lunes, 29 de septiembre de 2014

05/10/2014 - 27º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (A)


¡Curioso arbolito, la vid! Su madera no sirve para nada. Hay que podarla todos los años. El fruto permanece incierto hasta el tiempo de la vendimia. Basta una enfermedad para que toda una viña de calidad, que el viñador había rodeado de los mayores cuidados y de la que se sentía orgulloso, se pierda. Así se entiende que los profetas y los salmistas recurrieran a la imagen de la viña para evocar al pueblo de Dios, la solicitud del Señor hacia él y sus sentimientos cuando no encuentra en ella los frutos que esperaba. Un conmovedor poema del libro de Isaías, el «Canto del amado a su viña», expresa esta decepción. Por otro lado, en el evangelio según san Mateo se lee una parábola en la que aparecen el propietario de una viña y sus obreros.
Cuando Jesús la pronunció, pensaba en los que en su tiempo habían sido nombrados administradores de la propiedad de Dios. Pero algunos rasgos del «Discurso eclesiástico o comunitario» del evangelio según san Mateo (Mt 18), así como el modo de presentar las severas invectivas de Jesús contra los escribas (Mt 23), dejan entrever que el evangelista piensa también en los dirigentes de la comunidad cristiana. Ya en esta época, como siempre, en la Iglesia había algunos cuyo comportamiento era detestable: pretenciosos, más ávidos de honores que de humilde servicio, que actuaban como si fueran dueños más que administradores de la viña, y agresivos con los enviados del dueño que les recordaban sus deberes.
Por otra parte, todos los miembros de la comunidad han de sentirse aludidos. Deben buscar personalmente y promover en la Iglesia «todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito», como dice san Pablo. Sus dirigentes han sido instituidos para guiarlos y animarlos en esa búsqueda por medio de la palabra y el ejemplo. Para comportarse como administradores fieles, deben poder contar con todos. Por eso, hay que atreverse a reprenderlos humilde y caritativamente, prestándoles el servicio de la «corrección fraterna» (evangelio del domingo 23°). Pero, al mismo tiempo, hay que pedir a Dios que envíe buenos trabajadores a su campo, favorecer el compromiso de los llamados a ejercer este ministerio, y hasta estar dispuestos personalmente a responder a la llamada del Señor. Recordemos también las palabras de Jesús: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 1,15).

PRIMERA LECTURA

Esta elegía, tal vez, era originariamente el canto popular de un viñador enamorado de su viña que ha sido inverosímilmente ingrata. Es también el lamento del Señor de los ejércitos, cuyo pueblo elegido ha dado frutos de iniquidad en lugar de la justicia esperada.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado.
La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

SALMO

Nos hemos alejado del Señor; que él nos permita volver.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R
La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R

SEGUNDA LECTURA

Sin minimizar los afanes de la vida hasta el punto de ceder a un optimismo beatífico, no hay que dejarse ganar tampoco por una preocupación paralizante. La oración no debe ni anestesiar ni producir euforia. No nos sitúa por encima de las dificultades, pero a través de ella Dios nos transmite una paz interior sorprendente. La experiencia de los santos da testimonio de ello.

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Jn. 15,16

Aleluya. Aleluya.
Piedra desechada por los arquitectos,
Cristo es ahora la piedra angular:
ha sido un milagro patente. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y
 vuestro fruto dure -dice el Señor-. Aleluya.

EVANGELIO

Lo que Jesús dijo dirigiéndose a otros administradores, suena ahora en la Iglesia como una seria advertencia, que hay que tener muy en cuenta, tanto más que, como sabemos y confesamos, el Hijo ya ha venido. Y lo ha puesto todo en manos de su Padre. Por tanto, nadie puede comportarse en absoluto como propietario de unas tierras que sólo pertenecen a Dios.

