablo, apóstoles (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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San Pedro y San Pablo, apóstoles (B)


El «calendario romano» más antiguo que ha llegado hasta nosotros data del año 354. Entre las fiestas que enumera se encuentra, en el día que corresponde a nuestro 29 de junio, una celebración de san Pedro en la colina del Vaticano, y otra de san Pablo en la vía Ostiense. Esta doble celebración se difundió rápidamente por todo el Occidente, empezando por África, como testimonian varios sermones de san Agustín (354-430). A ambos santos se les dedicó un gran número de iglesias: en Italia, en España, en las Galias, y más tarde en Inglaterra (Cantorbery). Hubo pueblos y aldeas que tomaron el nombre de San Pedro, debido a que el monasterio benedictino cercano tenía a este santo por patrón. Son muy numerosos los municipios que, tanto en España como en otros países de Europa y América, se denominan «San Pedro» o «San Pablo».
La fiesta del 29 de junio, que en todas partes asociaba a los dos apóstoles, revestía una especial solemnidad en Roma. La recopilación de textos litúrgicos de los siglos V y VI conocida como el Sacramentario leoniano contiene nada menos que veintiocho formularios para la misa de este día. En esta época el papa celebraba dos veces: primero en la basílica vaticana y luego en la de la vía Ostiense; pero cada una de las celebraciones estaba dedicada a los dos santos. A lo largo del siglo VII el día 29 de junio se fue reservando a san Pedro, mientras que el 30 se celebraba a san Pablo. El Misal de Pablo VI (3 abril 1969) restableció el uso antiguo de una sola celebración. Pero incluyó un formulario para la tarde del día 28, que corresponde con el de la misa que el papa celebraba al alba del 29, junto a la tumba del Vaticano. Debido a lo reducido del espacio, podían participar en ella muy pocas personas. La gran congregación de la comunidad cristiana tenía como marco la basílica y se celebraba más avanzado el día.
La celebración común de estas dos «columnas» hace tomar conciencia de la doble dimensión de la Iglesia, una y católica, y de la necesidad de los dos ministerios complementarios que representan Pedro y Pablo. Uno preside a las comunidades en la caridad y en la unidad. El otro inspira más bien la difusión del Evangelio por todas partes y en todas las culturas.

PRIMERA LECTURA

Un relato particularmente sugerente. Era «la semana de Pascua», cuya noche evoca en la Biblia todas las noches en las que Dios ha intervenido en favor de los justos y la noche en la que aparecerá el Salvador «Librar o arrancar de las manos» es una expresión típica del vocabulario de la intervención divina: relato del éxodo (Ex 18,18), cántico de Zacarías (Lc 1,74). La Iglesia vela en oración por el apóstol en peligro. Pedro duerme tranquilamente a pesar de que la comparecencia del día siguiente corre el riesgo de ser fatal. Para los fieles, la noche de este mundo es la noche de todos los peligros, pero, a pesar de todo, deben permanecer serenos, llenos de confianza.

Era verdad: el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 12,1 -11

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando a su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.
Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él. La noche antes de que lo sacara Herodes, estaba Pedro durmiendo entre los soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.
De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo: «Date prisa, levántate». Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió: «Ponte el cinturón y las sandalias». Obedeció, y el ángel le dijo: «Échate el manto y sígueme». Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel. Pedro recapacitó y dijo: «Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos».  

Palabra de Dios.

SALMO

Dios libra, salva, protege. «Libres de las manos» de sus perseguidores, los afligidos están de fiesta. Verdaderamente, «qué bueno es el Señor».

Salmo 33, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R 4c)

R
El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R

El ángel del Señor acampa
en tomo a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R

SEGUNDA LECTURA

Encadenado en una prisión de Roma, Pablo no se hace ilusiones sobre el desenlace de su proceso. Su muerte será un acto de culto, una ofrenda, como lo ha sido su apostolado (Rm 1,9; 15,16) y como debe serlo la vida de todo cristiano (Rm 12,11). Será al mismo tiempo una «partida» al encuentro definitivo de Cristo (1 Ts 4,17), una pascua.

