lunes, 26 de septiembre de 2016

02-10-2016 - 27º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (C)


La vida personal, la vida de la Iglesia y la vida del mundo, a menudo ponen a prueba la fe. ¿Cómo Dios, siendo bueno, justo y todopoderoso, puede tolerar tantas injusticias y violencias, tantos males y sufrimientos? ¿Está sordo ante los desgarradores gritos de socorro que se elevan de todas partes? ¿Permanece tranquilamente indiferente ante todo lo que pasa? Estos interrogantes no son nuevos. Aparecen en casi todas las páginas del salterio. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?; a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no me respondes; de noche, y no me haces caso» (Sal 21,2-3). Jesús, en la cruz, «a gritos y con lágrimas», se dirige a su Padre, «que podía salvarlo de la muerte» (Hb 5,7). Que preguntas como estas surjan dolorosamente en el corazón de los creyentes no tiene nada de extraño ni de anormal y, como el profeta Habacuc, del que hoy leemos un texto, hay que atreverse a interpelar a Dios.
Él no responde directamente a los interrogantes que le formula el profeta, ni trata de hacer comprender las razones que explican su silencio y su aparente despreocupación. Lo que le dice es mucho más importante que todas las respuestas ocasionales que pudiera darle, por definición, de aplicación limitada: «No dudéis de mi fidelidad. El justo vivirá».
Una fe semejante es capaz de mover, de atravesar montañas de dificultades y pruebas, porque, a través de todo, el cristiano mantiene una confianza inquebrantable en Dios, quien, sin duda, intervendrá en su momento, en la ocasión más propicia para los que se mantienen fieles a él. Esta fidelidad es la de los servidores dichosos, satisfechos y agradecidos de haber sido hechos «dignos de servirlo en su presencia» (Plegaria eucarística II). No piden nada más. Y se abandonan a él para que reconozca que han hecho lo que debían. Porque recuerdan que Jesús, su Señor y Maestro, está «en medio de ellos como el que sirve».
No han recibido, «un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio», para «no avergonzarse de dar testimonio» del Evangelio del que son depositarios. Tienen la misión de guardar y anunciar con su vida «este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ellos».

PRIMERA LECTURA

Respuesta de Dios a los que lo interrogan: «No soy ciego, veo el mal que os escandaliza, oigo vuestros gritos de socorro. No os dejéis abatir confiad en mí tened paciencia como la tengo yo. No dudéis de que llegará el día de vuestra libe ración.

El justo vivirá por su fe.

Lectura del libro de Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?
¿Te gritaré: "Violencia", sin que me salves?
¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?
El Señor me respondió así: "Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.
La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;
si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.
El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe."

Palabra de Dios.

SALMO

El Señor no abandona la obra de sus manos. Permanece fiel a su pueblo.

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9

R
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva,
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R

SEGUNDA LECTURA

Una especie de «monición de ordenación» recordada a Timoteo para animarlo a volver sin cesar a la primavera de su compromiso al servicio del Evangelio. Todo cristiano puede escucharla pensando en su bautismo, donde también él recibió el Espíritu de fortaleza, de caridad y entendimiento, para guardar «este precioso depósito» y dar testimonio de él.

No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,6-8. 13-14

Querido hermano:
Aviva el fuego de la gracia de Dios que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio. No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor y por mí, su prisionero. Toma parte en los duros trabajos del evangelio, según las fuerzas que Dios te dé. Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y vive con fe y amor cristiano. Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya.
Tu palabra todopoderosa, Cristo,
sigue realizando maravillas.
Auméntanos la fe. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
La palabra del Señor permanece para siempre;
y esa palabra es el Evangelio que os anunciamos. Aleluya.

EVANGELIO

La fe puede hacer milagros: no prodigios ostentosos, sin sentido e inútiles, sino obras semejantes a las de Jesús. El que hace «todo lo mandado» no tiene motivo para gloriarse. ¿«Siervos inútiles»?, ¿ «pobres siervos»?, ¿ siervos «cuales quiera»? La diversidad de traducciones muestra lo difícil que es encontrar un término exacto. La recompensa recibida, inconmensurable con el trabajo realizado, será siempre una gracia y no algo debido.

