lunes, 5 de diciembre de 2016

11-12-2016 - 3º domingo de Adviento (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo de Adviento (A)


La esperanza, que es la que da tono al tiempo de Adviento, es fuente inagotable de dinamismo y optimismo para la vida, a menudo árida, de los cristianos en el desierto de este mundo. Los profetas nunca dejaron de predicarla, incluso cuando la situación parecía no tener salida. «Mirad —decían—: los signos precursores de vuestra próxima liberación son ya visibles. ¡Sed fuertes, no temáis! ¡Que cesen vuestras quejas y lamentos desesperanzados! Aplicad el oído y percibiréis en la noche el rumor de los pasos de vuestro Dios que viene en persona a salvaros».
Es cierto que todavía no ha llegado el tiempo de la cosecha. Pero la semilla ya ha sido arrojada. Y germina en silencio bajo el hielo del más riguroso invierno. Como los profetas, esos hombres de la esperanza nunca defraudada, como el labrador que aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, estemos seguros de que lo que ocurra ha de superar todas nuestras expectativas. Guardémonos de las rencillas y de quejamos unos de otros. Estas cosas no conducen sino a enfrentamientos inútiles, cuando de lo que se trata es de trabajar juntos para apresurar la venida del juez-labrador que está cerca.
Una vez más la liturgia de este domingo nos pone ante los ojos el ejemplo de Juan Bautista, profeta único, modelo de fidelidad y paciencia. Juan anuncia al que «ha de venir», que puede más que él y ante el cual debe menguar (cf Mt 3,13-15; Mc 1,6-7; Lc 3,15-16; Jn 3,30). Pero él no lo ha visto. Estaba en prisión cuando Jesús empezó a predicar, y ya no saldrá de allí con vida. Llevando su misión hasta el final, el Precursor manda a preguntar a Jesús: «Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».
Los signos de la llegada del Reino no son siempre los que se esperaban. Pero hay algunos que no dejan lugar a engaño. Dios y su Cristo están presentes cuando el mal retrocede, cuando son los pequeños, los débiles, los pobres y olvidados los que tienen la prioridad. Esa es la respuesta que Jesús da a los enviados de Juan: la misma respuesta que sigue dando a los que lo interrogan. No hay otro criterio para discernir la venida del reino de los cielos y la autenticidad de los enviados de Dios. Realizando tales obras es como se llega a ser, y se sigue siendo cada vez más, verdadero discípulo del Señor.

PRIMERA LECTURA

El recuerdo de las maravillas realizadas por Dios durante el éxodo funda la esperanza de los profetas y los salmistas. El Señor se manifestará de nuevo; pero no de una manera espectacular o para vengarse, sino para curar a los suyos de la ceguera, de la sordera, y de todo lo que los paraliza. Una vez curados, podrán marchar con alegría por el camino de la libertad recuperada, siguiendo sus pasos.

Dios vendrá y nos salvará.

Lectura del libro del profeta Isaías 35,1-6a. 10

El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrarán el páramo y la estepa,
florecerá como flor de narciso,
se alegrará con gozo y alegría.
Tiene la gloria del Líbano,
la belleza del Carmelo y del Sarión.
Ellos verán la gloria del Señor,
la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
robusteced las rodillas vacilantes,
decid a los cobardes de corazón:
sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite;
viene en persona, resarcirá y os salvará.
Se despegarán los ojos del ciego,
los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo,
la lengua del mudo cantará,
y volverán los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión con cánticos:
en cabeza, alegría perpetua;
siguiéndolos, gozo y alegría.
Pena y aflicción se alejarán.

Palabra de Dios.

SALMO

Letanía de los oprimidos, los afligidos y los indefensos que reiteran sin cesar su confianza en Dios.

Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10

R.
Ven, Señor, a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R.

Sustenta al huérfano y a la viuda,
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R.

SEGUNDA LECTURA

Entre la primera y la última venida del Señor está el tiempo de la esperanza, amasada con paciencia y perseverancia, resurgiendo una y otra vez, aun en lb más hondo de la prueba.

Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-10

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor.
El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía.
Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca.
No os quejéis, hermanos, unos de otros para no ser condenados. Mirad que el juez está ya a la puerta.
Tomad, hermanos, como ejemplo de sufrimiento y de paciencia a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
alegría y salvación de su pueblo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí;
me ha enviado para anunciar
el Evangelio a los pobres. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús pasó haciendo el bien (Hch 10,38), siempre cercano a los pequeños y a los pobres, dándoles esperanza y consuelo con la delicadeza del amor que no humilla. Reveló el ¡nodo de actuar de Dios, inesperado y a menudo desconcertante, que se manifiesta con más frecuencia en el soplo de una brisa ligera que en el estruendo de los elementos desencadenados (IR 19,11-12).

¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Jesús les respondió:
- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?
Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».
Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Palabra de Dios.



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domingo, 4 de diciembre de 2016

08-12-2016 - La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen (A)


Cuando el 25 de marzo de 1858 la «Señora» que se le aparecía a Bernardita Soubirous le dijo: «Yo soy la Inmaculada Concepción», la joven vidente de Lourdes no entendió el sentido de aquellas palabras. El dogma de la Inmaculada Concepción había sido definido hacía poco (el 8 de diciembre de 1854) por el papa Pío IX.
Por otro lado, la forma de expresarlo puede prestarse a confusión: hay quienes piensan que se refiere a la concepción virginal de Jesús. En realidad se trata de afirmar que María fue preservada de toda mancha de pecado desde el primer instante de su existencia. La Iglesia ha proclamado siempre la santidad sin igual de la Virgen, la «llena de gracia», a quien el Altísimo cubrió con su sombra. Ella, perfecta «esclava del Señor», intachable en su fidelidad a la palabra de Dios, es «bendita entre las mujeres». Estos datos explícitos del evangelio según san Lucas (Lc 1,28-42) constituyen la base de la veneración con que la fe cristiana ha rodeado a María, la santísima Madre de Dios. Tres calendarios litúrgicos del siglo IX mencionan en Irlanda una fiesta de la «Concepción de María», el 2 o el 3 de mayo. Su contenido es incierto, por falta de textos litúrgicos. En el siglo XII los monasterios benedictinos de Inglaterra la celebraban el 8 de diciembre. De allí pasa a Normandía, luego a Lyon, más tarde a Bélgica, España, Italia, Francia y a algunos monasterios de Alemania. Pero teólogos de primera línea, como san Agustín (354-430) y santo Tomás (1228-1274), se muestran reticentes. El mismo san Bernardo (1091- 1153), a pesar de su gran devoción mariana, critica la legitimidad de la fiesta recientemente instaurada. «,Cómo —pensaban— se puede conciliar tal privilegio con la innegable necesidad que todos los humanos tienen de la redención realizada por Cristo?». Roma se esforzaba en aplacar las controversias, pero sin tomar partido. Sin embargo, el papa Alejandro VII (1655-1667) se comprometió más claramente publicando el 8 de diciembre de 1661 una bula pontificia en la que declaraba a María inmaculada desde su concepción, «en virtud de los méritos de Jesucristo, su hijo, redentor del género humano».
Al celebrar la Inmaculada Concepción de María, la Iglesia da gracias a Dios, cuyo poder redentor no tiene límites.

PRIMERA LECTURA

En forma de relato popular se nos ofrece una enseñanza muy profunda y de notable finura sobre el misterio del pecado y su entrada en el corazón de la criatura hecha a imagen de Dios. Nada puede apartar al Señor de su primera intención. La Buena Noticia de la salvación es tan antigua como la caída. Una mujer estará, por su descendencia, en el origen de la victoria definitiva del bien sobre el mal. La tradición cristiana ha Visto en esta nueva «madre de todos los que viven» a la Virgen María, madre del Salvador.

Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer.

