lunes, 8 de febrero de 2016

14//02/2016 - 1º domingo de Cuaresma (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Cuaresma (C)


¿Cómo es posible que criaturas creadas «a imagen y semejanza de Dios» se aparten del bien y elijan el mal, cuya experiencia muestra sus más desastrosos efectos? Es la eterna pregunta de todo creyente ante la realidad del pecado y del mal. La Biblia, en forma de relato popular pintoresco, pero al mismo tiempo sabia y hábilmente construido, ha transmitido el fruto de las largas reflexiones de los sabios que se han ocupado de este problema fundamental (Gn 3,1-19).
El pecado, desobediencia fatal a la ley de vida dada por Dios, es cuestionamiento radical de la veracidad y fundamentación de la palabra del Señor. Si el hombre y la mujer llegan a él es porque se han dejado seducir por aquel a quien llamamos diablo. Este ser misterioso logra convencerlos por medio de argumentos falaces y engañosos, diciéndoles que Dios los engaña para mantenerlos en un estado de sometimiento indigno de su condición. Nadie escapa a las insinuaciones del tentador, que hace estragos sin cesar en el corazón de los hombres y en el mundo.
Jesús, «lleno del Espíritu Santo», también tuvo que enfrentarse a Satanás. El diablo empieza insinuándole que la voz que había oído al salir de las aguas del Jordán había sido una ilusión. «Si eres realmente el Hijo de Dios», a quien él ha engendrado hoy (Lc 3,22; cf Hb 1,5), «dile a esta piedra que se convierta en pan». «No sólo de pan vive el hombre», contesta Jesús, cuyo alimento será siempre hacer la voluntad del que lo ha enviado y llevar a cabo su obra (Jn 4,34). Nunca cederá a la tentación del poder ni a las seducciones del dinero, contra cuya tiranía pone en guardia a sus discípulos (Lc 16,13). Nunca, en fin, tentará a Dios, ni siquiera en el momento trágico de su agonía (Lc 22,42).
En los momentos de tentación, a la que nadie escapa, sólo hay un medio para no caer: aferrarse firmemente, como Jesús, a la palabra de Dios, que está cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón, creer en aquel a quien Dios ha resucitado de entre los muertos, invocar el nombre del Señor para que nos salve.
De un grupo de arameos errantes, Dios ha hecho un pueblo a cuya cabeza se ha puesto Cristo. Jamás seremos confundidos si permanecemos unidos a él. El nos conduce hacia su Pascua, de la que la eucaristía es a la vez memorial y prenda.

PRIMERA LECTURA

A partir de la ofrenda de las primicias, común a la mayoría de las religiones, el Deuteronomio hace una profesión de fe explícita en el Dios liberador de su pueblo, por el que no cesa de velar. El memorial del éxodo, acontecimiento fundante, se sitúa a partir de entonces en el corazón mismo del culto bíblico. Del mismo modo, hoy el memorial de la Pascua de Cristo es fuente y cumbre de la liturgia cristiana.

Profesión de fe del pueblo escogido.

Lectura del libro del Deuteronomio 26,4-10

Dijo Moisés al pueblo:
- El sacerdote tomará de tu mano la cesta con las primicias y la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios.
Entonces tú dirás ante el Señor, tu Dios: «Mi padre fue un arameo errante, que bajó a Egipto, y se estableció allí, con unas pocas personas. Pero luego creció, hasta convertirse en una raza grande, potente y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos oprimieron, y nos impusieron una dura esclavitud. Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia. El Señor nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, en medio de gran terror, con signos y portentos. Nos introdujo en este lugar, y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso, ahora traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado».
Lo pondrás ante el Señor, tu Dios, y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios es nuestro refugio, nuestro alcázar nuestro protector, y nos escucha y acompaña en la prueba.

Salmo 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15

R
Está conmigo, Señor, en la tribulación.

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti». R

No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos. R

Te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones. R

Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré. R

SEGUNDA LECTURA

Lo que anunciaba un texto del Deuteronomio (30,11-14) encuentra inesperadamente su cumplimiento pleno en Jesús, Palabra de Dios que ha venido a este mundo, que ha resucitado de entre los muertos y está cerca de todo el que cree en él. Por la fe en Cristo nos salvamos.