¡Si tuvierais fe!

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,5-10

En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor:
- Auméntanos la fe.
El Señor contestó:
- Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería.
Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa»?
¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Palabra de Dios.



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lunes, 19 de septiembre de 2016

25-09-2016 - 26º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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26º domingo Tiempo ordinario (C)


Un oráculo más de Amós sobre los perjuicios de las riquezas. Esta vez no se trata de personas ávidas y codiciosas, sino de ricos que viven de acuerdo con su condición, sin hacer daño a nadie; de personas honradas, en definitiva. Pero ponen su confianza en las riquezas. Disfrutan de ellas sin preocuparse de lo que ocurre a su alrededor, de la crisis política y social que anuncia desastres inminentes. Su despreocupación es también olvido de Dios. Sus banquetes «en el monte de Samaria» son como un desafío a quien mora en Sión. «Acostados en lechos de marfil, arrellanados en divanes», se atiborran de alimentos que habrían podido ofrecerse en el altar del Templo, con los «perfumes exquisitos» con que se ungen. La desgracia caerá primero sobre esta «orgía de disolutos», que no son conscientes del peligro en que se encuentran. Al escuchar este oráculo, hay que estar atentos a no señalar a los demás con dedo denunciador y vengador. Más bien, cada uno debe interrogarse sobre qué parte de escándalo puede estar aportando con su existencia, qué sentido tiene la vida que lleva, y finalmente, y sobre todo, en qué o en quién se apoya: ¿en Dios o en su fortuna?
San Lucas, después de la parábola del administrador infiel pero previsor, ha introducido la del hombre rico y el pobre Lázaro. En la línea de la tradición bíblica, según la cual nadie es realmente propietario de lo que posee, el evangelista hace del desprendimiento de los bienes terrenos una exigencia indispensable en la vida de los discípulos de Cristo. El libro de los Hechos de los apóstoles pone de manifiesto cómo en la comunidad cristiana ideal no hay pobres, porque los ricos comparten sus bienes con los indigentes.
La parábola, que sólo él recoge, presenta a dos hombres, uno rico y otro pobre, aunque sin calificarlos de «malo» al primero y «bueno» al segundo. El rico no ha hecho nada malo; no ha visto al mendigo «echado en su portal, cubierto de llagas», sin que nadie le diera siquiera las migajas que tiraban de su mesa, ricamente servida. Y esto es precisamente lo grave. Al morir, el rico se encuentra con las manos vacías. El mendigo, en cambio, es recibido por Dios, su auxilio. Todos debemos «practicar la justicia y la piedad», guardando «el mandamiento sin mancha ni reproche», el mandamiento del Señor: el amor a los demás, especialmente a los pobres.

PRIMERA LECTURA

«La orgía de los disolutos» es responsable de un doble pecado: el goce egoísta del momento presente y la injuria contra los pobres al hacer alarde de opulencia. La fiesta será breve y el despertar brutal. La mención de los «carneros del rebaño» y de las «terneras del establo», reservados para los sacrificios del Templo, así como de los cantos realizados «como David», sugiere el carácter sacrílego de sus banquetes.

Los que lleváis una vida disoluta iréis al destierro.

Lectura del libro del profeta Amós 6,1a. 4-7

Esto dice el Señor todopoderoso:
- ¡Ay de los que se fían de Sión! ¡Ay de los que confían en el monte de Samaria!
Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales, bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres de José.
Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos.
Se acabó la orgía de los disolutos.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios, defensor de los pobres, que venga tu reino de justicia.

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10

R
Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R

El Señor sustenta al huérfano y a la viuda,
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R

SEGUNDA LECTURA

La fe se encuentra aquí asociada al amor a la esperanza y a la «delicadeza», virtudes fuertes, características del cristiano. «Practicar la justicia y la piedad» alude a las relaciones con los otros y con Dios.