Arrendará la viña a otros labradores.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. " Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron:
-«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice:
-« ¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 22 de septiembre de 2014

28/09/2014 - 26º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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26º domingo Tiempo ordinario (A)


«La Intención es lo que cuenta». Este dicho popular se usa en circunstancias y perspectivas muy diversas. Se acude a él normalmente para disculparse de no haber mantenido una promesa, de no haber cumplido con lo que había que hacer. «Es verdad, pero no se me puede acusar, porque mi intención era hacerlo; y si no lo he hecho, ha sido por razones ajenas a mi voluntad». Otras veces, por el contrario, la sola intención de un acto censurable se considera una falta. Y con razón, cuando no se pasa al acto sólo porque las circunstancias o una acción exterior lo han impedido. Pero un pensamiento perverso, una mala intención, pueden no ser más que tentaciones, pasajeras u obsesivas, que uno tiene el mérito de rechazar. Nadie puede reprocharme haber tomado conciencia a tiempo, incluso en el último momento, del carácter perverso de mi proyecto, y no haberlo ejecutado.
No obstante, son normalmente los actos los que deciden sobre la seriedad de mi intención, En cualquier caso, el propósito de convertirse, por reiterado que sea, no equivale a la conversión. Quedarse en la declaración de intenciones puede ser incluso escandaloso, y cierra la entrada del reino de Dios. Cuando venga en su gloria, el Hijo del hombre reconocerá como suyos a todos los que, aun sin remitirse a él, han cumplido la voluntad del Padre y «se convierten de la maldad» (cf Mt 25,31-46). El que conoce el secreto de nuestro corazón y nada se le escapa de nuestros actos, dirá: «Tú eras un publicano, o una prostituta. Pero escuchaste mi palabra, la predicación de mis enviados o la voz de tu conciencia, y renunciaste a la maldad. Acércate, adelántate y entra en la sala del banquete al que Dios llama desde el principio del mundo». A los que, por el contrario, se hayan apartado de la justicia, o hayan dicho «Sí, amén» a la voluntad del Señor, pero no la hayan cumplido, les dirá: «Marchaos, apartaos, ¡no os conozco!». Así es, en su innegable perfección, la justicia de Dios. No seamos arrogantes, ni nos conformemos con las palabras. ¿Tenemos fe? Pues traduzcámosla en obras.
Esta exigencia se impone a quien quiere ser de verdad discípulo de Cristo y participar de la salvación obtenida por su obediencia absoluta a la voluntad del Padre, a su Pascua de muerte, resurrección y gloria, de la que es memorial la eucaristía. Debemos comulgar con ella tanto en la vida concreta como en el sacramento.

PRIMERA LECTURA

El tiempo que Dios concede a cada uno es tiempo de prueba y de gracia: el justo debe perseverar en el buen camino y no considerar la salvación como adquirida de una vez para siempre; el «malvado» debe aprovechar el plazo que se le concede para convertirse de su maldad y emprender el camino de la «justicia». El Señor no quiere la muerte de nadie, pero deja a cada uno la responsabilidad de elegir entre el camino que conduce a la vida y el que lleva a la muerte.

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida.

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Así dice el Señor:
«Comentáis: "No es justo el proceder del Señor.
Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?
Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.
Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá. »

Palabra de Dios.

SALMO

Los caminos del Señor son rectos, sus sendas conducen a la vida.

Salmo 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a)

R
Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

SEGUNDA LECTURA

Para exhortar a los destinatarios de su carta a vivir en el amor, de acuerdo con su vocación, san Pablo no se detiene en hacer consideraciones de orden moral: deben tener unos con otros «los sentimientos propios de Cristo Jesús». Viene entonces a la memoria del Apóstol un fragmento de himno, cantado seguramente en las asambleas cristianas.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:
Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.
No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
Él. a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10, 27

Aleluya. Aleluya.
Convirtámonos hoy mismo
escuchando la palabra del Señor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Las declaraciones de intenciones que no quedan confirmadas por los actos o, peor aún, que los actos contradicen, condenan a quienes las pronuncian. Sigamos el ejemplo de quienes silenciosamente se convierten a la llamada de la palabra de Dios, escuchada por boca de sus enviados.

Recapacitó y fue.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo:
"Hijo, ve hoy a trabajar en la viña"  Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor" Pero no fue.
¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron:
-«El primero.»
Jesús les dijo:
-«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor.



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lunes, 15 de septiembre de 2014

21/09/2014 - 25º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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25º domingo Tiempo ordinario (A)


Los dos domingos anteriores se ponía bajo el fuego de la palabra de Dios la vida interna de las comunidades cristianas. La manera de comportarse con los hermanos que pecan y el deber del perdón recíproco de las ofensas derivan del hecho de que la Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados. Pero no basta con estar íntimamente convencidos de ello, no basta con quedarse en buenos sentimientos, en hermosas declaraciones de intenciones, en impulsos de compasión interior. La fe no se conforma con las palabras: necesita traducirse también en obras en la vida de cada día, en cualquier circunstancia. La liturgia de este domingo nos exhorta precisamente a no olvidarlo.
El hombre religioso es un buscador de Dios. Su búsqueda es tanto más activa y, podríamos decir, apasionada, cuanto más se aproxima el único que puede colmar su deseo. Siempre en camino, el creyente tiende hacia él con todas sus fuerzas, sin detenerse nunca. Sabe que Dios, «que es rico en perdón», tiene piedad de los que, habiéndose extraviado, se apartan decididamente del mal camino. Esta certeza estimula el celo de los pecadores perdonados, haciéndoles reconocer lo justo que es Dios cuando acoge a los que vuelven a él. Lejos de escandalizarse por ello, dan gracias.
Por otro lado, día tras día, a todas horas, Dios contrata jornaleros para trabajar en la viña que ha plantado. Todos deben apresurarse a responder con alegría a su llamada y confiar en que él les dará su «jornal», si se puede hablar así. Al atardecer, cada uno recibirá lo suyo, infinitamente más de lo que merece, como puro don de la bondad del «propietario». Lo que se pide a todos, indistintamente, es que trabajen como siervos fieles sumisos a la voluntad del Señor, que «lleven una vida digna del Evangelio de Cristo».
El ejemplo de san Pablo es particularmente sugerente. «Partir para estar con Cristo» cuanto antes sería «con mucho lo mejor» para él. Pero piensa que todavía puede hacer aquí abajo un trabajo útil por los demás. No sabiendo cómo salir de este dilema, deja la decisión al Señor; él, por su parte, está totalmente disponible. En cualquier caso, de una cosa está seguro el Apóstol: «Cristo será glorificado abiertamente». El verdadero servidor de Dios no debe preocuparse de otra cosa: «Señor, hágase tu voluntad!»,

PRIMERA LECTURA

La paciencia de Dios no es en absoluto prueba de debilidad o desinterés. El Señor, «rico en perdón», deja a cada uno el tiempo necesario para que se convierta. Es urgente aprovechar este plazo para «buscarlo», «invocarlo», «regresar» a él, «abandonar» los caminos de la perdición. Estos cuatro verbos demuestran que no basta con «las buenas intenciones»: es necesario actuar.

Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor.
Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Bendito sea Dios, inaccesible en su grandeza infinita, cercano por su ternura sin límites!

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 (R.: 18a)

R
Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo, desde su prisión, considera los dos posibles desenlaces de su proceso: la condena a muerte, que le permitiría partir para estar con Cristo, y el sobreseimiento, que le permitiría reanudar su apostolado. No sabe qué preferir. Ocurra lo que ocurra, todo será por Cristo. Los destinatarios de su carta deben compartir esta confianza. La incertidumbre sobre la suerte de su apóstol ha de estimularlos a mostrarse aún más dignos del Evangelio de Cristo.

Para mí la vida es Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:
Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.
Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.
Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Hch 16, 14b

Aleluya. Aleluya.
Jornaleros de todas las horas,
participamos de la misma herencia;
la bondad del Señor no tiene medida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Ábrenos el corazón, Señor,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

«Vuestros caminos no son mis caminos», afirma el Señor en el oráculo de Isaías leído anteriormente. Jesús lo muestra en una parábola intencionadamente impactante, para conseguir que sus oyentes rectifiquen eventualmente su idea de la justicia de Dios y se interroguen sobre su modo de afrontar y asumir el servicio al Señor Todos deben trabajar con entusiasmo en la viña, clásica imagen bíblica del Reino. Pero en ningún momento hay que olvidar dos cosas. El «jornal» es siempre un don absolutamente gratuito de la bondad de Dios; nadie puede exigirlo como algo debido. Y además, tiene un valor por encima de toda medida; no tiene sentido discutir la cantidad. Hay que aceptarlo, pues, con agradecimiento y alegrarse de que también los demás lo reciban.

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"
Le respondieron:
"Nadie nos ha contratado."
Él les dijo:
"Id también vosotros a mi viña."
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:
"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."
Él replicó a uno de ellos:
"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 8 de septiembre de 2014

14/09/2014 - La Exaltación de la Santa Cruz (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Exaltación de la Santa Cruz (A)


En el siglo IV se veneraba en Jerusalén, con gran devoción, una reliquia de la cruz de Cristo. En el año 325 se consagraron el mismo día dos basílicas: «el Martyrium», en el Gólgota, y «la Anastasis», dedicada a la resurrección del Señor. Testimonios de los años 383-385 afirman que el 13 de septiembre tenía lugar una celebración en la primera iglesia, y el 14, en la segunda. La presentación solemne de la cruz era la cumbre de esta doble liturgia. La celebración del 14 de septiembre se difundió rápidamente por Oriente, donde todavía hoy sigue siendo una gran fiesta. En Roma, el emperador Constantino (306-337) hizo construir, en el lugar que antes ocupaba un palacio, residencia de su madre, santa Elena, una iglesia llamada «Jerusalén» hasta el siglo XI, cuando recibió el nombre de «Santa Cruz de Jerusalén». Pero la fiesta del 14 de septiembre no se celebró en la liturgia latina hasta el siglo VII. La reforma litúrgica del Vaticano II, en sintonía con las Iglesias orientales, le ha devuelto la importancia del principio; desde entonces, como fiesta del Señor, sustituye al domingo cuando el 14 de septiembre coincide con este día de la semana.
El evangelio que hoy se propone es el mejor atestiguado por la tradición y, ciertamente, el que más relación tiene con el objeto de la fiesta. «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único». La cruz de Cristo es el signo resplandeciente de este amor. La muerte de Jesús, exaltado a la gloria del Padre por su obediencia, es causa de la salvación de todos los hombres. El madero del suplicio en el que expiró el Hijo de Dios, que tomó la condición de esclavo, se ha convertido en el estandarte de su victoria sobre la muerte y el pecado, al mismo tiempo que en emblema de nuestra salvación y promesa de nuestra participación en la gloria del Señor. Desde el sacramento del nacimiento a la vida divina, pasando por todos los demás sacramentos, hasta el que conduce al umbral de la vida eterna, el cristiano está marcado por el signo de la cruz. La cruz está presente en las casas y en las iglesias, como en otro tiempo la serpiente de bronce que salvaba a los que la miraban. Pero aquí se trata de la salvación eterna al final de nuestro éxodo terreno. Sin embargo, la adoración de la cruz no es la adoración de un símbolo. Cuando nos arrodillamos delante del signo de nuestra redención, estamos adorando el nombre de Jesús y al Padre que «lo levantó sobre todo».

PRIMERA LECTURA

El éxodo es una especie de pará bola de toda la historia de la salvación, un espejo en el que el pueblo de los creyentes de todos los tiempos puede ver la imagen de sus continuas infidelidades. Es también una parábola del comportamiento de Dios con quienes lo abandonan. Se esfuerza en hacerlos volver al buen camino, haciéndoles tomar conciencia de su pecado. Al primer signo de arrepentimiento, en cuanto se vuelven de nuevo hacia él, él los salva. El episodio de la serpiente de bronce es un ejemplo memorable. Dios interviene de una manera inesperada, convirtiendo lo que era causa de muerte en motivo de salvación.

Miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados.

Lectura del libro de los números 21,4b-9

En aquellos días, el pueblo estaba extenuado del camino, y habló contra Dios y contra Moisés:
- ¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el desierto? No tenemos ni pan ni agua, y nos da náusea ese pan sin cuerpo.
El Señor envió contra el pueblo serpientes venenosas, que los mordían, y murieron muchos israelitas. Entonces el pueblo acudió a Moisés, diciendo:
- Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti; reza al Señor para que aparte de nosotros las serpientes.
Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el Señor le respondió:
- Haz una serpiente venenosa y colócala en un estandarte: los mordidos de serpientes quedarán sanos al mirarla.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la colocó en un estandarte. Cuando una serpiente mordía a uno, él miraba a la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO

Una serpiente de bronce erigida en el desierto, una cruz levantada en el Gólgota: Dios no se cansa nunca de curar y perdonar.

Salmo 77, 1-2. 34-35. 36-37. 38

R
No olvidéis las acciones del Señor.