Lectura del libro del Génesis 3,9-15. 20

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:
- ¿Dónde estás?
Él contestó:
- Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí.
El Señor le replicó:
- ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?
Adán respondió:
- La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.
El Señor dijo a la mujer:
- ¿Qué es lo que has hecho?
Ella respondió:
- La serpiente me engañó, y comí.
El Señor Dios dijo a la serpiente:
- Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.
El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.

Palabra de Dios

SALMO

La Iglesia da gracias a Dios por su «victoria» sobre el pecado y por la «fidelidad» de su misericordia con todas las criaturas.

Salmo 97, 1. 2-3ab. 3c-4

R
Cantad al Señor un cántico nuevo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que san Pablo dice de cada uno de nosotros se aplica deforma eminente a la Virgen María, la «llena de gracia», la Madre, «bendita entre las mujeres», de aquel por quien nos llega toda clase de bendiciones para gloria del Padre.

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1,3-6. 11-12

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.
Por su medio hemos heredado también nosotros.
A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.
Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 1,28

Aleluya. Aleluya.
Que María, la esclava del Señor
nos enseñe a acoger la Palabra
y a guardarla en el corazón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Alégrate, María, llena de gracia,
el Señor está contigo;
bendita tú eres entre las mujeres. Aleluya.

EVANGELIO

«Llena de gracia», investida por el poder del Altísimo, «esclava del Señor», perfectamente dócil a la Palabra, disponible sin reservas a la voluntad de Dios sobre ella: la Virgen María es la única criatura de la que se puede hablar así basándose en la autoridad del Evangelio. Pero es a Dios y a Cristo a quienes se eleva la adoración y la acción de gracias de la asamblea cristiana, que contempla en María a la primera entre todos los redimidos, imagen de la Iglesia, que el Señor quiere «gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada» (Ef 5.27).

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo:
- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?
El ángel le contestó:
- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

Palabra de Dios.



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lunes, 28 de noviembre de 2016

04-12-2016 - 2º domingo de Adviento (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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2º domingo de Adviento (A)


En el centro de la liturgia del domingo pasado estaba la manifestación del Hijo del hombre al final de la historia; en el corazón de la de hoy está la venida de Cristo entre nosotros.
Es a él a quien descubrimos bajo los rasgos del Mesías que ha de venir, esbozados por el profeta Isaías: brotará «del tronco de Jesé», estará lleno «del espíritu del Señor», será juez que no se quedará en apariencias, sino que «juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados», que pone los cimientos de un mundo de justicia y de paz, de acuerdo con el designio de Dios.
Juan Bautista anunció la inminencia de este reino esperado. Para preparar el camino del Señor proclamó la urgencia de la conversión y un bautismo de penitencia. Muchos se acercaban a escuchar y recibir el rito de purificación que proponía. Pero algunos pensaban que eso no iba con ellos: ¿no tenían por padre a Abrahán? El austero predicador les replicaba sin contemplaciones: «,Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?».
Ya no está el Bautista a orillas del Jordán. Aquellos a quienes él fustigaba han desaparecido. El mismo a quien anunciaba ha dejado ya la tierra después de haber cumplido su misión. Pero la voz del Precursor sigue resonando en la Iglesia, en los oídos de los que han recibido el bautismo en el Espíritu Santo: «Dad el fruto que pide la conversión!». Porque esa conversión no es cosa de un día; ha de continuar a lo largo de toda la vida, con la esperanza que se mantiene gracias a la «paciencia y el consuelo que dan las Escrituras», como dice san Pablo.
El Señor, que vino, sigue viniendo sin cesar. Se lo acoge recibiendo las enseñanzas transmitidas por los libros santos, pero también acogiéndonos mutuamente, dando testimonio de misericordia ante los hermanos, porque Cristo ha hecho lo mismo con nosotros. Entonces alabaremos a Dios «en medio de los gentiles» y llegaremos a ser cada día un poco más lo que ya somos: cristianos en espíritu y en verdad, y no sólo de nombre.
«Te pedimos humildemente que los que hemos participado del cuerpo y sangre de Cristo seamos congregados por el Espíritu en un solo cuerpo».