Guarda el mandamiento hasta la venida del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 6,11-16

Hermano, siervo de Dios:
Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. Y ahora, en presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor e imperio eterno. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2 Co 8,9

Aleluya. Aleluya.
El pobre está a nuestra puerta:
abrámosle el corazón,
hagámosle sitio en nuestra mesa. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriqueceros con su pobreza. Aleluya.

EVANGELIO

«Un hombre rico»: no hace nada malo; viste y vive como un rico. «Un mendigo»: ahí está, vestido de harapos, hambriento, enfermo, como un pobre, simplemente, no pide nada. La riqueza impide al primero ver al segundo, que está a su puerta. Cuando muere el mendigo, con razón llamado Lázaro —«Dios ha socorrido»—, lo llevan a la morada de los justos. El rico, por su parte, al morir, se encuentra solo. Lázaro, del que hubiera debido hacerse amigo, ya no puede hacer nada ni por él ni por los suyos. Hay «Alguien» que ha resucitado de entre los muertos, «según las Escrituras»: un signo para los que «escuchan a Moisés y a los profetas»; para los demás, algo sin fuerza convincente.

Recibiste tus bienes, y Lázaro males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,19-31

En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
- Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día.
Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.
Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán.
Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó:
- Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.
Pero Abrahán le contestó:
- Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces.
Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.
El rico insistió:
- Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.
Abrahán le dice:
- Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.
El rico contestó:
- No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.
Abrahán le dijo:
- Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.

Palabra de Dios.



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lunes, 12 de septiembre de 2016

18-09-2016 - 25º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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25º domingo Tiempo ordinario (C)


Con una violencia poco común, el profeta Amós fustiga la conducta de los que se enriquecen a costa de los pequeños y los pobres. ¿Quién no aprobará sus ardientes palabras? Efectivamente, denuncian comportamientos ignominiosos. Intolerables para los hombres, lo son infinitamente más todavía para Dios. Pero uno podría pensar que una diatriba como la de Amós está dirigida sólo contra un puñado de desvergonzados explotadores de la miseria de los pobres, y que hasta es un poco exagerada; y en cualquier caso, que no va personalmente con uno. Sin embargo, hay que reconocer que no hace falta ser excepcionalmente rico y poderoso para abusar de la propia posición y sacar provecho de ella, si no de .una manera realmente escandalosa, sí al menos con apariencias de honradez, gracias a una utilización hábil de la legislación. Hay muchas maneras de poner a los más débiles a nuestro servicio. En todo caso, la Escritura no se lee en la asamblea para que la escuchemos mirando a los otros, diciéndo: «Te doy gracias, Señor, porque no soy como esos de los que hablas. Yo...».
La fidelidad al Evangelio requiere mucho más que la simple honradez legal en el uso y gestión de los propios bienes. Es lo que dice una parábola de Jesús, a primera vista bastante desconcertante, ya que hace un elogio sorprendente de la «astucia» de un administrador infiel. Despedido por su jefe a causa de sus derroches y malversaciones, se cubre las espaldas haciendo de los deudores de su amo personas que le deben agradecimiento y que lo ayudarán cuando se encuentre en la calle.
Vosotros, «los hijos de la luz», sed tan astutos como «los hijos de este mundo», dice Jesús. El dinero es injusto y, por otra parte, no os pertenece: es un bien ajeno. ¡Que os queme en las manos! Haced de él un uso acertado dándolo a los pobres, para que «os reciban como amigos en las moradas eternas». No os llevaréis nada de aquí abajo, sino el capital del amor que no pasa, ganado a base de desembarazarse de las riquezas perecederas. ¿Cómo queréis que Dios os confíe un día lo que para él es más importante si hoy defraudáis su confianza en la gestión de los bienes materiales de la creación que se han puesto a vuestra disposición? «No podéis servir a Dios y al dinero». «Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos».

