lunes, 24 de noviembre de 2014

30/11/2014 - 1º domingo de Adviento (B)

Lecturas y Evangelio del domingo

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1º domingo de Adviento (B)


Después de crear el cielo y la tierra con todo lo que contienen, Dios creó «a su imagen» al hombre y a la mujer. Y les encomendó la obra de sus manos. Caminando en esta tierra hacia una comunión cada vez más profunda con él, debían un día compartir eternamente su misma vida.
El pecado no logró que el Creador cambiara este primer proyecto suyo. Prometió la salvación a la descendencia de Adán y Eva; es lo que se conoce como el «protoevangelio», anunciado por Dios mismo desde el primer momento. Para cumplir su promesa, eligió a un pueblo al que se fue revelando progresivamente como el Todopoderoso, el único capaz de volver a poner a la humanidad en el camino de la vida. No obstante, a veces parecía que Dios olvidaba sus compromisos. En realidad, lo que hacía era ocultar su rostro para que los suyos reconocieran sus errores y volvieran a él. Para exhortarlos y animarlos a ello envió a sus profetas. Estos, como Isaías, suplicaban al Señor: «Vuélvete, por amor a tus siervos!»; «Tú, Señor, eres nuestro padre»; «Somos todos obra de tu mano». Confiando en la fidelidad de Dios y seguros de que sus oraciones serían escuchadas, aclamaron anticipadamente el día de la redención: «Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia»; «Jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el que espera en él».
Esta confianza es aún más viva hoy, a la espera de la manifestación definitiva de nuestro Señor Jesucristo. Vivimos en el tiempo de la larga paciencia de Dios. Él sabe que nada llega a la madurez a golpe de milagros. A cada uno le deja el tiempo necesario para decidirse, con conocimiento de causa, a emprender el camino de la salvación,
Es el tiempo de la esperanza de los hombres y de la creación entera, El tiempo de la espera valiente, una virtud tal vez más difícil de practicar hoy, con la tendencia a quererlo todo enseguida, a hacer planes a corto o, en el mejor de los casos, a medio plazo. Es necesario apoyarse en Cristo, por quien hemos sido «enriquecidos en todo», y en la fe en Dios, que es fiel y «nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo».
La ausencia del Señor es temporal. Lejos de desesperarse o de dormirse, cada uno tiene que velar en el trabajo que le ha sido asignado y en la oración común.

PRIMERA LECTURA

«Por qué duermes, Señor?» (Sal 43,24); «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Sal 21,2); «,¿Por qué?, ¿por qué?»: hay días en los que uno no es capaz de decir más que eso. ¡Y no hay respuesta! Sin embargo, Dios no se olvida. «Los cielos se rasgaron» el día del bautismo de Jesús. El viene al encuentro de todos los que se vuelven a él, justos y pecadores.

¡Ojalá rasgases el cielo y bajases!

Lectura del libro de Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7

Tú, Señor, eres nuestro padre,
tu nombre de siempre es «nuestro redentor».
Señor, ¿por qué nos extravías de tus caminos
y endureces nuestro corazón para que no te temamos?
Vuélvete por amor a tus siervos
y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y bajases,
derritiendo los montes con tu presencia!
Bajaste, y los montes se derritieron con tu presencia.
Jamás oído oyó ni ojo vio
un Dios, fuera de ti,
que hiciera tanto por el que espera en él.
Sales al encuentro del que practica la justicia
y se acuerda de tus caminos.
Estabas airado y nosotros fracasamos:
aparta nuestras culpas y seremos salvos.
Todos éramos impuros,
nuestra justicia era un paño manchado;
todos nos marchitábamos como follaje,
nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre
ni se esforzaba por aferrarse a ti;
pues nos ocultabas tu rostro
y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre,
nosotros, la arcilla, y tú, el alfarero:
somos todos obra de tu mano.
No te excedas en la ira, Señor,
no recuerdes siempre nuestra culpa:
mira que somos tu pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO

Que Dios nos modele, nos visite, nos guíe y nos restaure, y tendremos vida.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19 (4)

R
Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder
y ven a salvarnos. R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate;
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti: danos vida,
para que invoquemos tu nombre. R

SEGUNDA LECTURA

Sin la ayuda de Dios es imposible «mantenerse firmes hasta el final», hasta el día de la venida de Cristo, sea cual sea nuestro valor, nuestra fuerza de ánimo, nuestra capacidad de aguante en las pruebas, nuestra determinación.