Ahora me aguarda la corona merecida.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18

Querido hermano: Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 16,18

Aleluya. Aleluya.
Dichoso es Simón Pedro,
porque el Padre que está en el cielo
e ha revelado al Mesías,
Jesús, el Hijo de Dios vivo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. Aleluya.

EVANGELIO

Al afirmar que Jesús es «el Mesías, el Hijo de Dios vivo», Simón Pedro, iluminado de lo alto, confiesa un misterio que el título de «Hijo del hombre» no hacía sino sugerir El apóstol presiente que Jesús mantiene con Dios una extraordinaria relación de intimidad, cuya medida irá constatando poco a poco la comunidad pascual. Así lo da a entender la respuesta de Jesús.

Tu eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «,Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Ellos le contestaron: «Unos que Juan,Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». El les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Jesús le respondió: «Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».

Palabra de Dios



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lunes, 22 de junio de 2015

28/06/2015 - 13º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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13º domingo Tiempo ordinario (B)


La vida, que desde su mismo comienzo es objeto de los asaltos, violentos o solapados, de la muerte, puede a veces lograr victorias tan espectaculares que permite hablar de «resurrección». Pero se trata sólo de un aplazamiento. Tarde o temprano la muerte se impondrá. «Enséñanos a calcular nuestros años... Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan», dice el salmista desengañado (Sal 89,10-11). Sin embargo, el libro de la Sabiduría proclama con fuerza: «Dios no hizo la muerte... Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal». Estas rotundas afirmaciones, tan contrarias a la experiencia universal, resuenan como una invitación a considerar el problema de la muerte bajo otra luz.
Jesús curó a muchos enfermos, pero no los inmunizó definitivamente contra los brotes del mal. Devolvió a la vida a algunos muertos, pero no los sustrajo a la ley inexorable de la muerte. Por el contrario, a la mujer que se curó al tocar a escondidas el manto de Jesús, le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud». Ese mismo día, cuenta san Marcos, Jesús declara al jefe de la sinagoga que acaba de enterarse de la muerte de su hija, cuya curación venía a suplicarle: «No temas; basta que tengas fe». Las curaciones y las «resurrecciones» realizadas por Jesús significan, pues, que la salvación ha llegado al mundo. La muerte sigue ejerciendo su poder en la tierra, pero no tendrá la última palabra. La palabra todopoderosa de Dios nos despertará del sueño de la muerte. Incluso ya desde ahora recibimos el germen de la vida que no tendrá fin, como lo proclama un antiguo himno bautismal: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz» (Ef 5,14). Por su propia muerte, el Señor ha vencido a la muerte.
A partir de la Pascua, desaparece la consigna del silencio. Hay que anunciar al mundo entero lo que Jesús ha hecho en presencia sólo de algunos testigos, que tenían también bastante camino que recorrer hasta comprender el misterio de la fe y llegar a la fe pascual. Guardarse egoístamente para sí los dones de la fe, de la palabra y del conocimiento de Dios sería empobrecerse gravemente.

PRIMERA LECTURA

La muerte, que «entró en el mundo por la envidia del diablo», ha empanado la imagen de Dios según la cual el hombre había sido creado. Pero la ley de Dios guardada fielmente actúa ya desde ahora como un contraveneno; de la misma muerte brotará una existencia imperecedera.

La muerte entró en el mundo por la envidia del diablo.

Lectura del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal.
Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entro en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella.

Palabra de Dios.

SALMO

Estamos seguros: Dios nos sacará del abismo de la muerte. ¡Bendito sea!

Salmo 29, 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R.: 2a)

R
Te ensalzare, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R

SEGUNDA LECTURA

Para animar a los corintios a acudir en ayuda de la Iglesia de Jerusalén, san Pablo no apela a sus sentimientos. Les dice: «Acordaos de lo generoso que fue Cristo». Eso debe bastar para comprometerse a compartir toda clase de bienes. Las comunidades pusilánime y celosamente replegadas sobre sí mismas y sobre sus riquezas, tarde o temprano acaban marchitándose.

Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 8, 7. 9. 13-15

Hermanos:
Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.
Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar.
En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad.
Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf 2Tm 1,10

Aleluya. Aleluya.
Gloría a ti, Señor:
tu palabra nos cura y nos levanta. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte
y sacó a la luz la vida,
por medio del Evangelio. Aleluya.