PRIMERA LECTURA

Amós es un profeta, no un revolucionario de discursos incendiarios. Habla en nombre del Señor «gloria del pueblo, defensor de los oprimidos sin voz. No puede tolerar que los pobres se empobrezcan cada vez más, víctimas de la avidez de los ricos. Que se conviertan los ricos, pero también los que, acomodándose a la injusticia, se hacen sus cómplices, aunque sólo sea con su silencio.

Contra los que compran por dinero al pobre.

Lectura del libro del profeta Amós 8,4-7

Escuchad esto los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender el trigo, y el sábado para ofrecer el grano?
Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo.
Jura el Señor, por la Gloria de Jacob, que no olvidará jamás vuestras acciones.

Palabra de Dios.

SALMO

El que levanta al desvalido y alza de la basura al pobre es semejante al Señor su Dios.

Salmo 112, 1-2. 4-6. 7-8

R
Alabad al Señor, que ensalza al pobre.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre el cielo;
¿quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?  R

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R

SEGUNDA LECTURA

Especialmente en la liturgia, la oración de acción de gracias y de intercesión debe estar en contacto directo con la vida diaria y universal. Se dirige a Dios «por nuestro Señor Jesucristo, su Hijo», ante cuyos ojos todos tenemos un valor incalculable.

Pedid por todos los hombres a Dios, que quiere que todos se salven.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2,1-8

Querido hermano:
Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los que están en el mundo, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro. Eso es bueno y grato ante los ojos de nuestro Salvador, Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y uno sólo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol -digo la verdad, no miento-, maestro de los paganos en fe y verdad.
Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Co8,9

Aleluya. Aleluya.
Al que es de fiar en lo menudo
Dios le confía sus tesoros. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre,
para enriqueceros con su pobreza. Aleluya.

EVANGELIO

Sed más astutos aún que el administrador que sabe prepararse su inmediato futuro, dice el Señor Dad vuestro dinero a los pobres, y así tendréis amigos que os reciban cuando os presentéis a las puertas de las moradas eternas, donde ellos estarán en su casa.

No podéis servir a Dios y al dinero.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
[Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
- ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.
El administrador se puso a echar sus cálculos:
- ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:
- ¿Cuánto debes a mi amo?
Éste respondió:
- Cien barriles de aceite.
Él le dijo:
- Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».
Luego dijo a otro:
- Y tú, ¿cuánto debes?
Él contestó:
- Cien fanegas de trigo.
Le dijo:
- Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.]
El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro ¿quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Palabras de Dios.



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domingo, 11 de septiembre de 2016

14/09/2016 - La Exaltación de la Santa Cruz (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Exaltación de la Santa Cruz (C)


En el siglo IV se veneraba en Jerusalén, con gran devoción, una reliquia de la cruz de Cristo. En el año 325 se consagraron el mismo día dos basílicas: «el Martyrium», en el Gólgota, y «la Anastasis», dedicada a la resurrección del Señor. Testimonios de los años 383-385 afirman que el 13 de septiembre tenía lugar una celebración en la primera iglesia, y el 14, en la segunda. La presentación solemne de la cruz era la cumbre de esta doble liturgia. La celebración del 14 de septiembre se difundió rápidamente por Oriente, donde todavía hoy sigue siendo una gran fiesta. En Roma, el emperador Constantino (306-337) hizo construir, en el lugar que antes ocupaba un palacio, residencia de su madre, santa Elena, una iglesia llamada «Jerusalén» hasta el siglo XI, cuando recibió el nombre de «Santa Cruz de Jerusalén». Pero la fiesta del 14 de septiembre no se celebró en la liturgia latina hasta el siglo VII. La reforma litúrgica del Vaticano II, en sintonía con las Iglesias orientales, le ha devuelto la importancia del principio; desde entonces, como fiesta del Señor, sustituye al domingo cuando el 14 de septiembre coincide con este día de la semana.
El evangelio que hoy se propone es el mejor atestiguado por la tradición y, ciertamente, el que más relación tiene con el objeto de la fiesta. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz de Cristo es el signo resplandeciente de este amor. La muerte de Jesús, exaltado a la gloria del Padre por su obediencia, es causa de la salvación de todos los hombres. El madero del suplicio en el que expiró el Hijo de Dios, que tomó la condición de esclavo, se ha convertido en el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, al mismo tiempo que en emblema de nuestra salvación y promesa de nuestra participación en la gloria del Señor. Desde el sacramento del nacimiento a la vida divina, pasando por todos los demás sacramentos, hasta el que conduce al umbral de la vida eterna, el cristiano está marcado por el signo de la cruz. La cruz está presente en las casas y en las iglesias, como en otro tiempo la serpiente de bronce que salvaba a los que la miraban. Pero aquí se trata de la salvación eterna al final de nuestro éxodo terreno. Sin embargo, la adoración de la cruz no es la adoración de un símbolo. Cuando nos arrodillamos delante del signo de nuestra redención, estamos adorando el nombre de Jesús y al Padre que «lo levantó sobre todo».