Escucha, pueblo mío, mi enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado. R

Cuando los hacía morir, lo buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que Dios era su roca,
el Dios Altísimo su redentor. R

Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran fieles a su alianza. R

Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor. R

SEGUNDA LECTURA

Fragmento de un himno litúrgico muy antiguo. Rebajamiento voluntario de la condición divina a la humana, muerte en una cruz por nuestra salvación, exaltación en la gloria del Padre: es el itinerario pascual de Cristo Jesús. Reconocer en él al Salvador es alcanzar la vida.

Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2,6-11

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario,
se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como
un hombre cualquiera,
se rebajó
hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
«Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!,
para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA

Aleluya. Aleluya .
Gloria a ti, Señor Jesús,
que no vienes para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
porque con tu cruz has redimido al mundo, Aleluya.

EVANGELIO

Cristo elevado en la cruz es revelación del amor de Dios y causa de salvación para todos los que lo miran con fe.

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 3,13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
- Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Palabra de Dios.



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14/09/2014 - 24º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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24º domingo Tiempo ordinario (A)


Confesión del pecado y de la misericordia de Dios, intercesión y acción de gracias, van siempre de la mano en la Biblia. Los salmos dan abundante testimonio de ello. Cuando se dirige a Dios para expresar su agradecimiento evocando los beneficios recibidos, para pedirle que los renueve, o para implorar su auxilio en la necesidad, el salmista se presenta siempre ante el Señor reconociéndose pecador. Pero no se presenta delante de él como un culpable abrumado por el peso de sus culpas, temblando ante la mirada acusadora de su señor irritado. El pecado es un acto de ingratitud hacia Alguien cuyo amor herido permanece intacto, pero siempre está dispuesto a perdonar a todo el que se acoge a su infinita ternura.
La experiencia renovada de esta conducta constante de Dios implica el deber de perdonar del mismo modo las ofensas que los otros nos infligen a nosotros.
Jesús recordó la equivalencia de los dos mandamientos del amor a Dios y el amor al prójimo. La llamada «ley del talión» tenía como finalidad impedir las represalias, las venganzas y los castigos desproporcionados al crimen cometido y al daño causado. Jesús va mucho más allá: manda amar incluso a los enemigos y orar por ellos. Los cristianos, deudores insolventes a los que Dios perdona sus deudas, deben perdonar constantemente y sin ningún tipo de cálculos: «setenta veces siete».
De ello depende la autenticidad de su pertenencia a Cristo, a la que se remiten, del culto que celebran, de su oración y, en fin, de su justicia ante Dios. Que el Espíritu, que hace de ellos una comunidad de hijos del Padre misericordioso, venga en ayuda de su debilidad. Entonces podrán decir con toda confianza, diariamente, y en el momento de recibir el cuerpo y la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, la oración que el mismo Señor nos enseñó: «Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».

PRIMERA LECTURA

Es imposible apelar a Dios y a la alianza, obtener el perdón de los propios pecados, cuando uno mismo no es capaz de perdonar a los demás.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

Lectura del libro del Eclesiástico 27,33-28, 9

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee.
Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas.
Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.
¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?
No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?
si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?
Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos.
Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios no nos guarda nunca rencor por nuestras ofensas. Por su ternura, perdona siempre todas las culpas.

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8)

R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R.

No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R.

SEGUNDA LECTURA

Valorar todo lo que nos ocurre, todo lo que tenemos que hacer en función de nuestra pertenencia a Cristo, es un principio que conlleva, sin duda, innumerables exigencias, pero que establece un clima de libertad que ninguna legislación moral puede crear.

En la vida y en la muerte somos del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:
Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para si mismo.
Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.
Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios.

Aleluya. Jn 13, 34

Aleluya. Aleluya.
Nuestro Padre del cielo
nos trata con paciencia y compasión.
Perdonemos como él: de corazón y sin rencor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-:
que os améis unos a otros,
como yo os he amado. Aleluya.

EVANGELIO

Equivaliendo un denario a un jornal (Mt 20,2), y diez mil talentos a sesenta millones de denarios, queda claro el volumen de la deuda. La deuda que Dios perdona a los que invocan su misericordia es una deuda imposible de valorar y de saldar. Entonces ¿cómo es posible mostrarse duro y despiadado con los otros, que nos deben tan poco, y decir: «Perdona nuestras ofensas»?