Aguardemos la manifestación de Jesucristo nuestro Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1,3-9

Hermanos:
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.
En mi Acción de gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús.
Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el tribunal de Jesucristo Señor nuestro.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. ¡Y Él es fiel!

Palabra de Dios.

ALELUYA Sal 84,8

Aleluya, aleluya.
Gloria a Cristo,
por quien hemos sido enriquecidos en todo:
en el hablar y en el saber. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación. Aleluya.

EVANGELIO

Nadie sabe cuándo volverá Cristo. Hay que permanecer alerta, conscientes del peso de eternidad de todo adviento, de cada instante que se nos concede.

Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.

+ Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!

Palabra de Dios.



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lunes, 17 de noviembre de 2014

23/11/2014 - 34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)


Para entender correctamente este título de Cristo hay que remitirse a la tradición bíblica de Dios rey-pastor. Dios vela con un cuidado especial por los pequeños y los débiles, «sus ovejas», abrumados por las asperezas de la vida, víctimas inocentes e indefensas de la opresión en todas sus formas. El es su legítimo defensor. Jesús no dejó nunca de proclamarlo con palabras y obras. Los pobres acogieron con entusiasmo la predicación de este hombre que no era como los demás, que se ponía de su parte, solidarizándose con las condiciones de su existencia, cuya injusticia denunciaba. Por el contrario, los ricos, los que estaban acomodados en el orden establecido, con sus injusticias, y no dudaban, incluso, en sacar provecho personal de la situación, vieron en él actitudes subversivas intolerables. En realidad, Jesús, el enviado del Padre, vino a restaurar el orden destruido por el pecado, a hacer triunfar el bien sobre el mal, la vida sobre la muerte. El es el Rey del universo querido por Dios.
Su realeza es la ternura y la misericordia infinita de Dios. A menudo oscurecida y escarnecida en este mundo, puesta en duda ante tanta dureza y odio como tienen que padecer los débiles, se revelará a plena luz a los ojos de todos cuando Cristo vuelva. Aquel a quien los garantes del desorden establecido creyeron vencer clavándolo en el patíbulo de los malhechores aparecerá un día en la gloria. Asociará a ella a todos los que, aun sin saberlo, hayan obrado como él. Proclamará entonces ante las naciones congregadas en su presencia que su lucha, a menudo oscura y aparentemente inútil, no ha sido yana. Cristo, que «resucitó de entre los muertos: el primero de todos», vencedor de las fuerzas del mal y de la muerte, los introducirá en el «reino preparado para ellos desde la creación del mundo». Incluso los que han luchado a su lado sin conocerlo serán recibidos como «benditos de su Padre».
La celebración de Cristo, Rey del universo, nos invita a tomarnos en serio las realidades y las luchas terrenas. Trabajar por una mayor justicia en este mundo adelanta la venida del Reino, cuyos fundamentos ha puesto el Señor para gloria del Padre. La solidaridad con los que tienen hambre y sed, los extranjeros, los desprovistos de todo, es el criterio cierto de la solidaridad con Cristo, Rey del universo.

PRIMERA LECTURA

La ternura infinita de Dios es la otra cara de su autoridad soberana, de su omnipotencia. Como buen pastor, tiene en cuenta las necesidades y la personalidad de cada uno. Y presta una atención muy especial a los más débiles. Pero no hay que olvidar que el Dios pastor es también el Juez que separará a los buenos de los malos.

A vosotras, mis ovejas, voy a juzgar entre oveja y oveja.

