lunes, 4 de mayo de 2015

10/05/2015 - 6º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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6º domingo de Pascua (B)


Amar y ser amado: es el deseo más profundo, la necesidad más vital del hombre y la mujer desde su más tierna infancia, y en todas las épocas de su vida. Pero ¿qué es el amor? Muchas respuestas, o más bien intentos de respuesta, se han dado a esta cuestión, sin llegar a satisfacer por completo. El amor, como la vida, escapa a todo intento de definición que pretenda expresar plenamente su naturaleza propia, irreductible a cualquier otra. La palabra, por otra parte, es de las más envilecidas; la búsqueda de amor puede llevar incluso por caminos que conducen a la depravación, y hasta el crimen. Sin embargo, san Juan escribe en su evangelio que Jesús, cuando «había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre», dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros». Y el apóstol al que Jesús tanto quería escribe también en su primera carta: «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor». «Amar» es, pues, en el núcleo mismo del «testamento» del Señor, la palabra que en cierto modo recapitula toda su enseñanza. Pero hay que entender el sentido que adquiere esta palabra, tomada del lenguaje corriente, al pasar al vocabulario cristiano.
«Dios es amor» (lJn 4,8). «Amar», por tanto, significa tener los mismos sentimientos de Dios, actuar gratuitamente, comportarse «como» Jesús con los suyos y, por decirlo todo, entrar en la comunión que une desde toda la eternidad y para siempre al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Esta es la razón de que ese amor, divino en su origen, revelado en lo que el Señor ha hecho, especialmente por su muerte, dé fruto y un fruto que «dure».
Esta es la buena noticia que la Iglesia y los cristianos debemos anunciar al mundo entero, no sólo de palabra, sino también, y sobre todo, con obras. Pues, por su amor infinito, «Dios no hace distinciones» entre los hombres. Acoge con igual benevolencia «al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea», es decir, acoge a todo el que está animado por un amor semejante al suyo. Todos tienen acceso al mismo bautismo, y están llamados a recibir el Espíritu que el Señor resucitado ha enviado desde el Padre, a compartir el pan de la vida y el cáliz de la salvación en la eucaristía, sacramento del amor de Dios y del amor fraterno universal.

PRIMERA LECTURA

San Lucas es autor de una obra en dos partes: el tercer evangelio y el libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 1,1-14). La primera parte la escribe para que el lector «conozca la solidez de las enseñanzas recibidas» (Lc 1,3-4). La segunda, más allá de la mero crónica de la Iglesia apostólica, pretende mostrar cómo la buena noticia ha sido anunciada, primero en Jerusalén, y luego, por impulso del Espíritu Santo y a través de diversas circunstancias, en el mundo entero. Esta ampliación de la misión se inicia con lo ocurrido en Cesarea, en casa de Cornelio, centurión romano. La manifestación inesperada del Espíritu Santo hace comprender a Pedro que «Dios no hace distinciones», y que también los paganos están llamados a recibir el bautismo y el don del Espíritu.

El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo:  -«Levántate, que soy un hombre como tú.»
Pedro tomó la palabra y dijo:  - «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.»
Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.
Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.
Pedro añadió:
- «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?»
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios.

SALMO

Canto nuevo de las naciones paganas, llamadas también a experimentar en su vida las maravillas del evangelio.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 (R. 2b)

R
El Señor revela a las naciones su salvación.
O bien:
Aleluya.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas;
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R

SEGUNDA LECTURA

En virtud de su origen divino, el amor fraterno del que aquí se trata es el criterio último del conocimiento íntimo de Dios.

Dios es amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos:
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
El Señor ya no nos llama siervos,
porque somos sus amigos.
Lo que ha oído a su Padre
nos lo ha dado a conocer. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

El evangelio de hoy, continuación del que leíamos el domingo pasado, explicita y desarrolla las enseñanzas de la alegoría de la vid: las relaciones de amor que la unión con Cristo establece entre los discípulos, y su fundamento en la intimidad del Hijo con el Padre; la nueva condición de los que el Señor elige para que sean sus amigos; la eficacia de la oración fraterna en nombre de Jesús.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y' permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis el Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra de Dios.