EVANGELIO

El jefe de una sinagoga viene a suplicar a Jesús que cure a su hija, que «está en las últimas»; una mujer se acerca para tocar el manto de Jesús y quedo curada de su enfermedad; la muerte de la hija no quebranto la confianza del padre; con una sola palabra, Jesús pone de nuevo en pie a la adolescente. Este relato, construido de manera particularmente hábil, lleva al lector a interrogarse por su propia fe y lo que la expresa: la oración, la actitud ante los enfermos, la celebración de la eucaristía.

Contigo hablo, niña, levántate.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 5, 21-43 (lectura breve: 5.21-24.35-43)

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva». Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente (que lo apretujaba).

(Se interrumpe en la lectura breve).

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente, preguntando: «Quién me ha tocado el manto?». Los discípulos le contestaron: «yes cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».

(Se reanuda en la lectura breve).

 (Todavía estaba hablando, cuando) llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: « ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra de Dios.



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domingo, 21 de junio de 2015

24/06/2015 - LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA (B)


Cuando en el siglo IV se empezó a celebrar la Natividad del Señor, se pasó de manera natural a conmemorar también la del Precursor. En Occidente la fecha del 24 de junio se impuso inmediatamente. Marcaba el solsticio de verano, como el 25 de diciembre el de invierno. En efecto, Juan era la «lámpara» cuya luz debía menguar al aparecer la Luz (Jn 5,35; 3,30). Este papel lo convierte en alguien que es «más que profeta» (Mt 11,9). Los otros, en términos más o menos velados, habían anunciado al Salvador. El lo vio con sus propios ojos. Lo bautizó, y encaminó hacia el Cordero de Dios a quienes habrían de ser sus primeros discípulos (Jn 1,35-42). Es imposible anunciar el Evangelio sin hablar de Juan, el precursor. En las Iglesias orientales, encima de «la puerta regia» del iconostasio, se puede ver un icono de Cristo en la gloria, con María a su derecha y Juan a su izquierda. Es una prueba de la veneración que le tienen todas las tradiciones litúrgicas. Por otra parte, junto con el Señor y la Virgen María, Juan es el único de quien se celebra la natividad (el 24 de junio), además del martirio (el 29 de agosto).
Su elección recuerda la de Jeremías, su vida la de los «nazireos», esos hombres que se consagraban a Dios temporalmente o para toda la vida (Hch 18,18). Su misión se define en los mismos términos que la de Elías (Ml 3,23-24; Si 48,10). Vino a «preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1,17). El nacimiento de Juan fue una Buena Noticia que suscitó, en torno a él y a sus padres, las primeras manifestaciones de la alegría mesiánica. Lo mismo que con respecto a Jesús, ante él se plantea la pregunta: ¿qué va a ser? Se verá cuando a orillas del Jordán se muestre como intrépido predicador de la salvación que Dios quiere llevar «hasta el confín de la tierra» (Is 49,6). Por su persona y su misión, Juan, el precursor, permanece siempre inseparablemente unido a Jesús y a la Buena Noticia dirigida a todos los hombres que ama el Señor. La iconografía, el número de niños a los que se impone el nombre de Juan Bautista y las iglesias dedicadas al Precursor dan abundante testimonio de la piedad cristiana, que ha comprendido el lugar especialísimo de Juan Bautista en la venida de la salvación en Jesucristo. El es también modelo de los predicadores y de todos los creyentes, que deben desaparecer ante aquel a quien anuncian para «preparar sus caminos».

PRIMERA LECTURA

«Yo soy la voz que grita en el desierto»; «él tiene que crecer y yo tengo que menguar», decía Juan Bautista. Hubiera podido hacer suyas las palabras puestas en boca del misterioso «siervo de Dios» descrito por Isaías. En cualquier caso, este texto profético ilumina para nosotros la personalidad y la misión del Precursor, ante el cual, al nacer, la gente se preguntaba: «”¿Qué va a ser este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él».

Te hago luz de las naciones.