Lectura de la profecía de Ezequiel 34, 11-12. 15-17

Así dice el Señor Dios: «Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas, siguiendo su rastro.
Como sigue el pastor el rastro de su rebaño, cuando las ovejas se le dispersan, así seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré, sacándolas de todos los lugares por donde se desperdigaron un día de oscuridad y nubarrones.
Yo mismo apacentaré mis ovejas, yo mismo las haré sestear -oráculo del Señor Dios-
Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas; vendaré a las heridas; curaré a las enfermas: a las gordas y fuertes las guardaré y las apacentaré« como es debido.
Y a vosotras, mis ovejas, así dice el Señor: Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío.»

Palabra de Dios.

SALMO

Si Dios está conmigo, nada he de temer. Él «me guía por el sendero justo», me libra de todo mal y de la muerte.

Salmo 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6 (R.: 1)

R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar. R.

Me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA

Una grandiosa visión de la realeza de Cristo y de la salvación que ha llevado a cabo. En el origen de todo está la iniciativa del Padre; como el mismo Cristo, la creación entera debe reconocerlo. Por pertenecer a la estirpe de Adán, todos nosotros somos mortales. Pero la muerte, que no pudo someter a Cristo, ha sido vencida por el nuevo Adán, que ha recibido del Padre poder para transmitir la vida.

Devolverá a Dios Padre su reino, y así Dios lo será todo para todos.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28

Hermanos:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.
Y, cuando todo esté sometido, entonces también el Hijo se someterá a Dios, al que se lo había sometido todo.
Y así Dios lo será todo para todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mc 11, 9b-10a

Aleluya. Aleluya.
Venid vosotros, benditos de mi Padre;
heredad el reino preparado para vosotros
desde la creación del mundo. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Bendito el reino que llega,
el de nuestro padre David. Aleluya.

EVANGELIO

Cristo, Rey del universo, se identifica con los más indefensos. Su regreso supondrá su manifestación a «todas las naciones reunidas ante él». E introducirá en su Reino a los que, aun sin saberlo, hayan luchado en el mismo combate que él. El itinerario de este año litúrgico, recorrido bajo la guía de san Mateo, acaba así con el recuerdo de lo que el evangelista no ha dejado de inculcarnos en ningún momento: seremos juzgados por nuestras obras, por nuestro amor manifestado y concretado en obras, y no por las simples palabras, aunque sean ardientes declaraciones de fe.

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo,' dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:  "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra de Dios.



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lunes, 10 de noviembre de 2014

16/11/2014 - 33º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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33º domingo Tiempo ordinario (A)


Al terminar el tiempo ordinario del ciclo A, la liturgia evoca de nuevo la vuelta del Señor, el acontecimiento hacia el cual tiende toda la historia de la salvación. Nos encontramos hoy con la parábola de los talentos, que está en el origen del dicho: «Cada cual debe saber emplear sus talentos». Pero conviene tener presente que aquí se trata de algo muy distinto de la simple utilización correcta de las cualidades humanas, innatas o adquiridas.
Un talento equivalía al salario de unas seis mil jornadas de trabajo. Incluso el empleado que recibió un solo talento fue depositario, por tanto, de un enorme capital. Esta cantidad tiene un significado que podríamos llamar «teológico». Designa el tesoro incalculable de gracia que Dios distribuye, dando «a cada cual según su capacidad». Enterrarlo con el pretexto de no perderlo, no atreverse a tomar ninguna iniciativa ni asumir ningún riesgo o responsabilidad para sacarle rendimiento, es comportarse como el empleado holgazán. Es, sobre todo, ofender a Dios, considerándolo como un amo exigente. No son estos los empleados que Dios quiere. Sus dones demuestran su confianza. Cuando vuelva, el Señor ajustará las cuentas con cada uno. Los que se presenten ante él con las manos llenas del fruto de sus esfuerzos recibirán infinitamente más: pasarán al banquete de su señor. Creer, ser fieles servidores de Dios y verdaderos discípulos de Cristo, es también actuar. Esta es, en definitiva, la enseñanza de esta parábola. Por lo demás, lo que Dios nos pide es bien «poca cosa»: la fidelidad a su gracia de cada día en el cumplimiento de las tareas diarias. El libro de los Proverbios pone el ejemplo de la «mujer hacendosa». Se trata de un ejemplo, no de una toma de postura, y menos aún de un oráculo sobre la condición femenina. Debe hacer reflexionar a los que podrían creerse superiores a los demás o más dignos de elogio por parte de Dios a causa de su posición o de sus funciones supuestamente «superiores» en la sociedad o en la Iglesia. Si nos comportamos, allí donde estemos, como «empleados fieles y cumplidores», estaremos viviendo como «hijos de la luz», que nada tienen que temer ante la venida del Señor.
La celebración de la liturgia, sobre todo de la eucaristía, nos garantiza su presencia oculta en la noche de este mundo, y reaviva sin cesar el deseo de su vuelta, que colmará nuestras expectativas mucho más allá de toda esperanza.