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lunes, 27 de abril de 2015

03/05/2015 - 5º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo de Pascua (B)


«Yo soy» En el evangelio según san Juan estas palabras introducen una revelación solemne sobre la identidad del Hijo de Dios, que ha venido al mundo para salvar a los hombres. Resuenan también como una apremiante exhortación a creer en Jesús para llegar a ser hijos de Dios. Así pues, Jesús dice: «Yo soy» (Jn 8,58) el pan de la vida (Jn 6,35), el pan vivo (Jn 6,51), la puerta (Jn 10,9), el buen pastor (evangelio del pasado domingo), el camino, y la verdad, y la vida (Jn 14,6).
Algunas de estas metáforas se encuentran ya en el Antiguo Testamento, especialmente la de la vid: numerosos textos, de géneros literarios distintos, la utilizan para hablar del pueblo elegido por Dios, rodeado de las delicadas y constantes atenciones de su amor fiel, y que a menudo se muestra desleal, no dando los frutos de justicia y santidad esperados.
Pero en el evangelio según san Juan, Jesús se llama a sí mismo «vid», la «verdadera vid», de la que su Padre es el viñador. La imagen remite a lo que ha proclamado en otro lugar (Jn 14,6): él es la vida, la vida que viene de Dios, su Padre, en quien él «permanece», fuente de toda vida desde el principio (Jn 1,4). Tiene poder para darla a todos los que creen en él. Como sarmientos vigorosos llenos de savia, los que «permanecen» unidos a él dan fruto abundante para la vida eterna. Todos los hombres sin distinción pueden injertarse, por la fe, en la cepa viva y vivificadora. Juntos forman la Iglesia que el Padre no cesa de purificar para incrementar su fecundidad hasta el infinito.
La pertenencia a esta vid se conoce por la verdad del amor fraterno, nacido del amor del Padre, manifestado en Jesús, su Hijo, difundido por el Espíritu Santo, y del que todos, cada uno según su propia vocación, estamos llamados a dar valiente testimonio.
La existencia cristiana y la vida de la Iglesia se encuentran así integradas en la dinámica de relaciones que unen al Padre, al Hijo y al Espíritu, a pesar de las pruebas, las infidelidades y los lamentables fracasos, ya que «Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo». La eucaristía es el sacramento —signo y prenda— de este admirable trueque.

PRIMERA LECTURA

Una comunidad que no cree que el encarnizado perseguidor de ayer haya podido convertirse, y no lo admite en su seno más que por la garantía de un hombre de confianza y buen juicio, amigos para los que este cambio es una traición inaceptable: nada realmente original en rodo esto. Pero lo que le ocurrió a Pablo encierra una enseñanza que conviene tener en cuenta: en la Iglesia, los carismas, las revelaciones y otras manifestaciones divinas privadas sólo son reconocidos como auténticos después de un serio examen.

Les contó cómo había visto al Señor en el camino.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9,26-31

En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO

No existe prueba que no pueda conducir a una resurrección; no hay perseguidor que no pueda convertirse en discípulo. Así es la obra de Dios, de la que conviene no olvidarse.

Salmo 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32 (J_26a)

R
El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
Aleluya.

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R

SEGUNDA LECTURA

Tercer tema de la primera carta de san Juan: el amor fraterno, «no de palabra, sino con obras», como criterio último de la pertenencia a Dios, de la comunión con él, fundada en el don del Espíritu; la fidelidad a los mandamientos y la fe en Jesús son garantía de la eficacia de la oración y la paz de la conciencia.

Éste es su mandamiento: que creamos y que amemos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 18-24

Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Y cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 15,4.5b

Aleluya. Aleluya.
Dichosos los sarmientos
injertados en la verdadera vid;
discípulos de Jesús,
son la gloria del Padre. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO

Condición para dar fruto que «permanezca» y «dé gloria al Padre» es estar firmemente unido a Jesús, la «verdadera vid». La palabra «permanecer» se repite ocho veces en estos ocho versículos, para expresar la unión entre el Padre y el Hijo, entre el Señor y los discípulos, llamados a entrar en la intimidad del Padre, del Hijo y del Espíritu.