PRIMERA LECTURA

El éxodo es una especie de pará bola de toda la historia de la salvación, un espejo en el que el pueblo de los creyentes de todos los tiempos puede ver la imagen de sus continuas infidelidades. Es también una parábola del comportamiento de Dios con quienes lo abandonan. Se esfuerza en hacerlos volver al buen camino, haciéndoles tomar conciencia de su pecado. Al primer signo de arrepentimiento, en cuanto se vuelven de nuevo hacia él, él los salva. El episodio de la serpiente de bronce es un ejemplo memorable. Dios interviene de una manera inesperada, convirtiendo lo que era causa de muerte en motivo de salvación.

Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Lectura del libro de los números 21,4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
- ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO

Una serpiente de bronce erigida en el desierto, una cruz levantada en el Gólgota: Dios no se cansa nunca de curar y perdonar.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R
No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R

SEGUNDA LECTURA

Fragmento de un himno litúrgico muy antiguo. Rebajamiento voluntario de la condición divina a la humana, muerte en una cruz por nuestra salvación, exaltación en la gloria del Padre: es el itinerario pascual de Cristo Jesús. Reconocer en él al Salvador es alcanzar la vida.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario,
se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya .
Gloria a ti, Señor Jesús,
que no vienes para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido al mundo, Aleluya.

EVANGELIO

Cristo elevado en la cruz es revelación del amor de Dios y causa de salvación para todos los que lo miran con fe.

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Palabra de Dios.



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lunes, 5 de septiembre de 2016

11-09-2016 - 24º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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24º domingo Tiempo ordinario (C)


Dios, rico en misericordia, está siempre dispuesto al perdón; es algo que la Biblia no demuestra, sino que atestigua. Los creyentes viven en esta certeza. Su fe se expresa de forma muy concreta, especialmente en sus oraciones e intercesiones. En esta línea, casi todos los salmos, incluso los «salmos de alabanza», dejan un espacio a la petición de perdón o al recuerdo de las innumerables manifestaciones de la misericordia de Dios. El hombre, efectivamente, no puede presentarse ante él sin reconocerse pecador y darle gracias por su infinita bondad. Cuando se trata del pecado de todo el pueblo, la petición de perdón invoca la fidelidad de Dios a la alianza y apela al honor de su nombre. Así es la oración de Moisés. Dios no quiere la muerte del pecador; él no desespera de que cambie de conducta. Los profetas no han dejado de proclamarlo, exhortando a no poner a prueba la paciencia divina. Juan Bautista, el último de ellos, lo pregonaba a la gente: «Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Producid el fruto que la conversión pide» (Lc 3,7-8).
Después de él, Jesús proclama que no hay tiempo que perder: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha» (Lc 13,24). Muchos publicanos y pecadores reciben estas palabras como una buena noticia. Han acudido a Jesús, y él los ha recibido bien. Como ocurre aún hoy con cierta frecuencia, algunos de los cumplidores fieles y generosos de la Ley se quedan perplejos. Jesús responde a sus reproches proponiendo tres parábolas. Dios no se resigna a que se pierda ni siquiera uno solo de los suyos. Al contrario, va en su busca, y cuando lo encuentra su alegría se desborda. Es como un padre que espera con ansiedad el regreso de un hijo suyo que se ha marchado lejos. Cuando vuelve a casa lo recibe con los brazos abiertos, se olvida de sus malas acciones, no piensa más que en celebrar la vuelta a la vida del hijo pródigo, e invita a los hijos que han permanecido con él a que se alegren de que su hermano haya vuelto a ocupar su lugar entre ellos.
Abundan los ejemplos admirables de esta misericordia divina. Es especialmente memorable el del perseguidor Saulo, convertido en el apóstol Pablo. Pero todos nosotros somos pecadores perdonados. Celebremos, pues, con alegría la eucaristía, banquete que el Padre ha preparado para sus hijos pródigos que somos nosotros. «Honor y gloria al único Dios, por los siglos de los siglos».