PRIMERA LECTURA

La «mujer hacendosa» es un ejemplo de humilde y silenciosa fidelidad a los deberes cotidianos, fi4ndamento de la santidad. Dios mismo hace su elogio.

Trabaja con la destreza de sus manos.

Lectura del libro de los Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31

Una mujer hacendosa, ¿quién la hallará?
Vale mucho más que las perlas.
Su marido se fía de ella,
y no le faltan riquezas.
Le trae ganancias y no pérdidas
todos los días de su vida.
Adquiere lana y lino,
los trabaja con la destreza de sus manos.
Extiende la mano hacia el huso,
y sostiene con la palma la rueca.
Abre sus manos al necesitado
y extiende el brazo al pobre.
Engañosa es la gracia, fugaz la hermosura,
la que teme al Señor merece alabanza.
Cantadle por el éxito de su trabajo,
que sus obras la alaben en la plaza.

Palabra de Dios.

SALMO

Hecho de respeto y amor el «temor de Dios», fundamento de la religión, caracteriza a los verdaderos servidores del Señor a quienes él bendice y coima de bienes.

Salmo 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: 1a)

R.
Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R.

SEGUNDA LECTURA

Nadie conoce ni puede conocer el día ni la hora de la venida del Señor Por tanto, es totalmente inútil tratar de determinar la fecha, y hay que guardarse muy bien de prestar oído a cualquier pretensión en sentido contrario. Este acontecimiento sorprenderá como una catástrofe imprevisible a los que viven despreocupados. Los que viven vigilantes no tienen nada que temer.

Que el día del Señor no os sorprenda como un ladrón.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6

En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os escriba.
Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar.
Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas.
Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn ]5,4a.5b

Aleluya. Aleluya.
El Señor vendrá a visitarnos.
Dichosos los empleados fieles y cumplidores,
que pasen al banquete de su Señor Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Permaneced en mí, y yo en vosotros
—dice el Señor—;
el que permanece en mí da fruto abundante. Aleluya.

EVANGELIO

El don de la gracia, el don de la fe, es un tesoro incalculable que hay que hacer fructificar y no esconder bajo tierra. Hay que actuar como un empleado en quien el Señor confía. Dios recompensará por encima de todo mérito al empleado que sea «fiel en lo poco», haciéndole «pasar al banquete de su señor».

Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo."
El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."

Palabra del Señor



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lunes, 3 de noviembre de 2014

9/11/2014 - Dedicación de la basílica de Letrán (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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Dedicación de la basílica de Letrán (A)