Profesión de fe del que cree en Jesucristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 10,8-13

Hermanos:
La Escritura dice:
- La palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón.
Se refiere a la palabra de la fe que os anunciamos.
Porque, si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás.
Por la fe del corazón llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios, a la salvación.
Dice la Escritura:
- Nadie que cree en él quedará defraudado.
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan.
Pues todo el que invoca el nombre del Señor se salvará.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4,4b

Palabra de Dios, palabra de la fe:
la Palabra está cerca de nosotros.

No sólo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

El templo ocupa en el evangelio según san Lucas un lugar especial. Siendo todavía niño, Jesús es presentado en él al Señor (Le 2,22), y en él proclama sus últimas enseñanzas (Le 19,45—21,38). No es extraño, pues, que san Lucas sitúe las tres tentaciones de Jesús primero «en el desierto», después en «lo alto» y, finalmente, en Jerusalén, en «el alero del templo». La «otra ocasión» fijada para el último asalto del diablo es la de la pasión. Entonces, de veras, «completadas las tentaciones», el diablo, vencido, se aleja de Jesús para siempre: «Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Le 22,42); «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Le 23,46; Sal 31,6).

El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,1-13

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo:
- Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo.
Jesús le contestó:
- Está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo:
- Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó:
- Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Palabra de Dios.



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domingo, 7 de febrero de 2016

10//02/2016 - Miercoles de Ceniza (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Miercoles de Ceniza (C)

TIEMPO DE CUARESMA (C)

La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.
La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma. Sin duda hay opciones más costosas, pero han de hacerse con conocimiento de causa, es decir, con plena libertad y con la alegría del Espfritu Santo. Aunque tamizada, la luz de la Pascua nunca desaparece del todo: se filtra a lo largo de toda la Cuaresma.
Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).
La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.
Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.
«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».
(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma 1-2: PL 54, 285-287)

Miercoles de Ceniza (C)

EI Miércoles de Ceniza los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel, de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.
Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» (Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable. ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18).
Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).
Recibir la ceniza es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».
La imposición y recepción de la ceniza adquiere todo su sentido en el marco de la celebración comunitaria. Ocurre lo mismo con cualquier participación en un rito sacramental, y en particular en la comunión. Nunca es un acto de devoción privada, ni siquiera cuando se trata de una persona a la que la edad, la enfermedad o cualquier otra razón le impiden participar en la asamblea.

PRIMERA LECTURA

El mal reside en el corazón antes de traducirse en actos. Las prácticas de penitencia deben, pues, expresar la conversión del corazón. Los gestos vacíos de contenido no engañan a Dios.

Rasgad los corazones y no las vestiduras.

Lectura del libro de Joel 2,12-18

Ahora -oráculo del Señor-
convertíos a mí de todo corazón
con ayuno, con llanto, con luto.
Rasgad los corazones y no las vestiduras;
convertíos al Señor, Dios vuestro,
porque es compasivo y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad;
y se arrepiente de las amenazas.
Quizá se arrepienta
y nos deje todavía su bendición, la ofrenda,
la libación para el Señor, vuestro Dios.
Tocad la trompeta en Sión,
proclamad el ayuno, convocad la reunión.
Congregad al pueblo, santificad la asamblea,
reunid a los ancianos.
Congregad a muchachos y niños de pecho.
Salga el esposo de la alcoba,
la esposa del tálamo.
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes,
ministros del Señor, y digan:
- Perdona, Señor, a tu pueblo;
no entregues tu heredad al oprobio,
no la dominen los gentiles;
no se diga entre las naciones:
¿Dónde está su Dios?
El Señor tenga celos por su tierra,
y perdone a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

La toma de conciencia del pecado es vana si no lleva a acudir a la misericordia de Dios. Sólo él puede dar la paz por la purificación del corazón.

Salmo 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17

R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

SEGUNDA LECTURA

A reconciliarnos con Dios, a abrirnos a la gracia del perdón conseguido por Cristo, que tomó sobre sí el pecado del mundo para que nosotros «recibamos la justificación de Dios», a alcanzar la santidad de Dios: a todo eso nos exhorta «el tiempo favorable» que es la Cuaresma.

Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20-6,2

Hermanos:
Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:
«En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.
Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.
Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Palabra de Dios.