PRIMERA LECTURA

Dios no olvida sus promesas: «Una vez juré por mi santidad no faltar a mi palabra con David: “Su linaje será perpetuo”» (sal 88,36). Un renuevo que brotará de su raíz, un mesías sobre el que “se posará el espíritu del Señor” traerá consigo el conocimiento de Dios e instaurará un reino de justicia y de paz. Este mesías tiene ya un nombre: Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre.

Sobre él se posará el espíritu del Señor.

Lectura del libro de Isaías 11,1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.
La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de los desgraciados, los pobres y los débiles que manifiestan una y otra vez, sin cansarse, su esperanza en un reino universal de justicia y paz.

Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17

R.
Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
R.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol:
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

SEGUNDA LECTURA

En las Escrituras encontramos la certeza en la fidelidad de Dios que funda nuestra esperanza, y todas las “enseñanzas” necesarias para vivir según el espíritu de Cristo, es decir, en acuerdo y comprensión mutua, por encima de las inevitables divergencias. Su meditación  asidua nos arraiga cada vez más profundamente y nos une en Cristo Señor.

Cristo salvó a todos los hombres.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 15,4-9

Hermanos:
Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza.
Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, como es propio de cristianos, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
En una palabra, acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas, y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre».

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 3,4-6

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo Jesús,
que fue anunciado por Juan el Precursor
y bautiza con Espíritu Santo y fuego. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Preparad el camino del Señor,
allanad sus senderos.
Todos verán la salvación de Dios. Aleluya.

EVANGELIO

De nada serviría acudir a un rito de purificación si en realidad no se da «el fruto que pide la conversión». Y ¿qué decir del cumplimiento ritual al que luego la vida contradice? Ante semejante distorsión, un predicador tan ardiente y tradicional como Juan Bautista no puede reprimir su indignación y apela al juicio mismo de Dios.

Haced penitencia, porque se acerca el reino de los cielos.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
- Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.
Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:
- Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?
Dad el fruto que pide la conversión, y no os hagáis ilusiones pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.
Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.
Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.
Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.
Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

Palabra de Dios.



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lunes, 21 de noviembre de 2016

27-11-2016 - 1º domingo de Adviento (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Adviento (A)


TIEMPO DE ADVIENTO

El tiempo de Adviento marca el comienzo del año litúrgico y prepara la celebración de la fiesta de Navidad. Hay que tener en cuenta este doble dato para comprender bien el sentido y la importancia de este primer periodo del calendario litúrgico.
Efectivamente, uno podría desconcertarse al constatar que hay que esperar hasta el cuarto domingo, que a veces cae la víspera de Navidad, para ver que la liturgia evoca, por fin, los hechos directamente relacionados con el nacimiento del Señor: vocación y misión de José en relación con María y el niño que lleva en su seno; anunciación del Señor; visitación de la Virgen a Isabel, la madre de iii a u, el Precursor. Parecería que, habiéndose olvidado de ello hasta entonces, la liturgia se acuerda de pronto de que el Adviento precede inmediatamente a la celebración del nacimiento de Jesús, «en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes» (Mt 2,1).
El primer domingo todos los textos bíblicos proclamados evocan la manifestación del Señor al final de los tiempos y la urgencia por prepararse a este final de la historia de los hombres en la tierra. El segundo y el tercer domingo es la voz de Juan Bautista la que resuena, exhortando a preparar los caminos del Enviado del Señor anunciado por las Escrituras. Ahora bien, esta llamada remite al ministerio público de Jesús, a la misión de la Iglesia, a la predicación del Evangelio. Todo esto demuestra bastante evidentemente que el horizonte del Adviento no se limita al nacimiento del niño Jesús en Belén, considerado como acontecimiento aislado. Aunque sin precedentes y único, este se sitúa dentro de la trama ininterrumpida de la historia de la salvación, desde los orígenes hasta su pleno cumplimiento.
Para captar el verdadero sentido y la importancia decisiva del nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne, hay que considerarlo dentro de la continuidad dinámica de las sucesivas manifestaciones del Señor. Ya antes había venido de múltiples maneras, y ahora, col mando más allá de lo imaginable las expectativas milenarias de los siglos, se ha hecho hombre; viene hoy, y volverá un día en la .gloria. El tiempo de Adviento celebra esta triple venida.
Las pocas semanas que preceden a la fiesta de Navidad constituyen una importante iniciación al misterio insondable de la encarnación, que es el ámbito en el que vivimos desde entonces en la fe y la esperanza.
El tiempo de Adviento es también una notable y fructífera introducción al misterio, al «sacramento», de todo el año litúrgico. Dios ha estado siempre presente en el mundo para hacerle llegar su salvación. Pero «ahora, en esta etapa final» (Hb 1,2), se ha hecho presente entre nosotros a través de Cristo y de su Espíritu. Gracias a la mediación de los signos eficaces de la gracia —palabra, liturgia, sacramentos— participamos, aquí y ahora, tal como somos, personalmente y en la Iglesia, de la salvación que, día tras día, llega al mundo.
Ningún tiempo litúrgico es, por tanto, semejante a los que lo han precedido y que se han vivido antes. Cada celebración no es un simple recuerdo o conmemoración de acontecimientos del pasado, sino un encuentro singular entre Dios, que salva, y la asamblea, por modesta que sea, reunida por invitación suya y en su nombre. Dios actúa siempre de manera nueva, inédita, sorprendente. Por otro lado, nosotros acudimos a esta cita con disposiciones y necesidades que varían sin cesar. La fe, la esperanza, la caridad, la fidelidad a las llamadas del Señor, la generosidad, todo lo que nos constituye ante Dios está en perenne cambio, para mejor o para peor. No caminamos siempre con paso uniforme por una ruta elegida de una vez para siempre y sin desviarnos. Todo contribuye, pues, a que cada año litúrgico sea realmente nuevo.
«En la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y, en la última, en gloria y majestad. Esta venida intermedia es como una senda por la que se pasa de la primera a la última: en la primera, Cristo fue nuestra redención; en la última, aparecerá como nuestra vida; en esta, es nuestro descanso y nuestro consuelo».
(SAN BERNARDO, Homilía sobre el Adviento 5, 1-2, Opera omnia, edición cisterciense, 4, 1966, 188-190).

CICLO A

Hoy, como ayer y como siempre, el Señor revela su presencia y su acción en el mundo a través de signos generalmente muy discretos. Por otro lado, a menudo, si no siempre, su manera de actuar desconcierta. Recurre a medios débiles y para realizar sus designios, prefiere a los pequeños y humildes. El, en fin, que es Todopoderoso, que con su palabra creó el universo, muestra una paciencia infinita a la hora de llevar a cabo la obra de la salvación. Reitera incansablemente sus promesas y sus exhortaciones para que no perdamos de vista su manifestación gloriosa al final de los tiempos, término de todas las cosas, y para que nuestra esperanza en ese día siga viva y activa. Mediante la fidelidad a nuestras tareas cotidianas nos preparamos a acoger la salvación que llega sin cesar.