El emperador Constantino 1 donó a la Iglesia la finca de los Laterani, situada en Roma, en el monte Celio, donde edificó una basílica. El 9 de noviembre del año 324 el papa Silvestre 1 la dedicó al Salvador. Cerca de allí, sobre las ruinas de unas antiguas termas se construyó un baptisterio, reedificado por Sixto III (432-440) y colocado, desde el siglo XII, bajo la advocación de Juan Bautista. Esa es la razón de que se hable de San Juan de Letrán. El palacio adyacente fue hasta 1304 residencia del obispo de Roma. Deshabitado desde entonces a causa de los conflictos que asolaban el barrio, el palacio permaneció abandonado durante mucho tiempo. Cuando los papas volvieron de Aviñón (1377), Nicolás V (1447-1455) trasladó al Vaticano los servicios generales de la Iglesia. Pero la basílica de San Juan de Letrán ha seguido siendo siempre la catedral del obispo de Roma. Esa es la razón de que se celebre el aniversario de su dedicación.
En cada diócesis, la catedral es el signo, el «sacramento» se podría decir, de la unidad en la caridad de la Iglesia local, de la que el obispo es garante y guardián, en comunión con las otras Iglesias. Por eso se celebra en cada diócesis la dedicación de la catedral en la que el obispo tiene su sede. Ahora bien, el obispo de Roma, además de la responsabilidad de su propia diócesis, tiene como ministerio el servicio de la caridad y la unidad en la Iglesia entera. Su catedral es, por tanto, un signo que trasciende los límites de la diócesis. Conmemorar su dedicación es proclamar la unidad y la comunión de todas las Iglesia en comunión con el papa, «pastor de todos los fieles», «siervo de los siervos de Dios», «que preside, con el colegio episcopal, la congregación universal de la Iglesia y garantiza sus diversidades legítimas», por emplear expresiones del concilio Vaticano II.
Pero aun los más venerables santuarios son sólo signos. El único templo verdadero es Cristo. Decir esto no es despreciar los templos edificados por la fe de los fieles, sino proclamar su auténtica dignidad, sin olvidar, no obstante, que ningún edificio, por suntuoso que sea, puede aprisionar nunca a Dios, ni limitar su acción. También la Iglesia debe dar testimonio, con su acción y su comportamiento, de que la salvación está ampliamente abierta a todos.

PRIMERA LECTURA

Una visión que expresa de manera admirable y muy sugerente la significación y, podría decirse, la «vocación» de nuestras catedrales y de la más humilde de nuestras iglesias.

Vi que manaba agua del lado derecho del templo, y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.

Lectura de la profecía de Ezequiel 47,1-2. 8-9. 12

En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo.
Del zaguán del templo manaba agua hacia levante -el templo miraba a levante-. El agua iba bajando por el lado derecho del templo, al mediodía del altar.
Me sacó por la puerta septentrional y me llevó a la puerta exterior que mira a levante. El agua iba corriendo por el lado derecho.
Me dijo:
- Estas aguas fluyen hacia la comarca levantina, bajarán hasta la estepa, desembocarán en el mar de las aguas salobres, y lo sanearán. Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboque la corriente, tendrán vida; y habrá peces en abundancia. Al desembocar allí estas aguas, quedará saneado el mar y habrá vida dondequiera que llegue la corriente.
A la vera del río, en sus dos riberas, crecerán toda clase de frutales; no se marchitarán sus hojas ni sus frutos se acabarán; darán cosecha nueva cada luna, porque los riegan aguas que manan del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales.

Palabra de Dios.

SALMO

De Cristo brotan las aguas vivas del Espíritu que lo regeneran todo.

Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9

R.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios, el Altísimo consagra su morada.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe. R.

SEGUNDA LECTURA

Dichosos los que edifican templos vivos cimentados sobre Cristo y habitados
por el Espíritu. ¡Ay de los que provoquen su ruina!

Sois templo de Dios.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3,9c-11. 16-17

Hermanos:
Sois edificio de Dios. Conforme al don que Dios me ha dado, yo, como hábil arquitecto, coloqué el cimiento, otro levanta el edificio. Mire cada uno cómo construye.
Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.

Palabra de Dios.

Aleluya 2 Cro 7,16

Aleluya. Aleluya.
Gloria a Cristo resucitado,
el Templo que Dios ha construido. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Elijo y consagro este templo
—dice el Señor—
para que esté en él mi nombre eternamente. Aleluya.

EVANGELIO

En el evangelio según san Juan, la purificación del templo está en relación directa con la resurrección de Jesús. El, el Señor resucitado y sentado para siempre junto a Dios, es el templo no construido por mano de hombre, en el cual y por el cual los creyentes celebran el culto en espíritu y verdad.