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:
-«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta:
-«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.
El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."
El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes."
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra de Dios.



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lunes, 1 de septiembre de 2014

07/09/2014 - 23º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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23º domingo Tiempo ordinario (A)


Desde que el pecado se introdujo en el mundo, Dios intenta reunir un pueblo santo. Multiplica las iniciativas para incitar a los hombres a que lo busquen y lo encuentren, reanudando los vínculos de una amistad siempre ofrecida. Su ley indica el camino del encuentro.
En su gran misericordia, Dios viene en ayuda de todos los hombres: «por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación» (Plegaria eucarística IV). Pone como «atalayas» a estos enviados, encargados de poner en guardia a los que se adentran por caminos que conducen a la muerte y de urgir a los extraviados para que vuelvan al camino recto. ¡Difícil misión! Es cierto que cada cual es responsable de sus decisiones y sólo puede achacarse a sí mismo las consecuencias que se deriven de ellas. Pero si el profeta no advierte al «malvado» del peligro mortal que corre, Dios pedirá cuentas a este «atalaya» negligente o pusilánime. Ezequiel no encuentra palabras suficientemente duras para condenar a los profetas que «siguen su propio espíritu y no ven nada» (Ez 13,3), y que extravían al pueblo. Más tarde también Jesús denunciará, con igual vigor, a los «guías ciegos» (Mt 15,14).
Sin embargo, no hay que descargar sobre los profetas reconocidos o sobre los dirigentes oficiales toda la responsabilidad personal de los miembros de la comunidad. Todos han de trabajar para que los descarriados vuelvan al buen camino. Con tacto y humildad, remitiéndose a las reglas recogidas por san Mateo en lo que suele llamarse el «discurso eclesiástico» o «comunitario», por ser una especie de antología de los principios que deben regir la vida cotidiana de las comunidades cristianas. Este domingo se lee el pasaje que se refiere al modo de comportarse con los hermanos que notoriamente han cometido un pecado.
«Amar es cumplir la ley entera». Se trata de un deber que nunca se cumple del todo. Por eso no se puede abandonar a su suerte a los pecadores. La Iglesia llega a veces a la excomunión, cuando todos los demás medios han sido inútiles. La oración de la comunidad no sólo debe seguir arropando a los hermanos que se han visto afectados por esta medida extrema, sino que ha de hacerse aún más intensa. Que la misericordia de Dios, que se pide al comienzo de cada celebración eucarística, los haga volver al buen camino.

PRIMERA LECTURA

El profeta es una atalaya (Ez 3,17) que debe transmitir fielmente y sin cansarse las advertencias de Dios, que exhorta a su pueblo a la conversión, so pena de ser castigado por no haber puesto en guardia al que estaba en peligro de muerte.

Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.

Lectura de la profecía de Ezequiel 33, 7-9

Así dice el Señor:
«A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte.
Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»

Palabra de Dios.

SALMO

¿Cómo no escuchar con alegría la palabra de Dios que nos llama a la conversión?

Salmo 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

R.
Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
R.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía.
R.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.»
R.

SEGUNDA LECTURA

El legalismo religioso no tiene en cuenta que todos los mandamientos están orientados al amor criterio último de todo comportamiento conforme a la voluntad de Dios.

Amar es cumplir la ley entera.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 8-10

Hermanos:
A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

Palabra de Dios.

Aleluya. 2 Cor. 5, 19

Aleluya. Aleluya.
Estamos reunidos en el nombre del Señor
El está en medio de nosotros:
que abra nuestros corazones
a su palabra de amor y perdón. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Dios estaba en Cristo,
reconciliando al mundo consigo,
y a nosotros nos ha confiado
la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

No se puede abandonar a su suerte a los hermanos que viven en pecado. La caridad exige que nos esforcemos en procurar que se enmienden; es lo que se llama el deber de «la corrección fraterna», que requiere tacto y humildad, pues no se trata de juzgar ni condenar a culpables. La misma exclusión de la comunidad está inspirada en la caridad, ya que va acompañada por la oración insistente de la comunidad al Señor Sólo Él puede convertir los corazones. Que Él atraiga de nuevo a sí a los que se han extraviado.

Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Palabra de Dios.



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