El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 15,1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 20 de abril de 2015

26/04/2015 - 4º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo de Pascua (B)


Todo pastor experimentado conoce a sus ovejas y es capaz de distinguir las suyas de las demás. Las ovejas, por su parte, reconocen la voz de su dueño o el sonido de su silbido, y obedecen a su llamada. Un buen pastor vela diligentemente por su rebaño, lo protege de los peligros que lo amenazan, se da cuenta de las ovejas que están enfermas y las cura, y dedica cuidados especiales a las más débiles y a los corderos. Es normal, por tanto, que la imagen del buen Pastor ocupe un lugar importante en la Biblia, lo mismo que en la literatura de todos los pueblos de tradición pastoril, y que Jesús haya retomado esta imagen bíblica. Pero Jesús no dice: «Yo me comporto como un buen pastor», sino que proclama: «Yo soy el buen Pastor», aquel del que los demás no son más que fi- guras, el único que conduce a los suyos a la verdad y a la vida, con una autoridad que ningún otro posee, porque ha sido el Padre quien lo ha enviado y le ha confiado las ovejas. La alegoría del buen pastor es, junto con la de la viña, uno de los grandes textos revelados transmitidos por san Juan.
Jesús, como buen Pastor, ha llegado al extremo de dar la vida por sus ovejas. «Ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos», dice san Pedro delante del gran consejo. El reúne en un solo rebaño a los que el Padre le ha entregado; él es, con otra imagen, la piedra angular sobre la que se edifica la comunidad de los hijos de Dios, de la que todos los hombres están llamados a formar parte.
Por consiguiente, «rebaño» y «ovejas» no evocan en absoluto una masa de discípulos sin personalidad que siguen al pastor y lo obedecen balando. «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues, ¡lo somos! Sabemos que, cuando el Hijo de Dios se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es», escribe san Juan.
Es lo que realiza y prefigura la asamblea litúrgica convocada y reunida por el buen Pastor, que la encabeza. El nutre con su cuerpo y con su sangre a los que han escuchado su voz; los conduce paso a paso hacia el Padre; los envía a las ovejas que todavía no son de su redil. «Anunciad a todos la alegría del Señor resucitado. Podéis ir en paz». «Demos gracias a Dios, aleluya, aleluya».

PRIMERA LECTURA

Lo mismo que Jesús, los apóstoles tienen que dar explicaciones por el favor que le han hecho a un enfermo. Pedro responde proclamando que el milagro es signo de la salvación que sólo el Señor resucitado puede dar.

Ningún otro puede salvar.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4,8-12

En aquellos días, Pedro, lleno de Espíritu Santo, dijo:
-«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros.
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dios ha fundado su obra en la piedra desechada por lo arquitectos. Ha resucitado a aquel a quien los hombres habían despreciado.

Salmo 117 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29

R
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
O bien:
Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R

Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R

SEGUNDA LECTURA

Segundo tema de la primera carta de san Juan: aunque aún no se manifieste con total claridad, ya desde ahora somos hijos de Dios.

Veremos a Dios tal cual es.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-2

Queridos hermanos:
Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.
Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10,14

Aleluya. Aleluya.
Tiene, además, otras ovejas que no son de este redil.
Ellas escucharán su voz,
y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo soy el buen Pastor —dice el Señor—,
conozco a mis ovejas,
y las mías me conocen. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús no sólo se compara con un buen pastor (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7), sino que es «el buen Pastor». Mantiene con las ovejas una relación de conocimiento mutuo, fundada en el amor que el Padre les tiene, lo mismo que a él. Se ocupa de ellas y las defiende valientemente de todo peligro, porque son suyas. Ha entregado su vida por ellas para que haya «un solo rebaño, un solo Pastor». Ha recibido del Padre su poder y su mandato. Todo este conjunto de rasgos remite al misterio pascual, que manifiesta su pleno significado.

El buen pastor da la vida por las ovejas.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo, dijo Jesús:
- «Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

Palabra de Dios.



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lunes, 13 de abril de 2015

19/04/2015 - 3º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Pascua (B)


Sería vano el intento de determinar el número exacto de apariciones del Resucitado. Por otro lado, no se pueden ignorar las diferencias entre los diversos relatos, precisos y detallados, de los evangelios, del libro de los Hechos de los apóstoles y de las cartas de san Pablo. En función de su propósito y de su experiencia personal, cada autor hace su propia elección entre los testimonios transmitidos por tradición oral. Se recoge un detalle en vez de otro, se pone el acento en determinados puntos, en ciertos aspectos que han llamado más la atención., o que el evangelista considera en cada caso más importantes o significativos para su anuncio de la Pascua de Cristo. A veces, concentra en un solo relato y de manera original elementos procedentes de diversas fuentes, porque le parece que así puede dar cuenta de manera más convincente del acontecimiento pascual. Es el caso concreto de san Lucas, que escribe para que el lector «conozca la solidez de las enseñanzas que ha recibido» (Lc 1,3).
Es ejemplar el modo como cuenta lo ocurrido a los discípulos de Emaús, después de la muerte de Jesús, en la tarde de «aquel mismo día, el primero de la semana». Está claro que san Lucas vio en esta experiencia singular una especie de parábola del itinerario progresivo de la fe pascual, que poco a poco va tomando conciencia de la nueva y misteriosa presencia del Resucitado entre los suyos (Lc 24,13- 35). Pero el relato no acaba ahí. Los dos discípulos vuelven a Jerusalén, para compartir con los apóstoles y los demás discípulos lo que les ha sucedido. Y de pronto, el mismo Jesús se presenta en medio de ellos. Esta única aparición, por así decir, «oficial» que ha recogido san Lucas recapitula el sentido y el alcance de todas las manifestaciones pascuales de Cristo. Se aparece a los que ha escogido para hacerles ver, y hasta tocar, la realidad de su cuerpo resucitado. Descubre a sus discípulos el sentido de las Escrituras para que puedan anunciar que tienen su cumplimiento en la Pascua de Cristo. E instituye, finalmente, a los apóstoles como testigos de su resurrección.. Esto es, de hecho, lo que Pedro ha proclamado con fuerza desde el día de Pentecostés. En Jesucristo, el Justo, «tenemos a uno que abogue ante el Padre», escribe por su parte san Juan, exhortando a los discípulos a guardar fielmente la palabra y los mandamientos del Señor, porque de ese modo «ciertamente el amor de Dios llega en ellos a su plenitud».

PRIMERA LECTURA

Primer milagro realizado por un apóstol tras la partida del Señor: Pedro, «en nombre de Jesucristo», cura a un enfermo que pedía sólo una limosna. «El que fue crucificado ahora está vivo», proclama entonces el apóstol ante la muchedumbre atónita. La fuerza contundente del discurso de Pedro no supone que se haga recaer la responsabilidad directa de la muerte de Jesús sobre todo el pueblo, que se condene a Israel como deicida. Pero nos exhorta a todos, hoy como ayer a interrogarnos sobre el modo como nos situamos ante el Mesías muerto y resucitado «según las Escrituras», a convertirnos y a volver a Dios para obtener, por medio de Cristo, el perdón de los pecados.

Matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 3,13-15.17-19

En aquellos días, Pedro dijo a la gente:
- «El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y rechazasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Rechazasteis al santo, al justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos.
Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Liberado de la angustia de la muerte y ensalzado en la luz de la Pascua, Cristo nos ofrece la posibilidad de vivir en la dicha y en la paz de Dios.

Salmo 4, 2. 7. 9 (R.: cf. 7)

R
Haz brillar sobre nosotros
la luz de tu rostro, Señor.
O bien:
Aleluya.

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración. R

Hay muchos que dicen: «,Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?». R

En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo. R. R

SEGUNDA LECTURA

Tres temas capitales se entrelazan en la primera carta de san Juan: el rechazo del pecado,’ la adhesión a la certeza que ofrece la fe, y el amor a Dios que nos hace semejantes a él. El primero de ellos es el que sirve aquí de punto de partida para la reflexión. Dado que el pecado nos hace perder la semejanza con Dios, hay que evitarlo a cualquier precio, pero sin desesperar en caso de caída: Jesucristo, el Justo ofrecido como víctima de propiciación por los pecados del mundo entero, es nuestro abogado ante Dios.

Él es víctima de propiciación por nuestros pecados
y también por los del mundo entero

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis.
Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el justo.
Él es victima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.
En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos.
Quien dice: «Yo lo conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.
Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él.

Palabra de Dios.

ALELUYA cf. Lc 24, 32

Aleluya. Aleluya.
El ha hecho a sus apóstoles
testigos del perdón de los pecados
ofrecido a todos los hombres. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón
mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO

El epilogo del relato de los peregrinos de Emaús recapitula lo que san Lucas considera que hay que retener en relación con las apariciones del Resucitado. Los apóstoles, testigos «oficiales» de la resurrección del Señor, no han inventado nada ni han sido víctimas de ninguna alucinación: sus mismas dificultades para admitir la realidad de las apariciones constituyen una garantía. Ellos han podido constatar que se trata del crucificado en persona, y no de un fantasma. La resurrección del Señor tiene a su favor el testimonio de todas las Escrituras. Esto es lo que la Iglesia y los cristianos deben anunciar al mundo entero, siguiendo el ejemplo de los apóstoles.

Así estaba escrito: el Mesías padecerá
y resucitará de entre los muertos al tercer día

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice:
- «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo:
- «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
-«¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:
- «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:
-«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Palabra de Dios.



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lunes, 6 de abril de 2015

12/04/2015 - 2º domingo de Pascua (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Pascua (B)


El capítulo 20 del evangelio según san Juan acaba con el relato de dos apariciones del Resucitado. Son como las dos hojas de un díptico. En ambas el Señor ocupa el centro. Pero en una se dirige al conjunto de los discípulos que lo rodean, y en la otra, que evoca una nueva aparición «a los ocho días», destaca la figura de Tomás, ausente en la anterior manifestación del Señor. El paralelismo de las dos composiciones y los detalles que caracterizan a cada una de ellas ponen de relieve la complementariedad de sus enseñanzas.
«Al anochecer de aquel día, el primero de la semana», es el Señor mismo en persona quien anuncia el mensaje pascual a los discípulos, que «se llenaron de alegría»: él está vivo; a partir de ahora nada podrá impedir que se encuentre con ellos; les trae la paz, les otorga el Espíritu Santo, los envía a dar testimonio de su resurrección y a liberar a todos los hombres de las ataduras del pecado. «A los ocho días» se trata más directamente de los que «crean sin haber visto», aceptando el testimonio de los apóstoles y de los discípulos de las generaciones sucesivas. La proclamación de este evangelio se ha introducido todos los años el segundo domingo de Pascua, ya que relata una aparición del Resucitado que el mismo evangelista sitúa a los ocho días de la resurrección del Señor.
Los otras lecturas, por el contrario, varían según el ciclo. En primer lugar se encuentran tres cuadros, tomados del libro de los Hechos de los apóstoles, que describen en pocas pinceladas la Iglesia apostólica inmediatamente posterior a la resurrección. Las comunidades cristianas de todos los tiempos han visto en ellos el ideal que debían esforzarse en imitar.
Viene a continuación el anuncio, en forma de acción de gracias, de la Buena Noticia de la Pascua tal como la proclama la primera carta de san Pedro (ciclo A); el recuerdo de las consecuencias y las exigencias de la fe en Cristo (primera carta de san Juan: ciclo B), y, finalmente, un icono de Cristo en la gloria pintado a grandes rasgos por el autor del Apocalipsis (ciclo C).
El segundo domingo de Pascua sitúa así el Tiempo pascual en continuidad y en unidad con la celebración del misterio central de la fe cristiana, que ha de iluminar y guiar la vida de los creyentes.