Hablaba del templo de su cuerpo.

Lectura del santo evangelio según san Juan 2,13-22

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
- Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
- ¿Qué signos nos muestras para obrar así?
Jesús contestó:
- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Los judíos replicaron:
- Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Palabra de Dios.



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domingo, 2 de noviembre de 2014

9/11/2014 - 32º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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32º domingo Tiempo ordinario (A)


Durante la última cena pascual Jesús dejó a sus discípulos el signo del pan y del vino como prenda de participación en el banquete que habría de compartir con ellos en el reino de su Padre (Mt 26,29). Así pues, toda eucaristía se celebra esperando la venida de Jesucristo, nuestro Salvador, su regreso en la gloria, que la asamblea eucarística no se cansa de invocar: «Ven, Señor Jesús». El misterio de esta venida, hacia la cual tiende toda la historia de la salvación como su cumplimiento, constituye de manera especial el tema central de la liturgia de los domingos trigésimo segundo y trigésimo tercero del tiempo ordinario del ciclo A.
Esta insistencia resulta especialmente actual. Efectivamente, hoy se habla mucho de los riesgos de destrucción de nuestro planeta. Por el contrario, la perspectiva de la vuelta del Señor parece preocupar mucho menos a los cristianos, incluso practicantes. Sucede como con la muerte, de la que nadie sabe ni el día ni la hora: «Ya nos prepararemos cuando llegue el momento!».
una insensatez!», enseña la parábola de las diez doncellas que debían acompañar al esposo en el cortejo de su boda. Puesto que ignoramos cuándo llegará el esposo, hay que estar preparados para recibirlo cuando llegue. Cuando se oiga la voz que anuncia su llegada, será demasiado tarde para ir a comprar lo necesario para salir a su encuentro, y nadie podrá proporcionárnoslo. Lejos de engendrar ansiedad y nerviosismo, o, por el contrario, desánimo y somnolencia, la espera, sea cual sea su duración, debe estimular nuestra vigilancia y nuestra previsión. El creyente tiene que ser como la amada del Cantar de los cantares, pendiente en todo momento para advertir, al menor signo, la llegada de su amado.
Cada celebración de la eucaristía anticipa sacramentalmente ese gran cortejo hacia la sala del banquete. Por lo demás, el Señor está ya presente: se le recibe al tomar el pan y el cáliz, sacramento de vida eterna y del reino nuevo. Los que nos han precedido en la muerte también se preparan. Con nosotros y como nosotros, aguardan esperando la señal que dará la voz del arcángel: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!». Entonces se abrirá la puerta de la sala del festín y entraremos todos juntos para celebrar con alegría las bodas del Cordero.

PRIMERA LECTURA

La Sabiduría posee el secreto de un arte de vivir humanamente plenificante y agradable a Dios. Para exhortar a los lectores a que la busquen, el autor la personifica: es como una joven encantadora, de inalterable belleza. Ella misma guía los pasos de los que la buscan. Se hace la encontradiza, llama a su puerta, vierte a sentarse en el umbral de su casa.

Encuentran la sabiduría los que la buscan.

Lectura del libro de la Sabiduría 6,12-16

La sabiduría es radiante e inmarcesible, la ven fácilmente los que la aman, y la encuentran los que la buscan; ella misma se da a conocer a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa: la encuentra sentada a la puerta. en ella es prudencia consumada, el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones; misma va de un lado a otro buscando a los que la merecen; los aborda benigna por los caminos y les sale al paso en cada pensamiento.

Palabra de Dios.

SALMO

Salmo del ansia de Dios, que consiste en buscarlo sin descanso, tener hambre y sed de él, quedarse horas hablándole, acordarse de él día y noche.

Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8

R.
Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansía de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloría!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.

SEGUNDA LECTURA

Cristo ha resucitado y los hombres de todas las épocas también resucitarán; él volverá en la gloria y todos estaremos con él junto al Padre. