lunes, 20 de octubre de 2014

26/10/2014 - 30º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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30º domingo Tiempo ordinario (A)


Los cinco primeros libros de la Biblia —Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio— forman el Pentateuco, que es fruto de una historia literaria larga y compleja. Se conoce también con el nombre de «Torá», o «Ley», o incluso como «Ley de Moisés». En el estado actual del libro del Éxodo, el texto del «Decálogo», las «Diez palabras», como dicen los judíos, va seguido de lo que se conoce hoy como el «Código de la alianza». Es una serie de prescripciones redactadas más tarde, bastante después de la salida de Egipto. Dado que precisan el sentido y las aplicaciones concretas de los mandamientos grabados en las «Tablas de la Ley» entregadas en el Sinaí, se presentan y consideran como transmitidas por Moisés siguiendo órdenes de Dios. Este origen divino las distingue de los códigos elaborados por los hombres. Como parte integrante de la carta fundacional del pueblo de Dios, reflejan la experiencia que hizo tomar a este pueblo mayor conciencia de la extensión y alcance de la primera legislación.
Al proclamarlas, el Señor se revela como cercano a los suyos. Se acerca personalmente a cada uno. Vela personalmente por la aplicación de sus preceptos, en particular los concernientes al comportamiento con los pobres y los débiles, ya que la manera de tratarlos a ellos le afecta directamente. Lo cierto es que Dios es todo lo contrario a un legislador frío y lejano. Consiguientemente, la obediencia a esta Ley y la conducta que promueve excluyen toda forma y todo espíritu de ese legalismo que amenaza sin cesar y que Jesús combatió con renovado esfuerzo.
«La Ley entera y los profetas» dependen del doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Este excluye toda interpretación y toda aplicación concreta de las prescripciones de la Ley que le sean contrarias. El amor a Dios y al prójimo es el criterio último de la conducta conforme a la voluntad de Dios. Y se aplica siempre y en toda circunstancia, sin excepción.
¡No se puede regatear con las exigencias del amor! Creer es acoger, «con la alegría del Espíritu Santo», la palabra del «Dios vivo y verdadero», llevada a perfecto cumplimiento por el Hijo, la Palabra hecha carne, y traducirla en obras en todas las circunstancias de la vida ordinaria.

PRIMERA LECTURA

Que el recuerdo de los malos tratos que habéis soportado, o que han sufrido personas cercanas a vosotros, os guarde de hacer vosotros otro tanto con los demás; no os aprovechéis de la situación de los pobres y los indigentes, dice el Señor Sus gritos suben hasta mí. Yo les haré justicia.

Si explotáis a viudas y huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.

Lectura del libro del Éxodo 22, 20-26

Así dice el Señor:
«No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto.
No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque, si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, dejando a vuestras mujeres viudas y a vuestros hijos huérfanos.
Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? Si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.»

Palabra de Dios.

SALMO

Acción de gracias y alabanza a Dios. Él es mi fuerza salvadora, mi baluarte, y me libra de mis enemigos.

Salmo 17, 2-3a. 3bc-4. 47 y 51ab(R.: 2)

R
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R

Viva el Señor, bendita sea mi Roca,
sea ensalzado mi Dios y Salvador.
Tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia de tu Ungido. R

SEGUNDA LECTURA

El anuncio del Evangelio esfuerza del Espíritu Santo, decía san Pablo el domingo pasado. El lo había experimentado personalmente al fundar la comunidad de Tesalónica. Ahora se lo recuerda a los nuevos cristianos de esa ciudad, animándolos a confiar cada vez más en la Palabra, que han acogido en medio de innumerables pruebas (Hch 17,1 -15).

Abandonasteis los ídolos para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 5c-10

Hermanos:
Sabéis cuál fue nuestra actuación entre vosotros para vuestro bien. Y vosotros seguisteis nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo. Así llegasteis a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya.
Desde vuestra Iglesia, la palabra del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes. Vuestra fe en Dios habla corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 14, 23

Aleluya. Aleluya.
Amar a Dios con todo el corazón,
Y al prójimo como a uno mismo
sostiene la Ley entera y los profetas. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra
-dice el Señor-,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. Aleluya.