Lectura del libro de Isaías 49,1-6

Escuchadme, islas;
atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre,
y el Señor me llamó;
en las entrañas maternas,
y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida,
me guardó en su aljaba y me dijo:
«Tú eres mi siervo,
de quien estoy orgulloso».
Mientras yo pensaba:
«En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas,
en realidad mi derecho lo llevaba el Señor,
mi salario lo tenía mi Dios».
Y ahora habla el Señor,
que desde el vientre me formó siervo suyo,
para que le trajese a Jacob,
para que le reuniese a Israel
-tanto me honró el Señor,
y mi Dios fue mi fuerza-:
«Es poco que seas mi siervo
y restablezcas las tribus de Jacob
y conviertas a los supervivientes de Israel;
te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra».

Palabra de Dios.

SALMO

El Dios fiel es la fuerza de los testigos de su luz.

Salmo 138, 1-3. 13-14. 15 (R : 14 ab)

R
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R

SEGUNDA LECTURA

La misión de Juan Bautista y el testimonio que dio del Señor son inseparables de la predicación del Evangelio. Su llamada a la conversión sigue siendo actual, tanto más cuanto que Jesús la reiteró en los mismos términos.

Antes de que llegara Cristo, Juan predicó.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13,22-26

En aquellos días, dijo Pablo:
- Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos». Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: «Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias».
Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,76

Aleluya. Aleluya.
Recibamos con alegría el mensaje de Juan:
Dios nos da su gracia,
y su promesa de salvación
se ha cumplido en nosotros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos. Aleluya.

EVANGELIO

En la cultura bíblica, lo mismo que en otras, todavía hoy, la imposición del nombre, reservada al padre, es expresión de su autoridad sobre el hijo. Zacarías renuncia a este derecho. El nombre de este hijo que Dios le ha dado, escogiéndolo desde su nacimiento, será Juan. Como Jesús, Juan paso por una etapa de vida oculta, durante la cual se preparó, bajo la única mirada de Dios, para su misión pública a orillas del Jordán. Es en la soledad donde maduran las vocaciones.

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- ¡No! Se va a llamar Juan.
Le replicaron:
- Ninguno de tus parientes se llama así.
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- ¿Qué va a ser este niño?
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra de Dios.



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lunes, 15 de junio de 2015

21/06/2015 - 12º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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12º domingo Tiempo ordinario (B)


La furia del mar y su fuerza invencible excitaban la imaginación de los antiguos. Historias terroríficas de monstruos marinos lo presentaban como morada de las fuerzas misteriosas que levantaban las olas con violencia cuando alguien se atrevía a violar sus dominios. Sí. es verdad que el mar es temible, dice la Biblia, pero para proclamar, especialmente en los salmos, que Dios, su creador, ejerce sobre él, como sobre el universo entero, un poder absoluto. Es lo que repite el libro de Job, con imágenes llenas de poesía.
Jesús, un atardecer, dio prueba de esa autoridad calmando el mar enfurecido. Pero fue necesario que los discípulos, asustados, le suplicaran; porque, según dice san Marcos, «él estaba a popa, dormido sobre un almohadón», como inconsciente del peligro que amenazaba a la barca. Este detalle, junto con otros, hace de esta página del evangelio más que un simple relato de un prodigio especialmente admirable. El sueño de Jesús, la angustia de los discípulos y su falta de fe hacen pensar en los acontecimientos que se resumen al final del evangelio según san Marcos (Mc 16,10-14). Los que habían estado con Jesús están a punto de hundirse, ahogados por la duda, en el momento de su sepultura. No creían a los que anunciaban su resurrección de la muerte. Cuando se manifiesta a los once, les reprocha, lo mismo que aquí, su incredulidad, calmando inmediatamente su inquietud. Le habla al mar con la misma decisión y con los mismos términos que a los demonios: «Silencio, cállate!» (Mc 1,25). Y como es habitual en el evangelio según san Marcos, el relato acaba con la pregunta: «Pero quién es este para hablar y actuar con tal autoridad?». El evangelista, que escribe para cristianos, los está invitando a preguntarse por la firmeza de su fe.
La tradición ha visto en esta accidentada travesía del mar una imagen de la que conduce a la otra orilla de la vida, y en la barca, una imagen de la Iglesia, zarandeada por las tempestades, que amenazan con hundirla. Hay que gritar entonces con fe al que está a popa en la embarcación. El Padre lo ha despertado del sueño de la muerte; y él, aunque parezca que duerme, vela por los suyos; su autoridad sobre los vientos contrarios y las olas encrespadas nunca se relaja. Por consiguiente, no hay nada que temer cuando uno está «embarcado» con él. La barca arribará a su destino. El contorno de la otra orilla se perfila ya en el horizonte.

PRIMERA LECTURA

¿Cómo el Dios Creador que tiene poder sobre las fuerzas de la naturaleza, va a dejar que los suyos se hundan en las pruebas y tentaciones de la vida?

Aquí se romperá la arrogancia de tus olas.

Lectura del libro de Job 38,1.8-11

El Señor hablo a Job desde la tormenta:
«¿Quién cerró el mar con una puerta,
cuando salía impetuoso del seno materno,
cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales,
cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije:
“Hasta aquí llegarás y no pasarás;
aquí se romperá la arrogancia de tus olas”?».

Palabra de Dios.

SALMO

Dios no nos abandona cuando nos enfrentamos con las tempestades de la vida.

Salmo 106:23-26, 28-31 (R/. 1b)

R
Dad gracias al Señor,
porque es eterna su misericordia.

Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas inmensas,
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el océano. R

Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a lo alto;
subían al cielo, bajaban al abismo,
el estómago revuelto por el mareo. R

Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del mar. R

Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres. R

SEGUNDA LECTURA

Quien conoce a Cristo por la fe tiene presente su obra de salvación, tiene conciencia de haber llegado a ser en él una criatura nueva, lo pone en el centro de toda su existencia, pone su mirada en el mundo nuevo, que ya está presente y que un día se revelará a plena luz.

Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,14-17

Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos. Por tanto, no valoramos a nadie según la carne. Si alguna vez juzgamos a Cristo según la carne, ahora ya no. El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Palabra de Dios

ALELUYA Lc 7,16

Aleluya. Aleluya.
El Hijo de Dios, nuestro Maestro,
tiene poder sobre las fuerzas del mal. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Un gran Profeta ha surgido entre nosotros.
Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

Viaje a la Otra orilla; angustia de los discípulos; términos idénticos para mandar a los elementos desencadenados y a los demonios; calma recuperada después de la tempestad; pregunta por la identidad de Jesús, que se sorprende de la falta de fe de los suyos: todos estos elementos son los que hacen del relato de la tempestad calmada una parábola siempre actual.

¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,35-40

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vamos a la otra orilla».
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:
«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?».
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
«Silencio, cállate!».
El viento cesó y vino una gran calma. El les dijo:
«Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?».
Se quedaron espantados y se decían unos a otros:
«,Pero quién es este? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!».

Palabra de Dios.



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lunes, 8 de junio de 2015

14/06/2015 - 11º domingo Tiempo ordinario (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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11º domingo Tiempo ordinario (B)


Desde hace cuatro domingos, estimulados por san Marcos a mezclarnos con la muchedumbre, hemos visto a Jesús curar enfermos y expulsar demonios, incluso en sábado. «¿Pero quién es este? ¿De dónde le viene esa autoridad?». La pregunta se plantea a partir de este momento, y la respuesta que dan algunos hace presentir el drama de la pasión. «Y tú, ¿estás a favor o en contra de Jesús?», dice implícitamente el evangelista, invitando al lector a comprobar la solidez de su fe, o a ratificar, con mayor conocimiento de causa, su opción primera. Hoy se trata de escuchar atentamente un breve pasaje de su enseñanza en parábolas.
La expansión y la difusión del Evangelio han sido siempre un serio tema de reflexión. La predicación y los milagros de Jesús han suscitado el entusiasmo de las masas. Pero san Marcos indica sólo la presencia de algunas mujeres en el Calvario, y quien reconoce a Jesús como Hijo de Dios es un soldado pagano (Mc 15,39-40). Después de Pentecostés, el anuncio de la Buena Noticia congrega a una muchedumbre de discípulos, primero en Jerusalén, y luego en todo el Oriente Medio, hasta Roma. Con el tiempo, muchas de estas Iglesias han acabado extinguiéndose. Algunas de ellas han desaparecido a pesar de ser aparentemente muy sólidas, como por ejemplo las del norte de África, célebres por Sus grandes obispos y extraordinarios doctores como san Agustín. Hoy vemos marchitarse antiguas comunidades cristianas, mientras que la rama arrancada «del alto cedro» rebrota en tierras lejanas, donde ha sido plantada. Ante tales hechos, que pueden estudiarse acudiendo a diversos métodos de análisis, se imponen al creyente algunas certezas.
La palabra de Dios mantiene siempre su incomparable fecundidad e interpela nuestra libertad. Una rama arrancada de un árbol viejo puede florecer en otro lugar. De un tocón aparentemente muerto puede brotar un vigoroso retoño. Hay que dar tiempo al tiempo. Por mucho que una semilla tarde en germinar, no debemos desanimamos. El rechazo y la esterilidad no pueden originar ni justificar ningún tipo de fatalismo perezoso. «Caminando sin verlo», pero «guiados por la fe», llenos de confianza, debemos «esforzamos en agradar al Señor». La fuerza del Evangelio se desplegará sin duda en nosotros y a nuestro alrededor, más allá de lo que podamos esperar o imaginar. Estamos en el tiempo de la paciencia, no en el de la cosecha ni la retribución.

PRIMERA LECTURA

En esta profecía los cristianos han visto siempre un anuncio de la venida de Jesús, el ungido del Señor, nacido de la estirpe de Jesé, padre de David (Mt 1,5-6; Lc 3,32; Hch 13,22; Rm 15,12).

Ensalzo los árboles humildes.

Lectura de la profecía de Ezequiel 17,22-24

Así dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».

Palabra de Dios.

SALMO

La imagen del cedro plantado en la casa del Señor que seguirá dando fruto, hace pensar en las palabras de Jesús: « Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador»; «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 15,1-8).

Salmo 91, 1-2. 12-13. 14-15 (R. 1b)

R
Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad. R

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano;
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios. R

En la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad. R

SEGUNDA LECTURA

Como desterrados lejos de la patria, caminemos guiados por la fe esforzándonos en agradar al Señor, ya que nada se le escapa. Un día todo saldrá a la luz.

En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,6-10

Hermanos:
Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.

Palabra de Dios.

ALELUYA  

Aleluya. Aleluya.
De noche o de día, sin que se sepa cómo,
tu reino, Señor germina y va creciendo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
quien lo encuentra vive para siempre. Aleluya.

EVANGELIO

¿Quién no ha admirado alguna vez cómo una pequeña semilla germino y se convierte en un arbusto vigoroso, o en un gran árbol? Pero, para asistir a este crecimiento maravilloso, hay que tener paciencia y esperar a veces mucho tiempo. Así ocurre con la palabra de Dios, que es la semilla del Reino. El lenguaje sencillo de las parábolas encierra un sentido oculto cuya eterna novedad los discípulos han de esforzarse en descubrir.

Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,26-34

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. El duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.
La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». Dijo también: «Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas».
Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra de Dios.



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domingo, 7 de junio de 2015

12/06/2015 - El Sagrado Corazón de Jesús (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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El Sagrado Corazón de Jesús (B)


«El Dios santo» tiene un corazón de Padre. ¿Qué no ha hecho por sus criaturas desde los orígenes de la humanidad? Ha cuidado a los hombres como a frágiles niños de pecho, les ha enseñado a caminar, guiando sus pasos vacilantes, velando sin cesar para que no tropezaran y acudiendo en su auxilio cuando las piedras del camino los hacían caer. Tantas pruebas de amor no les impidieron rechazarlo. Cualquier otro hubiera renegado de unos hijos tan ingratos, los hubiera castigado por su conducta indigna, abandonándolos a su suerte. ¡El no! Porque es «Dios, y no hombre», perdona incansablemente. Más aún: es él quien da siempre el primer paso, quien «atrae» para que los pecadores «vuelvan» sobre sus pasos. Es el mensaje de Oseas, uno de los primeros «profetas-escritores».
Nadie, ni siquiera los «ángeles del cielo», hubiera podido imaginar que Dios podía ir más lejos en la demostración de su amor. Sin embargo, estaba escondido desde siempre el designio de una intervención que ha «realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro». El, «que habita por la fe en nuestros corazones», nos concede «que el amor sea nuestra raíz y nuestro cimiento»; nos hace capaces de comprender «lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano», nos ha dado a conocer «la multiforme sabiduría de Dios», «de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra».
En la cruz, el Cordero de Dios inmolado «el día de la Preparación», tiene el costado abierto. De su corazón traspasado ha salido sangre y agua. Meditando sobre la lanza que traspasó al crucificado, los cristianos han descubierto su sentido profundo: Cristo en la cruz ha abierto la fuente de la gracia que hace renacer, y los que beben del cáliz del Señor comulgan con su Pascua.
La liturgia de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús celebra al Padre lleno de ternura. Adorémoslo: es insondable «lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo» de su amor. Acerquémonos a él con la audacia que da una 9onfianza sin límites. «El que atravesaron» está en medio de nosotros, con el corazón y los brazos siempre abiertos para acoger a los que «lo miran».