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lunes, 1 de febrero de 2016

07//02/2016 - 5º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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5º domingo Tiempo ordinario (C)


El cuadro que el evangelio pone hoy ante nuestros ojos nos muestra a Jesús en una actitud hierática, que evoca la del resucitado. El evangelista, en efecto, pasa inmediatamente del título de «Maestro» al de «Señor», y Pedro «se arroja a los pies de Jesús»: esta denominación y esta postración nos recuerdan las de los discípulos en el momento de la ascensión. La escena, situada en las primeras páginas del evangelio, responde a la intención del autor. Invita a abordar la lectura del evangelio confesando la verdadera identidad de aquel en quien los discípulos han puesto su confianza (Lc 1,1-4: tercer domingo).
Por otra parte, san Lucas, que es también autor del libro de los Hechos de los apóstoles, ve en el episodio que le ha transmitido la tradición ciertos rasgos que se observan en la vida eclesial. La enseñanza que los creyentes han recibido viene de Jesús, que hablaba a la muchedumbre ávida de escuchar su palabra. La abundancia de la pesca evoca el extraordinario éxito de la predicación apostólica, y explica de antemano el valor de los apóstoles convertidos en «pescadores de hombres», que remarán mar adentro con el fin de ganar para Cristo al mayor número de oyentes. La tarea es como para espantarlos. Pero Jesús les dice: «No temáis». Esto basta para infundirles la valentía necesaria para dejarlo todo y «seguirlo», olvidando su pasado. ¿Acaso no ha sido elegido para anunciar la Buena Noticia un perseguidor como Saulo? Y puede hacerlo con un celo extraordinario porque la gracia de Dios está con él, y él está dispuesto a obedecer al Señor en lo que le pida.
También hoy hay que confiar en el Señor y, «por su palabra», echar de nuevo las redes después de haber pasado noches de trabajo infructuoso. La repentina e inesperada abundancia de la «pesca» manifiesta la omnipotencia de quien es el Maestro y Señor de la Iglesia. El sigue estando ahí, en la barca de Pedro. La manifestación concreta de su presencia suscita generalmente un temor sagrado; el temor que experimentaron los profetas al ser llamados por Dios, y también María, cuando «se turbó» ante las palabras del ángel (Lc 1,29).
La contemplación de Cristo y la escena de la pesca milagrosa vienen a reavivar el valor, la confianza y el empuje misionero de las comunidades cristianas, que podrían sentirse debilitadas por la aparente inutilidad de sus esfuerzos.

PRIMERA LECTURA

Ante al arca de la alianza, sobre la cual despliegan sus alas los serafines, el profeta adquiere aguda conciencia de la grandeza del Dios tres veces santo, cuya gloria llena el universo; y también de su pequeñez como miembro solidario de un pueblo de pecadores. Pero una vez purificado por el Señor; se pone sin reservas a su disposición para desempeñar la misión que el Altísimo tenga a bien confiarle.

Aquí estoy, mándame.

Lectura del libro de Isaías 6,1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.
Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro, diciendo:
- ¡Santo, santo, santo, el Señor de los ejércitos, la tierra está llena de su gloria!
Y temblaban los umbrales de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.
Yo dije:
- ¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.
Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
- Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.
Entonces, escuché la voz del Señor, que decía:
- ¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?
Contesté:
- Aquí estoy, mándame.

Palabra de Dios.

SALMO

Con los labios y el corazón purificados, asociemos nuestra alabanza a la del cielo y la tierra.

Salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8

R
Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R

Daré gracias a tu nombre,
por tu misericordia y tu lealtad.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R

Que te den gracias, Señor,
los reyes de la tierra,
al escuchar el oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del Señor es grande. R

Extiendes tu brazo y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R

SEGUNDA LECTURA

Para salvarse hay que guardar en toda su pureza la buena noticia, que constituye el núcleo del «símbolo de los apóstoles», y no olvidar nunca que todo el bien que se pueda hacer hay que atribuirlo a la gracia de Dios.

Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11

Hermanos:
Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe.
Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.
Porque yo soy el menor de los Apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí.
Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios.

ALELUYA Mt 4,19

Aleluya, aleluya.
Hay que dejarlo todo por Cristo
cuando él llama. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Venid y seguidme —dice el Señor—,
y os haré pescadores de hombres. Aleluya.

EVANGELIO

La extraordinaria difusión del Evangelio, en la que insiste con tanta frecuencia el libro de los Hechos de los apóstoles, se debe a la fidelidad de los predicadores al mandato del Señor que hace eficaces sus palabras y su testimonio. Los fracasos que puedan cosecharse en alguna parte no deben desanimarlos. Ellos deben preocuparse sólo de echar las redes. La separación de los buenos y los malos se hará más tarde, cuando la barca haya arribado a la orilla.

Dejándolo todo, lo siguieron.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
- Rema mar adentro y echa las redes para pescar.
Simón contestó:
- Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
- Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
- No temas: desde ahora serás pescador de hombres.
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra de Dios.



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domingo, 31 de enero de 2016

02//02/2016 - La Presentación del Señor (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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La Presentación del Señor (C)


La fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, al igual que otras fiestas que recuerdan algún misterio de la vida de Cristo, localizado en un santuario determinado, tuvo su origen en Jerusalén, donde existen testimonios que remontan esta costumbre al siglo IV, que se ceñía rigurosamente a lo que dice el evangelio. Cuando esta fiesta se extendió por Siria en el siglo VI, se le dio en Constantinopla el nombre de «Encuentro» (Hypapantè, en griego). Al pasar a Occidente en la segunda mitad del siglo VI, se celebrará, como sigue siendo todavía hoy, cuarenta días después de la Natividad del Señor, o sea, el 2 de febrero. Más tarde, hacia el año 750, en las Galias tomó el nombre de «Purificación de la Virgen María», nombre que conservó hasta 1969. En Roma, donde la misa tenía lugar al alba, el papa Sergio 1(687-701) hizo que a la misa le precediera una procesión en la que todos llevaban un cirio; de ahí el nombre popular de «la Candelaria». Con su denominación actual de «Presentación del Señor en el templo», recobró su orientación inicial de celebración vinculada al misterio de la encarnación del Hijo de Dios.
Desde su nacimiento, Jesús es el mensajero de la Buena Noticia, de la salvación anunciada en repetidas ocasiones por los profetas, enviados a preparar los corazones para su venida. El, el Hijo de Dios, quiso ser totalmente solidario con los hombres, sometiéndose como ellos a la ley y a todas las limitaciones de la vida humana. Pasó por las diversas etapas del crecimiento humano, bajo la autoridad de sus padres, educado por ellos en la sabiduría y la gracia de Dios que lo acompañaban. Conoció en su propia carne las pruebas de la condición humana, incluida la muerte. Dios verdadero y hombre verdadero, es el sumo sacerdote que libera a los hombres del pecado y se compadece de sus sufrimientos, cuya dureza experimentó.
Él, que es la luz del mundo, no se impone a nadie. Cada cual tiene personalmente la posibilidad y la responsabilidad de acogerlo o de rechazarlo. «Marchemos en paz al encuentro del Señor», proclama la liturgia. «Congregados en una sola familia por el Espíritu Santo, vayamos a la casa de Dios, al encuentro de Cristo. Lo encontraremos y lo conoceremos en la fracción del pan, hasta que vuelva revestido de gloria».

PRIMERA LECTURA

A una comunidad cansada de esperar el “día del Señor”, anunciado en múltiples ocasiones por los profetas, pero que no acaba de llegar, Malaquías, el último de lista de los profetas escritores, le anuncia dos venidas: la de un mensajero como él, encargado de preparar al pueblo de Dios para el encuentro con su Señor, y la venida del Señor mismo “a su Templo”. Estas dos venidas terminaros por confundirse. Al entrar en el templo. Cristo inaugura el tiempo de la purificación decisiva del sacerdocio y del pueblo entero, el del culto en espíritu y verdad.

Entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis.

Lectura de la profecía de Malaquías 3,1-4

Así dice el Señor: "Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos."

Palabra de Dios.

SALMO

Que la Iglesia abra de par en par sus puertas para recibir al que viene.

Salmo 23, 7. 8. 9- 10 (R.: 10bc)

R
El Señor, Dios de los ejércitos,
 es el Rey de la gloria.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las antiguas compuertas:
va a entrar el Rey de la gloria. R.

-¿Quién es ese Rey de la gloria?
-El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria. R.

SEGUNDA LECTURA

Los sacerdotes no pueden ser más que intermediarios entre Dios y los hombres y entre los hombres y Dios, “pontífices”, “constructores de puentes”. Por el contrario, en Jesucristo, Dios y el hombre están indisolublemente unidos en una misma persona, sin intermediarios de ningún tipo. Él es el único sacerdote perfecto, el Mediador personal entre Dios y los hombres, el Salvador de todos.