EVANGELIO

Todavía hoy seguimos preguntándonos por el mandamiento más importante, y no siempre con recta intención. La respuesta de Jesús, clara e inapelable, no deja lugar a ningún tipo de casuística reductora: nunca se han satisfecho bastante las exigencias del doble mandamiento.

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús habla hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
-«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo:
-«"Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser."
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo."
Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

Palabra de Dios.



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lunes, 13 de octubre de 2014

19/10/2014 - 29º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (A)


En el catálogo de los santos están inscritos reyes y reinas y algunos grandes hombres de Estado. Pero entre ellos, son pocos los que pertenecen a la historia moderna. Y es que la Iglesia no se prodiga en la canonización de tales personalidades, por admirables que sean. Enfrentados a situaciones complejas, en medio de un gran pluralismo de opiniones religiosas y de otros órdenes, con presiones, a menudo incontrolables, de todo tipo, los responsables políticos, especialmente en nuestros días, se ven obligados a tomar, a veces, decisiones más o menos alejadas del ideal evangélico. En todo caso, tanto para ellos como para los más humildes, el juicio de la Iglesia se refiere sólo a lo que se llama «heroicidad de las virtudes». Pero ha ocurrido que, queriendo o sin querer, algunos «reyes» han sido en su época instrumentos en manos de Dios. Se ha constatado después. Así es como Isaías evoca la actuación del «Ungido, Ciro», sin dejar de recordar que Dios es el único y verdadero Señor.
Hay que guardarse, pues, de considerar a cualquiera como un «hombre providencial» al que se debe sumisión ciega. Incluso el aprecio y la deferencia legítima hacia cualquier autoridad impone cierta vigilancia y actitud crítica. Así es como han actuado siempre los profetas. A quien pretendía establecer el reino de Dios, le decían: «No, tú no eres el Mesías que ha de venir a instaurar el Reino prometido!». Por tanto, hay que evitar cualquier confusión entre el cielo y la tierra, entre la ciudad terrena y la ciudad del cielo.
Otro error consiste en decir: «Hay que elegir: o Dios o el César; lo que se le da a uno se le quita al otro». Esta manera de hablar rara vez va desprovista de segundas intenciones. Se invocan los deberes para con el César para eludir lo que se debe a Dios, o viceversa, cuando no se hace alternativamente, según la conveniencia y los intereses del momento. Jesús es claro: «Dad al César lo que es del César». Por eso la Iglesia ha inculcado siempre los deberes cívicos y ha orado por los gobernantes, incluso cuando estos la perseguían. Pero el único a quien se debe culto es el Señor.
Una vez comprendido esto, todos hemos de obrar con valentía y confianza para llevar al corazón del mundo, tal como es, la fe, la esperanza y el amor, con la convicción de que el Evangelio es «fuerza del Espíritu Santo».

PRIMERA LECTURA

¿Es posible que un rey pagano fuera «enviado» de Dios? Sí. en el sentido que, aun sin saberlo, se convirtió en instrumento de su designio. Pero el único dueño verdadero de la historia de la salvación es el Señor.

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios.
Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Palabra de Dios.

SALMO

No hay Otro dios fuera de Dios: glorioso, grande, muy digno de alabanza,
temible, creador, santo, rey, recto.

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e (R.: 7b)

R
Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R

SEGUNDA LECTURA

Este es el primero de los cinco pasajes que leeremos a partir de hoy, del más antiguo de los escritos del Nuevo Testamento: sólo unos veinte años después de la muerte de Cristo. Se da ya el nombre de «Iglesia» a una comunidad cristiana, en este caso la de Tesalónica. La adhesión, no sólo de palabra sino con obras, al mensaje evangélico (la fe), la práctica del «mandamiento nuevo» (el amor) y la confianza firme en las promesas divinas, acompañada del deseo de verlas cumplidas (la esperanza), caracterizan a toda comunidad eclesial que vive bajo la égida del Padre y del Hijo, animada por el Espíritu.

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios.

ALELUYA Flp 2, 15d. l6a

Aleluya. Aleluya.
Pagadle al César lo que es del César,
Y a Dios lo que es de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir. Aleluya.