PRIMERA LECTURA

Compartir, redistribuir los bienes para eliminar la pobreza, es un deber del que los cristianos han de dar ejemplo. Pero hoy es necesario, además, trabajar para cambiar las estructuras y los mecanismos económicos que permiten que unos se enriquezcan cada vez más mientras otros, la mayoría, son cada vez más pobres.

Todos pensaban y sentían lo mismo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-35

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.
Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

Palabra de Dios.

SALMO

La diestra del Señor es poderosa. Que los pobres se alegren.

Salmo 117, 2-4. 16ab-18. 22-24 (R.: 1)

R
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
O bien:
Aleluya.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Este es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R

SEGUNDA LECTURA

Tenemos aquí una breve pero rica variación, a modo de contrapunto, en torno a algunos temas por los que san Juan siente particular predilección: la fe, el amor de Dios, la filiación divina de los creyentes; la obediencia a los mandamientos; la victoria de Cristo y de los creyentes sobre el mundo; el don y el testimonio del Espíritu. Hay que leer y releer cada una de las afirmaciones y, a medida que van calando en nuestro interior volver a las anteriores, evitando sobre todo esquematizarlas, lo que sería un grave y peligroso reduccionismo.

Todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5, 1-6

Queridos hermanos:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquel que da el ser ama también al que ha nacido de él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Pues en esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 20, 29

Aleluya. Aleluya.
Jesús se puso en medio de ellos y les dijo.
Paz a vosotros. Aleluya.
No seáis incrédulos, sino creyentes.
Yo soy vuestro Señor y vuestro Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído
—dice el Señor—.
Dichosos los que crean sin haber visto. Aleluya.

EVANGELIO

Dos apariciones del Resucitado que tienen lugar en domingo, como la visión del libro del Apocalipsis. El Viviente que se presenta en medio de los suyos es el mismo que ha sido crucificado y sepultado. Los apóstoles constatan esta identidad, que pertenece al núcleo de la fe en la resurrección del Señor. La fe de la Iglesia se apoya en su testimonio unánime, reforzado por la experiencia singular de Tomás, situado en cierto modo entre dos generaciones de creyentes. Siendo solidario de los primeros testigos de la resurrección, tiene que hacer suyo el testimonio de los Otros. Su comportamiento no lo convierte en prototipo de los que esperan a ver para creer. Como no cesa de repetir san Juan, lo que nos recuerda es que la fe está más allá de los testimonios que la acreditan. implica y exige un reconocimiento personal de aquel a quien se dice: «¡Señor mío y Dios mío!». La respuesta del Señor: «No seas incrédulo, sino creyente», exhortación apremiante más que reproche, va dirigida desde entonces a cada uno de nosotros. «Dichosos los que crean sin haber visto»: estas son las últimas palabras que el evangelio dirige a todos los que creen que Jesús es el «Mesías, el Hijo de Dios» y, creyendo, reciben de él el perdón de los pecados y la efusión del Espíritu, con la misión de llevar al mundo la Buena Noticia de su resurrección.

A los ocho días, llegó Jesús.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-«Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó:
- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
«¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra de Dios.



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lunes, 30 de marzo de 2015

05/04/2015 - Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor (B)