Tenía que parecerse en todo a sus hermanos.

Lectura de la carta a los Hebreos 2,14-18

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaba la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 2,32

Aleluya. Aleluya.
Éste es el Hijo que trae la salvación y el consuelo.
Por él quedará clara
la actitud de muchos corazones. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel. Aleluya.

EVANGELIO

Jesús es presentado en el templo, por sus padres, de acuerdo con las prescripciones de la Ley (Ex 13, 1-2. 15). Pero en realidad, es el último mensajero de Dios que viene a su Templo, como reconoce proféticamente el anciano Simeón, representante de todos “los hombres justos y piadosos que aguardan el consuelo de Israel”. En el Espíritu Santo, discierne que este niño, aparentemente igual que todos los demás, es aquel a quien anunciaros los profetas, bandera discutida, pero también primogénito de una multitud de rescatados, “luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel”. María, modelo de los creyentes, va a sufrir más que nadie, en lo profundo de su ser, en su corazón, viendo que muchos rechazarán esta luz. Al canto de alabanza y a la alegría de Simeón se une una mujer, también ella anciana, que se convierte en la primera mensajera de la buena noticia de la venida del Salvador, como otras mujeres lo serán de la resurrección. Así, lo que a primera vista parecía simple relato de un episodio de la infancia de Cristo, se revela como una emotiva introducción al misterio de la salvación realizada en Jesús. “Dios salva”, al evangelio según san Lucas y al libro de los Hechos de los apóstoles.

Mis ojos han visto a tu Salvador.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: "Todo primogénito varón será consagrado al Señor", y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones."
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel." [Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: "Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma."
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.]

Palabra de Dios.



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lunes, 25 de enero de 2016

31//01/2016 - 4º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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4º domingo Tiempo ordinario (C)


Como el domingo pasado, la liturgia de hoy sitúa a los fieles congregados en presencia de Jesús, sentado en la sinagoga de Nazaret, donde ha proclamado inaugurado el año de gracia anunciado por el profeta Isaías. En un primer momento, los oyentes acogen favorablemente esta declaración: «Todos le expresaban su aprobación», es decir, se ponían de su lado. Pero a estas buenas disposiciones iniciales sucede pronto la duda: ¿de dónde puede venirle esa sabiduría al «hijo de José», el carpintero del pueblo? Jesús sabe lo que los oyentes piensan en su interior; debió percibirlo en sus miradas sorprendidas o irónicas. Puestos al descubierto, se ponen furiosos al oír cómo se los compara con los que habían rechazado a los profetas. Entonces los vecinos de Nazaret quieren acabar con Jesús. Pero será el propio Jesús quien, libremente y cuando llegue su hora, se pondrá en camino hacia Jerusalén, donde debe morir (Lc 9,51).
En esta especie de introducción al conjunto del evangelio según san Lucas afloran varios de los grandes temas que lo caracterizan. El día de su presentación en el templo, Simeón declara que Jesús, «luz para alumbrar a las naciones», será para muchos «bandera discutida» (Lc 2,32.34). Por otra parte, el evangelista insiste constantemente en el universalismo de la salvación. Finalmente, no hay que olvidar que el libro de los Hechos de los apóstoles es la segunda parte de la obra de san Lucas, donde este quiere mostrar cómo la misión de la Iglesia es continuación de la del Señor. Rechazados como él por sus conciudadanos, los apóstoles se verán obligados a predicar el Evangelio más allá de las fronteras de su país.
El profetismo, tanto el de los misioneros como el de las comunidades cristianas, no se compagina con un provincianismo estrecho, con un particularismo limitado. El recuerdo de la conducta de Dios debe estar presente en todo momento en la asamblea cristiana reunida para celebrar el misterio de la salvación.
Lo que hace posible la unidad de las comunidades eclesiales y de la Iglesia entera es el amor sin límites. Los que están animados por él, lejos de guardarse celosamente para sí los bienes recibidos de Dios, de replegarse con cobardía en sus propios intereses por miedo a perderlos, desean ante todo que el mayor número posible de personas se beneficien de ellos. La fe languidece y acaba por apagarse cuando no se comparte.

PRIMERA LECTURA

Jeremías prueba lo que cuesta ser fiel a su misión profética. Nunca habría podido asumirla si no se hubiera aferrado vigorosamente a Dios, que le había prometido ser su fuerza para mantenerse firme en medio de las dificultades.

Te nombré profeta de los gentiles.

Lectura del libro de Jeremías 1,4-5. 17-19

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
- Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando. No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.
Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.

Palabra de Dios.

SALMO

Es en Dios, su esperanza, en quien los profetas encuentran fuerza y sostén para anunciar contra viento y marea, su auxilio y su salvación.

Salmo 70, 1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17

R
Mi boca contará tu salvación, Señor.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo,
líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído,
y sálvame. R

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R

Porque tú, Dios mío,
fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías. R

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R

SEGUNDA LECTURA

El amor fraterno inspirado por el amor de Dios está por encima de todo, es la mayor de las virtudes. El himno, bien conocido, se divide en tres partes: superioridad absoluta del amor sus obras y su perennidad.

Quedan la fe, la esperanza, el amor; pero la más grande es el amor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31_13,13

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo,
el amor es servicial y no tiene envidia;
el amor no presume ni se engríe;
no es mal educado ni egoísta;
no se irrita, no lleva cuentas del mal;
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites,
espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.
¿El don de predicar? -se acabará.
¿El don de lenguas? -enmudecerá.
¿El saber? -se acabará.
Porque inmaduro es nuestro saber
e inmaduro nuestro predicar;
pero cuando venga la madurez,
lo inmaduro se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño,
sentía como un niño, razonaba como un niño.
Cuando me hice un hombre,
acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo de adivinar;
entonces veremos cara a cara.
Mi conocer es por ahora inmaduro,
entonces podré conocer como Dios me conoce.
En una palabra:
quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres.
La más grande es el amor.

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya, Aleluya.
Habla, Jesús, hijo de María y de José:
tú eres. el Cristo, Dios en medio de nosotros,
nosotros damos testimonio de ti. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

Admiración, escepticismo, hostilidad, intento de linchamiento: son las reacciones de los habitantes de Nazaret tras la primera intervención de Jesús en su pueblo. Todos los profetas han tenido una suerte semejante. La mala acogida recibida en su patria los ha obligado a transmitir en otros lugares el mensaje que tenían la misión de proclamar. Lo mismo ocurrirá más tarde con los discípulos de Jesús. La persecución que hace que se disperse la joven comunidad de Jerusalén da lugar a que se predique por primera vez la Buena Noticia fuera de la ciudad, como testimonia el libro de los Hechos de los apóstoles, segunda parte de la obra de san Lucas.

Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 4,21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
- ¿No es éste el hijo de José?
Y Jesús les dijo:
- Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió:
- Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra de Dios.



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lunes, 18 de enero de 2016

24//01/2016 - 3º domingo Tiempo ordinario (C)

Lecturas y Evangelio del domingo

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3º domingo Tiempo ordinario (C)


Hoy comienza la lectura del evangelio según san Lucas, que caracteriza al ciclo C. El autor declara haber escrito un relato de los hechos transmitidos por «testigos oculares». «Después de comprobarlo todo exactamente desde el principio»; es decir, que ha realizado una labor de historiador, sin que eso signifique consignar los acontecimientos dentro del marco de una cronología y una geografía estrictas. Ha adoptado el plan que, permaneciendo fiel a la autenticidad de los hechos, le ha parecido más adecuado para su propósito: permitir al lector darse cuenta de «la solidez de las enseñanzas» que ha recibido de otros. Se trata de una manera de proceder que diferencia al verdadero historiador del simple cronista.
San Lucas comienza su relato con la intervención de Jesús, cuando tenía unos treinta años, un sábado en la sinagoga de Nazaret, donde se había criado. El poder del Espíritu, del que ha sido revestido en el momento del bautismo en las aguas del Jordán, le ha granjeado ya una gran fama en toda la región. Por eso es normal que se le pida que haga la lectura prevista para ese día en el oficio de la sinagoga. Pero se trata de un texto del profeta Isaías en el que se habla de un enviado de Dios, encargado de «anunciar el Evangelio a los pobres, a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista», de «dar libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor». Tradicionalmente, la lectura del texto profético iba seguida de lo que nosotros llamamos una homilía, confiada a veces a un maestro que estaba de paso. San Lucas recoge de la de Jesús sólo la afirmación central: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». Jesús se presenta así, de pronto, tal como los cristianos lo reconocen: él es, personalmente, el que da cumplimiento a las Escrituras.
La segunda parte de la obra de san Lucas, el libro de los Hechos de’ los apóstoles, muestra cómo esta palabra se difunde y mueve, en el mundo entero, a una multitud de hombres y mujeres a adherirse al Señor (Hch 5,14). Este impulso misionero de la Iglesia exige que todos, sin pretender imponemos a los demás, pongamos al servicio de los otros los dones y carismas procedentes del Espíritu, con el fin de que crezca el cuerpo entero del que Cristo es cabeza.
Este domingo pone ante los ojos de los cristianos el ideal y la vocación de la Iglesia reunida en torno a la palabra de Dios.