EVANGELIO

Incluso cuando no se plantea para tender una trampa al interlocutor la cuestión de «o Dios o el César» pone siempre, en mayor o menor medida, en un aprieto, y no siempre se le puede dar una respuesta simple. Sin embargo, la que da Jesús, bien tajante, parece serlo. Pero el hecho de que se haya usado para fomentar o justificar prácticas opuestas invita a mirar el asunto con más detenimiento. En realidad, el César y Dios no están en el mismo plano. Hay que cumplir los deberes para con «el emperador», pero sin olvidar las obligaciones para con Dios, que es el único Señor.

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
_«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron:
-«Del César.»
Entonces les replicó:
-«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra de Dios.



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lunes, 6 de octubre de 2014

12/10/2014 - 28º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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28º domingo Tiempo ordinario (A)


A los profetas, y en particular a Isaías, les gusta comparar la felicidad de los elegidos a la de unos comensales reunidos por Dios para participar en un magnífico banquete. A primera vista, este modo de hablar podría resultar sorprendente: ¿acaso la felicidad celestial no es de un orden distinto al de las alegrías terrenas? Para entender esta comparación, basta remitirse al significado de la comida festiva tomada en su conjunto. La calidad de los alimentos y de los vinos tiene, sin duda, su importancia. Pero no se va a una comida ante todo, y menos aún exclusivamente, para saborear platos suculentos y degustar vinos de marca. La misma suntuosidad, aunque relativa, de un banquete expresa su carácter excepcional de fiesta y celebración. Se pretende honrar a los invitados, manifestarles la alegría de poder recibirlos. La comida de fiesta compartida es signo, casi se podría decir «sacramento», de la amistad compartida, de la comunión que une al anfitrión con sus invitados. Pues bien, dice Isaías, esto es lo que Dios nos tiene reservado: una intimidad infinitamente superior a todo lo que pueda imaginarse; una alegría sin igual e interminable. «Aquel día», en efecto, Dios «aniquilará la muerte para siempre» y tomaremos posesión de la anhelada salvación.
Retomando esta imagen bíblica tradicional, Jesús la amplía dándole dimensiones de historia de la salvación. El rey que invita evidentemente es Dios. En el hijo, cuyas bodas celebra, reconocemos a Jesús, el Señor, que ha «desposado» a la humanidad, asumiendo nuestra carne mortal, glorificada en su resurrección y su triunfo celestial. A este acontecimiento es al que estamos incesantemente invitados. Los servidores de Dios llevarán al universo entero la invitación que resuena desde los orígenes del mundo. Un día la sala del banquete se llenará de «una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» (Ap 7,9), que celebrará las bodas del Cordero (Ap 19), de las que la eucaristía es signo. Examinemos nuestra conciencia antes de entrar (cf iCo 11,28-29), para que cuando venga el Rey «a saludar a los comensales», nos encuentre vestidos con el «traje de fiesta».
Él, que, ya desde ahora, «provee a todas nuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús», nos colmará entonces más allá de toda esperanza. «A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos!».

PRIMERA LECTURA

Una mirada al día del cumplimiento de la obra de la salvación. El profeta lo evoca con imágenes tomadas de los fastos de una corte real: un banquete de inaudita suntuosidad, organizado y preparado por Dios «en su monte», lugar de su presencia, donde los justos de todos los pueblos estarán en el grupo de sus comensales, participarán de su vida.

El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variación sobre el tema del Dios-pastor en quien siempre se puede confiar: él guía, protege y coima de bienes a los suyos.

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd)

R
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R

Me gula por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R

SEGUNDA LECTURA

Los filipenses han aportado ayuda material a Pablo. Él la agradece, aunque sabe contentarse con poco. No lo dice por darse importancia, sino para invitar a los destinatarios de su carta a que confien también ellos en la magnificencia de Dios y le den gracias.

Todo lo puedo en aquel que me conforta.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Ef. 1,17-18

Aleluya. Aleluya.
El Señor abre a todos
las puertas del banquete de su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. Aleluya.

EVANGELIO

Una parábola de la historia de la salvación, semejante a la de los viñadores homicidas. Desde el principio, Dios invita a todos los hombres a vivir en comunión con él. A pesar de la insistencia de sus enviados, algunos rechazan la invitación. Otros la aceptan y entran en la sala del banquete. Uno de ellos es expulsado, por haber entrado «sin vestirse de fiesta», sin revestirse de Cristo, «el hombre nuevo», como dice san Pablo (Rm 13,14; Ga 3,27; Ef 4,24). Para estar en el grupo de los elegidos, ¡hay que convertirse!