PRIMERA LECTURA

Moisés reconoce que el pueblo ha pecado, que es un pueblo de dura cerviz. No alega circunstancias atenuantes. Apela a la fidelidad del amor del Señor Como toda oración, la intercesión es profesión de fe en Dios, siempre dispuesto a perdonar al pecador que vuelve a él.

El Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado.

Lectura del libro del Éxodo 32,7-11. 13-14

En aquellos días dijo el Señor a Moisés:
- Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un toro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: «Éste es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto».
Y el Señor añadió a Moisés:
- Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo.
Entonces Moisés suplicó al Señor su Dios:
- ¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac y Jacob a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre».
Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

«Tener misericordia», «mostrar compasión», son acciones que evocan el gesto de inclinarse, de abajarse hacia alguien. La «misericordia», una de las palabras-clave de la alianza, es el amor paterno animado por una generosidad dinámica, que brota del corazón.

Salmo 50, 3-4. 12-13. 17 y 19; cf Lc 15,18

R
Me pondré en camino adonde está mi padre.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R

Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado,
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R

SEGUNDA LECTURA

Un perseguidor encarnizado convertido, transformado por la gracia de Dios, sin ningún mérito personal. Un perdón tan generoso que el blasfemo recibe el ministerio de apóstol. ¿Quién podrá dudar aún de la infinita misericordia divina, capaz de transformar de manera tan radical a un pecador?

Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1,12-17

Doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio.
Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un violento. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía, Dios derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor cristiano. Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA 2Co 5,19

Aleluya. Aleluya.
Podemos fiarnos y aceptar sin reserva
que Cristo Jesús vino al mundo
para salvar a los pecadores. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

Dios envió a su Hijo a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Que todos se dispongan a participar de su alegría.

Habrá alegría en el cielo por un pecador que se convierta.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-32

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los letrados murmuraban entre ellos:
- Ése acoge a los pecadores y come con ellos.
Jesús les dijo esta parábola:
- Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles:
«¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido».
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, reúne a las vecinas para decirles:
«¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido».
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.
[También les dijo:
- Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
«Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».
Se puso en camino adonde estaba su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
«Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».
Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado».
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y, llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».
El padre le dijo:
«Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado».]

Palabra de Dios.



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lunes, 29 de agosto de 2016

04-09-2016 - 23º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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23º domingo Tiempo ordinario (C)