PRIMERA LECTURA

Una gran liturgia de la palabra: asamblea de todo el pueblo, entronización solemne del Libro, lector a la vista de todos, traducción del texto a la lengua común y explicación del mismo, fin de la reunión con una comida de fiesta en la que todos participan. Una tradición que se ha perpetuado hasta nuestros días.

Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.

Lectura del libro de Nehemías 8,2-4a. 5-6. 8-10

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley.
Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió:
- Amén, amén.
Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.
Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero:
- Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: no hagáis duelo ni lloréis.
Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron:
- Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza.

Palabra de Dios.

SALMO

Vida y sabiduría, alegría y luz, derecho y justicia, seguridad: son innumerables los beneficios derivados de la palabra de Dios.

Salmo 18, 8. 9. 10. 15.

R
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R

Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío. R

SEGUNDA LECTURA

«La Iglesia es el cuerpo de Cristo, y nosotros somos sus miembros». Es indispensable que cada cual realice correctamente la función que le corresponde. En su diversidad, todos contribuyen al correcto y armonioso funcionamiento del conjunto. Nadie debe ser considerado como inferior Por eso, la jerarquía de los carismas y los ministerios no significa en absoluto superioridad de las personas que se benefician de ellos o los ejercen.

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,12-30

Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo.
Si el pie dijera: «No soy mano, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el oído dijera: «No soy ojo, luego no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿cómo oiría? Si el cuerpo entero fuera oído, ¿cómo olería? Pues bien, Dios distribuyó el cuerpo y cada uno de los miembros como él quiso.
Si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
Los miembros son muchos, es verdad, pero el cuerpo es uno solo.
El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito». Más aún, los miembros que parecen más débiles son más necesarios. Los que nos parecen despreciables, los apreciamos más. Los menos decentes, los tratamos con más decoro. Porque los miembros más decentes no lo necesitan.
Ahora bien, Dios organizó los miembros del cuerpo dando mayor honor a los que menos valían.
Así, no hay divisiones en el cuerpo, porque todos los miembros por igual se preocupan unos de otros.
Cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos se felicitan.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.
¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?

Palabra de Dios.

ALELUYA Lc 4,18

Aleluya. Aleluya.
Cristo, en medio de nosotros,
desenrolla hoy el libro,
y nos revela el sentido de las Escrituras. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad. Aleluya.

EVANGELIO

San Lucas, que escribe después de otros, es consciente de que también él está haciendo una obra útil. Considera que el relato que se ha propuesto redactar contribuirá a confirmar lo que los «testigos oculares» y los «predicadores de la palabra» han relatado. La narración de lo ocurrido en la sinagoga de Nazaret constituye una especie de prólogo al conjunto del tercer evangelio. Jesús, como mostrará más adelante el relato, es personalmente el cumplimiento de las promesas; la Buena Noticia que anuncia se dirige en primer lugar a los pobres, a los cautivos, a los oprimidos; la palabra de Dios ha de estudiarse constantemente y deforma siempre nueva, a la luz del Espíritu.

Hoy se cumple esta Escritura.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,1-4; 4,14-21

Excelentísimo Teófilo:
Muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han verificado entre nosotros, siguiendo las tradiciones transmitidas por los que primero fueron testigos oculares y luego predicadores de la palabra. Yo también, después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres,
para anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista.
Para dar libertad a los oprimidos;
para anunciar el año de gracia del Señor».
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:
- Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Palabra de Dios.



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