PRIMERA LECTURA

Para expresar la increíble ternura de Dios, Oseas recurre a imágenes y maneras de hablar de un realismo y una audacia extraordinarios: Dios, un padre o una madre que llega incluso a «arrepentirse» y a cambiar de actitud hacia sus hijos infieles. Pero el recurso a este lenguaje no supone desconocer la trascendencia divina. Al contrario, puede comportarse así precisamente porque es «Dios, y no hombre».

Os anuncié de balde el Evangelio de Dios.

Lectura de la profecía de Oseas 11, 1.3-4.8c-9

Así dice el Señor: «Cuando Israel era joven, lo amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Yo enseñé a andar a Efraín, lo alzaba en brazos; y él no comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer.
Se me revuelve el corazón, se me conmueven las entrañas. No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».

Palabra de Dios.

SALMO

Mi Dios es grande y santo; a él dirijo mi alabanza. Su fuerza me salva; en él pongo mi confianza.

Salmo Is 12, 2-3. 4bc. 5-6

R
Sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

El Señor es mi Dios y Salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso. R

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«Qué grande es en medio de ti
el santo de Israel». R

SEGUNDA LECTURA

El amor incomparable, inimaginable, de Cristo ha puesto plenamente de manifiesto el amor infinito de Dios, a «quien tenemos libre y confiado acceso, por la fe en él». Ante este misterio, cuyo anuncio ha sido confiado a los hombres, sólo cabe «doblar las rodillas». Serían totalmente incapaces de anunciarlo si el Padre no les hubiera dado esa capacidad por medio de su Espíritu. El lirismo de este texto le da un aire de pieza litúrgica.

Comprendiendo lo que transciende toda filosofía: el amor cristiano.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 3,8-12.14-19

Hermanos: A mí, el más insignificante de todos los santos, se me ha dado esta gracia: anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo, y aclarar a todos la realización del misterio, escondido desde el principio de los siglos en Dios, creador de todo.
Así, mediante la Iglesia, los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora la multiforme sabiduría de Dios, según el designio eterno, realizado en Cristo Jesús, Señor nuestro, por quien tenemos libre y confiado acceso a Dios, por la fe en él.
Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo pro fundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 11,29ab

Aleluya. Aleluya.
«Mirarán
al que atravesaron». Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Cargad con mi yugo y aprended de mí
—dice el Señor—,
que soy manso y humilde de corazón. Aleluya.

O bien:

Aleluya, aleluya.
Dios nos amó y nos envió a su Hijo
como víctima de propiciación por nuestros pecados. Aleluya.

EVANGELIO

La referencia explícita al «día de la Preparación» de la Pascua y al Cordero pascual revela el verdadero significado de la crucifixión de Jesús, al que hay que mirar para salvarse. En el agua y la sangre que salen del costado de Cristo crucificado la tradición cristiana ha visto una evocación del bautismo y de la eucaristía, que son sacramentos pascuales. El día después del sábado se ha convertido en «el primer día de la semana» cristiana (Jn 20,1), el de la celebración semanal de la Pascua de Cristo y de la eucaristía.

Le traspasó el costado, y salió sangre y agua.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 19, 31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron».

Palabra de Dios.



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