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO A

«De ilusión también se vive». Es lo que se dice habitualmente, con cierta ironía condescendiente, a los optimistas impenitentes que, sean cuales sean las circunstancias, creen siempre en un mañana mejor. «¡Pobres soñadores carentes por completo de realismo! Se crean falsas ilusiones en lugar de afrontar las cosas y las situaciones tal como son». ¿Qué decir entonces de los profetas?
En el siglo VIII antes de nuestra era Isaías preveía el tiempo en que las armas se transformarían en instrumentos de labranza. ¿Cómo creer en semejante profecía mientras ante nuestros ojos millones de hombres, mujeres y niños mueren de hambre, cuando para salvarlos bastaría renunciar a unos cuantos aviones de combate? En cuanto a Jerusalén, cuyo nombre significa «Ciudad de paz»...
Los profetas, hombres de su tiempo, dirigen una mirada lúcida a la situación del mundo en el que están inmersos. Pero, como hombres de esperanza, presienten el porvenir más allá del horizonte: su palabra no engaña. Sí, el día que anuncian llegará. Después de ellos, Jesús renueva esta confianza solemne. Por eso, lejos de dejarnos llevar por la despreocupación y el sueño, urge que nos despertemos, que nos preparemos para el combate decisivo de cada día contra las fuerzas de las tinieblas, «vistiéndonos» del Señor Jesús. Tenemos poco, muy poco tiempo, para prepararnos al acontecimiento que el Hijo del hombre ha prometido.
La esperanza cristiana está tan lejos del fatalismo desengañado, que no espera nada nuevo del futuro, como de los sueños que dejan en la inacción. Conduce, por el contrario, a trabajar con eficacia y valentía para edificar la ciudad que Dios quiere y promete. El es el maestro de obras. Las tareas aparentemente insignificantes que nos encomienda contribuyen a hacer avanzar el proyecto del que desde siempre tiene una clara visión. Son, incluso, indispensables para la realización de su plan de salvación. El optimismo de los cristianos se funda en el optimismo de Dios.
Estas perspectivas y estas certezas se encuentran en el corazón de la oración y la celebración de la eucaristía, que nos recuerda incesantemente que el tiempo que vivimos es el tiempo del Adviento: «Venga a nosotros tu reino!»; «Aguardemos la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo».

PRIMERA LECTURA

Muchedumbres de peregrinos suben a Jerusalén y al templo: es para el profeta una imagen del grandioso cortejo de los pueblos que, «al final de los días», confluirán «a la luz del Señor», en la ciudad cuyo nombre, «Ciudad de paz», indica su destino (Os 3,5; Mi 4,1). Proclamado en el marco de la liturgia, este oráculo evoca el día en que Dios mismo congregará en «la Jerusalén del cielo» (Ap 21) a la multitud inmensa de los que, durante su peregrinación por la tierra, hayan seguido sus caminos.

El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del reino de Dios.

Lectura del libro del profeta Isaías 2,1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
- Al final de los días estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán los pueblos numerosos.
Dirán: venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del Señor.
Será el arbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados;
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.

Palabra de Dios.

SALMO

Canto de esperanza de los peregrinos en marcha hacia la «casa del Señor»: al final del camino habrá alegría, unidad, justicia, felicidad, paz.

Salmo 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9

R.
Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
R.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David. R.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R.

Por mis hermanos y compañeros
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor nuestro Dios,
te deseo todo bien. R.

SEGUNDA LECTURA

Al venir a este mundo, el Hijo de Dios ha inaugurado los últimos tiempos; ya despunta la aurora de la salvación,’ pronto saldrá el Sol. Para adelantar esta hora, dejémonos transformar por el evangelio y por el amor que el Espíritu derramo en nuestros corazones (cf Rm 5,5; 13,10).

Nuestra salvación está más cerca.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13,11-14

Hermanos:
Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de espabilarse, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz.
Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujuria ni desenfreno, nada de riñas ni pendencias. Vestíos del Señor Jesucristo, y que el cuidado de vuestro cuerpo no fomente los malos deseos.

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria al Señor que viene,
él es nuestro Juez y Salvador Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Una doble certeza: el Señor está ya presente en el mundo y también ha de venir al fin de los tiempos. De ahí la necesidad de vivir intensamente lo cotidiano. Nuestros actos nos están juzgando ya, están determinando nuestro porvenir, nos disponen a acoger el día del Hijo del hombre con la alegría de una esperanza finalmente cumplida.

Estad en vela para estar preparados.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 24,37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del hombre.
Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.

Palabra de Dios.



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