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:
"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.
"Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:
"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"
El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:
"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."
Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 29 de septiembre de 2014

05/10/2014 - 27º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (A)


¡Curioso arbolito, la vid! Su madera no sirve para nada. Hay que podarla todos los años. El fruto permanece incierto hasta el tiempo de la vendimia. Basta una enfermedad para que toda una viña de calidad, que el viñador había rodeado de los mayores cuidados y de la que se sentía orgulloso, se pierda. Así se entiende que los profetas y los salmistas recurrieran a la imagen de la viña para evocar al pueblo de Dios, la solicitud del Señor hacia él y sus sentimientos cuando no encuentra en ella los frutos que esperaba. Un conmovedor poema del libro de Isaías, el «Canto del amado a su viña», expresa esta decepción. Por otro lado, en el evangelio según san Mateo se lee una parábola en la que aparecen el propietario de una viña y sus obreros.
Cuando Jesús la pronunció, pensaba en los que en su tiempo habían sido nombrados administradores de la propiedad de Dios. Pero algunos rasgos del «Discurso eclesiástico o comunitario» del evangelio según san Mateo (Mt 18), así como el modo de presentar las severas invectivas de Jesús contra los escribas (Mt 23), dejan entrever que el evangelista piensa también en los dirigentes de la comunidad cristiana. Ya en esta época, como siempre, en la Iglesia había algunos cuyo comportamiento era detestable: pretenciosos, más ávidos de honores que de humilde servicio, que actuaban como si fueran dueños más que administradores de la viña, y agresivos con los enviados del dueño que les recordaban sus deberes.
Por otra parte, todos los miembros de la comunidad han de sentirse aludidos. Deben buscar personalmente y promover en la Iglesia «todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito», como dice san Pablo. Sus dirigentes han sido instituidos para guiarlos y animarlos en esa búsqueda por medio de la palabra y el ejemplo. Para comportarse como administradores fieles, deben poder contar con todos. Por eso, hay que atreverse a reprenderlos humilde y caritativamente, prestándoles el servicio de la «corrección fraterna» (evangelio del domingo 23°). Pero, al mismo tiempo, hay que pedir a Dios que envíe buenos trabajadores a su campo, favorecer el compromiso de los llamados a ejercer este ministerio, y hasta estar dispuestos personalmente a responder a la llamada del Señor. Recordemos también las palabras de Jesús: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 1,15).

PRIMERA LECTURA

Esta elegía, tal vez, era originariamente el canto popular de un viñador enamorado de su viña que ha sido inverosímilmente ingrata. Es también el lamento del Señor de los ejércitos, cuyo pueblo elegido ha dado frutos de iniquidad en lugar de la justicia esperada.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

SALMO

Nos hemos alejado del Señor; que él nos permita volver.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R
La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R

SEGUNDA LECTURA

Sin minimizar los afanes de la vida hasta el punto de ceder a un optimismo beatífico, no hay que dejarse ganar tampoco por una preocupación paralizante. La oración no debe ni anestesiar ni producir euforia. No nos sitúa por encima de las dificultades, pero a través de ella Dios nos transmite una paz interior sorprendente. La experiencia de los santos da testimonio de ello.

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Jn. 15,16

Aleluya. Aleluya.
Piedra desechada por los arquitectos,
Cristo es ahora la piedra angular:
ha sido un milagro patente. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y
 vuestro fruto dure -dice el Señor-. Aleluya.

EVANGELIO

Lo que Jesús dijo dirigiéndose a otros administradores, suena ahora en la Iglesia como una seria advertencia, que hay que tener muy en cuenta, tanto más que, como sabemos y confesamos, el Hijo ya ha venido. Y lo ha puesto todo en manos de su Padre. Por tanto, nadie puede comportarse en absoluto como propietario de unas tierras que sólo pertenecen a Dios.

Arrendará la viña a otros labradores.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. " Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron:
-«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
-« ¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 22 de septiembre de 2014

28/09/2014 - 26º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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26º domingo Tiempo ordinario (A)


«La Intención es lo que cuenta». Este dicho popular se usa en circunstancias y perspectivas muy diversas. Se acude a él normalmente para disculparse de no haber mantenido una promesa, de no haber cumplido con lo que había que hacer. «Es verdad, pero no se me puede acusar, porque mi intención era hacerlo; y si no lo he hecho, ha sido por razones ajenas a mi voluntad». Otras veces, por el contrario, la sola intención de un acto censurable se considera una falta. Y con razón, cuando no se pasa al acto sólo porque las circunstancias o una acción exterior lo han impedido. Pero un pensamiento perverso, una mala intención, pueden no ser más que tentaciones, pasajeras u obsesivas, que uno tiene el mérito de rechazar. Nadie puede reprocharme haber tomado conciencia a tiempo, incluso en el último momento, del carácter perverso de mi proyecto, y no haberlo ejecutado.
No obstante, son normalmente los actos los que deciden sobre la seriedad de mi intención, En cualquier caso, el propósito de convertirse, por reiterado que sea, no equivale a la conversión. Quedarse en la declaración de intenciones puede ser incluso escandaloso, y cierra la entrada del reino de Dios. Cuando venga en su gloria, el Hijo del hombre reconocerá como suyos a todos los que, aun sin remitirse a él, han cumplido la voluntad del Padre y «se convierten de la maldad» (cf Mt 25,31-46). El que conoce el secreto de nuestro corazón y nada se le escapa de nuestros actos, dirá: «Tú eras un publicano, o una prostituta. Pero escuchaste mi palabra, la predicación de mis enviados o la voz de tu conciencia, y renunciaste a la maldad. Acércate, adelántate y entra en la sala del banquete al que Dios llama desde el principio del mundo». A los que, por el contrario, se hayan apartado de la justicia, o hayan dicho «Sí, amén» a la voluntad del Señor, pero no la hayan cumplido, les dirá: «Marchaos, apartaos, ¡no os conozco!». Así es, en su innegable perfección, la justicia de Dios. No seamos arrogantes, ni nos conformemos con las palabras. ¿Tenemos fe? Pues traduzcámosla en obras.
Esta exigencia se impone a quien quiere ser de verdad discípulo de Cristo y participar de la salvación obtenida por su obediencia absoluta a la voluntad del Padre, a su Pascua de muerte, resurrección y gloria, de la que es memorial la eucaristía. Debemos comulgar con ella tanto en la vida concreta como en el sacramento.

PRIMERA LECTURA

El tiempo que Dios concede a cada uno es tiempo de prueba y de gracia: el justo debe perseverar en el buen camino y no considerar la salvación como adquirida de una vez para siempre; el «malvado» debe aprovechar el plazo que se le concede para convertirse de su maldad y emprender el camino de la «justicia». El Señor no quiere la muerte de nadie, pero deja a cada uno la responsabilidad de elegir entre el camino que conduce a la vida y el que lleva a la muerte.

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida.

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Así dice el Señor:
«Comentáis: "No es justo el proceder del Señor.
Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.
Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá. »

Palabra de Dios.

SALMO

Los caminos del Señor son rectos, sus sendas conducen a la vida.

Salmo 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a)

R
Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

SEGUNDA LECTURA

Para exhortar a los destinatarios de su carta a vivir en el amor, de acuerdo con su vocación, san Pablo no se detiene en hacer consideraciones de orden moral: deben tener unos con otros «los sentimientos propios de Cristo Jesús». Viene entonces a la memoria del Apóstol un fragmento de himno, cantado seguramente en las asambleas cristianas.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:
Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
Él. a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10, 27

Aleluya. Aleluya.
Convirtámonos hoy mismo
escuchando la palabra del Señor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Las declaraciones de intenciones que no quedan confirmadas por los actos o, peor aún, que los actos contradicen, condenan a quienes las pronuncian. Sigamos el ejemplo de quienes silenciosamente se convierten a la llamada de la palabra de Dios, escuchada por boca de sus enviados.

Recapacitó y fue.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo:
"Hijo, ve hoy a trabajar en la viña"  Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor" Pero no fue.
¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron:
-«El primero.»
Jesús les dijo:
-«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor.



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lunes, 15 de septiembre de 2014

21/09/2014 - 25º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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25º domingo Tiempo ordinario (A)


Los dos domingos anteriores se ponía bajo el fuego de la palabra de Dios la vida interna de las comunidades cristianas. La manera de comportarse con los hermanos que pecan y el deber del perdón recíproco de las ofensas derivan del hecho de que la Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados. Pero no basta con estar íntimamente convencidos de ello, no basta con quedarse en buenos sentimientos, en hermosas declaraciones de intenciones, en impulsos de compasión interior. La fe no se conforma con las palabras: necesita traducirse también en obras en la vida de cada día, en cualquier circunstancia. La liturgia de este domingo nos exhorta precisamente a no olvidarlo.
El hombre religioso es un buscador de Dios. Su búsqueda es tanto más activa y, podríamos decir, apasionada, cuanto más se aproxima el único que puede colmar su deseo. Siempre en camino, el creyente tiende hacia él con todas sus fuerzas, sin detenerse nunca. Sabe que Dios, «que es rico en perdón», tiene piedad de los que, habiéndose extraviado, se apartan decididamente del mal camino. Esta certeza estimula el celo de los pecadores perdonados, haciéndoles reconocer lo justo que es Dios cuando acoge a los que vuelven a él. Lejos de escandalizarse por ello, dan gracias.
Por otro lado, día tras día, a todas horas, Dios contrata jornaleros para trabajar en la viña que ha plantado. Todos deben apresurarse a responder con alegría a su llamada y confiar en que él les dará su «jornal», si se puede hablar así. Al atardecer, cada uno recibirá lo suyo, infinitamente más de lo que merece, como puro don de la bondad del «propietario». Lo que se pide a todos, indistintamente, es que trabajen como siervos fieles sumisos a la voluntad del Señor, que «lleven una vida digna del Evangelio de Cristo».
El ejemplo de san Pablo es particularmente sugerente. «Partir para estar con Cristo» cuanto antes sería «con mucho lo mejor» para él. Pero piensa que todavía puede hacer aquí abajo un trabajo útil por los demás. No sabiendo cómo salir de este dilema, deja la decisión al Señor; él, por su parte, está totalmente disponible. En cualquier caso, de una cosa está seguro el Apóstol: «Cristo será glorificado abiertamente». El verdadero servidor de Dios no debe preocuparse de otra cosa: «Señor, hágase tu voluntad!»,

PRIMERA LECTURA

La paciencia de Dios no es en absoluto prueba de debilidad o desinterés. El Señor, «rico en perdón», deja a cada uno el tiempo necesario para que se convierta. Es urgente aprovechar este plazo para «buscarlo», «invocarlo», «regresar» a él, «abandonar» los caminos de la perdición. Estos cuatro verbos demuestran que no basta con «las buenas intenciones»: es necesario actuar.

Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor.
Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Bendito sea Dios, inaccesible en su grandeza infinita, cercano por su ternura sin límites!

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 (R.: 18a)

R
Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo, desde su prisión, considera los dos posibles desenlaces de su proceso: la condena a muerte, que le permitiría partir para estar con Cristo, y el sobreseimiento, que le permitiría reanudar su apostolado. No sabe qué preferir. Ocurra lo que ocurra, todo será por Cristo. Los destinatarios de su carta deben compartir esta confianza. La incertidumbre sobre la suerte de su apóstol ha de estimularlos a mostrarse aún más dignos del Evangelio de Cristo.

Para mí la vida es Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:
Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Hch 16, 14b

Aleluya. Aleluya.
Jornaleros de todas las horas,
participamos de la misma herencia;
la bondad del Señor no tiene medida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Ábrenos el corazón, Señor,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

«Vuestros caminos no son mis caminos», afirma el Señor en el oráculo de Isaías leído anteriormente. Jesús lo muestra en una parábola intencionadamente impactante, para conseguir que sus oyentes rectifiquen eventualmente su idea de la justicia de Dios y se interroguen sobre su modo de afrontar y asumir el servicio al Señor Todos deben trabajar con entusiasmo en la viña, clásica imagen bíblica del Reino. Pero en ningún momento hay que olvidar dos cosas. El «jornal» es siempre un don absolutamente gratuito de la bondad de Dios; nadie puede exigirlo como algo debido. Y además, tiene un valor por encima de toda medida; no tiene sentido discutir la cantidad. Hay que aceptarlo, pues, con agradecimiento y alegrarse de que también los demás lo reciban.

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"
Le respondieron:
"Nadie nos ha contratado."
Él les dijo:
"Id también vosotros a mi viña."
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:
"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."
Él replicó a uno de ellos:
"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 8 de septiembre de 2014

14/09/2014 - La Exaltación de la Santa Cruz (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Exaltación de la Santa Cruz (A)


En el siglo IV se veneraba en Jerusalén, con gran devoción, una reliquia de la cruz de Cristo. En el año 325 se consagraron el mismo día dos basílicas: «el Martyrium», en el Gólgota, y «la Anastasis», dedicada a la resurrección del Señor. Testimonios de los años 383-385 afirman que el 13 de septiembre tenía lugar una celebración en la primera iglesia, y el 14, en la segunda. La presentación solemne de la cruz era la cumbre de esta doble liturgia. La celebración del 14 de septiembre se difundió rápidamente por Oriente, donde todavía hoy sigue siendo una gran fiesta. En Roma, el emperador Constantino (306-337) hizo construir, en el lugar que antes ocupaba un palacio, residencia de su madre, santa Elena, una iglesia llamada «Jerusalén» hasta el siglo XI, cuando recibió el nombre de «Santa Cruz de Jerusalén». Pero la fiesta del 14 de septiembre no se celebró en la liturgia latina hasta el siglo VII. La reforma litúrgica del Vaticano II, en sintonía con las Iglesias orientales, le ha devuelto la importancia del principio; desde entonces, como fiesta del Señor, sustituye al domingo cuando el 14 de septiembre coincide con este día de la semana.
El evangelio que hoy se propone es el mejor atestiguado por la tradición y, ciertamente, el que más relación tiene con el objeto de la fiesta. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz de Cristo es el signo resplandeciente de este amor. La muerte de Jesús, exaltado a la gloria del Padre por su obediencia, es causa de la salvación de todos los hombres. El madero del suplicio en el que expiró el Hijo de Dios, que tomó la condición de esclavo, se ha convertido en el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, al mismo tiempo que en emblema de nuestra salvación y promesa de nuestra participación en la gloria del Señor. Desde el sacramento del nacimiento a la vida divina, pasando por todos los demás sacramentos, hasta el que conduce al umbral de la vida eterna, el cristiano está marcado por el signo de la cruz. La cruz está presente en las casas y en las iglesias, como en otro tiempo la serpiente de bronce que salvaba a los que la miraban. Pero aquí se trata de la salvación eterna al final de nuestro éxodo terreno. Sin embargo, la adoración de la cruz no es la adoración de un símbolo. Cuando nos arrodillamos delante del signo de nuestra redención, estamos adorando el nombre de Jesús y al Padre que «lo levantó sobre todo».

PRIMERA LECTURA

El éxodo es una especie de pará bola de toda la historia de la salvación, un espejo en el que el pueblo de los creyentes de todos los tiempos puede ver la imagen de sus continuas infidelidades. Es también una parábola del comportamiento de Dios con quienes lo abandonan. Se esfuerza en hacerlos volver al buen camino, haciéndoles tomar conciencia de su pecado. Al primer signo de arrepentimiento, en cuanto se vuelven de nuevo hacia él, él los salva. El episodio de la serpiente de bronce es un ejemplo memorable. Dios interviene de una manera inesperada, convirtiendo lo que era causa de muerte en motivo de salvación.

Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Lectura del libro de los números 21,4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
- ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO

Una serpiente de bronce erigida en el desierto, una cruz levantada en el Gólgota: Dios no se cansa nunca de curar y perdonar.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R
No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R

SEGUNDA LECTURA

Fragmento de un himno litúrgico muy antiguo. Rebajamiento voluntario de la condición divina a la humana, muerte en una cruz por nuestra salvación, exaltación en la gloria del Padre: es el itinerario pascual de Cristo Jesús. Reconocer en él al Salvador es alcanzar la vida.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario,
se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya .
Gloria a ti, Señor Jesús,
que no vienes para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido al mundo, Aleluya.

EVANGELIO

Cristo elevado en la cruz es revelación del amor de Dios y causa de salvación para todos los que lo miran con fe.

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Palabra de Dios.



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