Después de la larga y densa liturgia de la Noche pascual, la eucaristía del día de Pascua se desarrolla en un clima de paz, serenidad y alegría interior. Es momento de meditar la Buena Noticia que ha resonado intensamente durante la noche. Es momento también de releer, a la luz del acontecimiento pascual, el conjunto de la obra llevada a cabo por Jesús de Nazaret, que, «ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo», ofrece el perdón de los pecados a los que creen en él. «El testimonio de los profetas es unánime».
Ya que por el bautismo habéis pasado de la muerte a la vida, «buscad los bienes de allá arriba», dice san Pablo, «donde está Cristo sentado a la derecha de Dios». Cuando aparezca, «apareceréis, juntamente con él, en gloria» (Col 3,1-4). Por eso, «celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad» (1Co 55,8).
Por su parte, san Juan narra cómo «el primer día de la semana» María Magdalena, «Simón Pedro y el otro discípulo, a quilen tanto quería Jesús» descubren vacío el sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Jesús. María Magdalena piensa que se han llevado el cuerpo del Señor. Simón Pedro se queda perplejo al constatar que, aunque el cuerpo no está en el sepulcro, las vendas y el sudario se han quedado allí, cuidadosamente doblados. «El otro discípulo» creyó inmediatamente.
A través de un relato lleno de contenido, san Juan propone una reflexión sobre la fe. Esta no se impone como una evidencia: nace a partir de «signos» que es necesario descifrar. Algunos captan enseguida su significación. La mayoría, en cambio, requiere más tiempo para hacer esta lectura. Para otros no se trata de «signos», sino de enigmas. En cualquier caso, la fe no es una cumbre en la que uno se instala tranquila y definitivamente al término de un itinerario más o menos rápido y laborioso. Es respuesta de toda una vida, certeza que puede pasar por periodos de vacilación y duda. Es necesario renovarla, vivificarla, profundizar en ella sin cesar, por medio de una relectura ininterrumpida y atenta de las Escrituras, con la ayuda de los otros creyentes.
Que las demoras y vacilaciones de nuestra fe no nos impidan proclamar con fuerza y humildad: «Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!».

PRIMERA LECTURA

Las obras de Jesús son hechos comprobados. Pero para ver en ellas signos reveladores de su verdadera identidad, es necesaria una luz de lo alto transmitida por la Escritura, la predicción de un apóstol, el testimonio de un creyente. No es nadie de carne y hueso quien las revela, sino el Padre que está en el cielo (cf Mt 16,17). Es entonces cuando los hechos se convierten en artículos del credo. La resurrección de Cristo, cumbre del misterio de la fe, inaugura el tiempo de la salvación ofrecido a todos los hombres. Todo el que cree en Cristo recibe ya ahora el perdón de los pecados; pronto, el Señor, vencedor de la muerte, se manifestará como «juez de vivos y muertos». Este es, en toda su amplitud, el objeto de la fe apostólica y de la celebración pascual.

Hemos comido y bebido con él después de su resurrección.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
- «Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.»

Palabra de Dios.

SALMO

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Salmo 117, 1-2. 16ab-17. 22-23(R.: 24)

R
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo Ya hecho,
ha sido un milagro patente. R

SEGUNDA LECTURA

Muertos y resucitados con Cristo: esta es la condición de los creyentes tras el bautismo. Este cambio radical, aunque invisible, debe dar una orientación y una dinámica nuevas a su vida en todos los campos, no sólo es el normal.

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Palabra de Dios.

O bien

El bautismo hace del creyente un «ser pascual», y la eucaristía lo transforma en «pan de la Pascua». «Conviértete en lo que recibes: el cuerpo de Cristo», decía san Agustín al dar la comunión.

Quitad la levadura vieja  para ser una masa nueva.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 6b-8

Hermanos:
¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Quitad la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ázimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles
parte en tu victoria santa.

ALELUYA 1 Co 5, 7b-8a

Aleluya, aleluya.
Ha sido inmolada
nuestra víctima pascual: Cristo.
Así, pues,
celebremos la Pascua en el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Aquí tenemos un testimonio concreto del descubrimiento del sepulcro vacío: la colocación de las vendas y el sudario indica que no se han llevado furtivamente el cuerpo de Jesús. La reacción de Pedro y del «otro discípulo», alertados por María Magdalena, es muy significativa. Ambos acuden precipitadamente. Como era natural, el más joven llega antes, pero no quiere entrar en el sepulcro antes que Pedro, que es quien tiene la preeminencia en el grupo de los apóstoles. No obstante, esta condición no le confiere una perspicacia especia para comprender los signos. El otro «vio y creyó» inmediatamente. ¿Se trata de una perspicacia superior del corazón? Sin duda, pero más aún de una mejor y más rápida inteligencia de las Escrituras. Porque es siempre a la luz de estas como se revela el sentido de los signos, rotundos o sutiles, y como la mirada puede abrirse a las cosas de la fe.

Él había de resucitar de entre los muertos.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo:
-«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra de Dios.



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