Jesús no tiene nada de demagogo que trata de seducir a las masas con atrayentes promesas. Insiste, por el contrario, sin compromisos y de la manera más tajante, en las renuncias que han de hacer los que quieran seguirlo: ponerlo a él por encima de todos sus afectos, anteponerlo a su propia vida, llevar la cruz.
Él no ignora ciertamente el mandamiento del Decálogo sobre el amor y los deberes para con los padres. Por lo demás, sus exigencias perderían fuerza sin una altísima valoración del amor al padre, a la madre, a la mujer, a los hijos, a los hermanos y hermanas. Jesús amó de verdad y profundamente a los suyos, a sus amigos, a sus discípulos. Pero sólo su vinculación al Padre y a su voluntad tenía para él un valor absoluto.
Un día, a los doce años, se aleja de María y de José para «estar en la casa de su Padre» (Lc 2,41-5 1). En otra ocasión deja que su madre y sus parientes esperen fuera hasta que él acaba de instruir a la multitud que se agolpa en la casa (Lc 8,19-21). En fin, renuncia a su propia vida por fidelidad a la voluntad del Padre y a su misión. Si Jesús pide a sus discípulos que no antepongan nada a él, es por las mismas razones. Por tanto, no tiene nada que ver con el sometimiento servil a las exigencias o a las doctrinas impuestas por un hombre a sus partidarios.
Una vez que se ha optado por Cristo, no hay que mirar atrás ni cuestionar el compromiso. Pero sí es necesario verificar regularmente si se toman las medidas necesarias para ir avanzando y librar victoriosamente los combates por los que inevitablemente ha de pasar la fidelidad al Evangelio. A veces puede uno encontrarse en la necesidad de tomar decisiones arriesgadas, como san Pablo, que acoge a un esclavo fugitivo y le pide a su amo que, a partir de entonces, lo considere como a un hermano. Es un ejemplo que merece la pena tener en cuenta, ya que actualmente hay circunstancias en las que, en nombre del Evangelio y de la caridad, se puede encontrar inspiración en él.
Actuar en todas las cosas y en todas las circunstancias de acuerdo con las intenciones y la voluntad del Señor: eso es lo que exige la fidelidad al Evangelio, locura según el juicio de los hombres, pero, con el Espíritu, «sabiduría enviada desde el cielo».

PRIMERA LECTURA

El Espíritu Santo da a conocer los designios de Dios, no deforma especulativa, sino en la experiencia de la fe y de la vida. Esta certeza impide al creyente ceder al pesimismo y la desilusión inspirados en la sabiduría humana.

¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Lectura del libro de la Sabiduría 9,13-18

¿Qué hombre conoce el designio de Dios,
quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos
y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma
y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
¿Pues quién rastreará las cosas del cielo,
quién conocerá tu designio, si tú no le das sabiduría
enviando tu Santo Espíritu desde el cielo?
Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres,
los hombres aprenderán lo que te agrada;
y se salvarán con la sabiduría los que te agradan, Señor,
desde el principio.

Palabra de Dios.

SALMO

El pensamiento del hombre es vacilante y su espíritu torpe. Sólo el corazón habitado por el Espíritu penetra en la verdadera sabiduría.

Salmo 89, 3-4. 5-6. 12-13. 14 y 17

R
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna. R

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca. R

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos. R

SEGUNDA LECTURA

La fidelidad al Evangelio puede exigir en muchos casos que se hagan cosas poco razonables desde el punto de vista de la sabiduría humana.

No como esclavo sino como hermano querido.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Filemón 9b-10. 12-17

Querido hermano:
Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, para que me sirviera en tu lugar en esta prisión que sufro por el Evangelio; pero no he querido retenerlo sin contar contigo: así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad. Quizá se apartó de ti para que le recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido. Si yo le quiero tanto, cuánto más le has de querer tú, como nombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, recíbelo a él como a mí mismo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 118,135

Aleluya. Aleluya.
¿ Cómo es posible seguirte, Señor Jesús,
sin escuchar antes tu Palabra? Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus leyes. Aleluya.

EVANGELIO

A medida que se avanza en el seguimiento de Cristo se va mostrando cada vez más el valor de esta opción y la importancia de las fuerzas que hay que desplegar para librar victoriosamente el combate. Pero no es una razón para renunciar Es necesario reiterar constantemente, cada vez con mayor conocimiento de causa, la opción inicial por Cristo, a quien nada se puede anteponer

El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 14,25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
- Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Palabra de Dios.



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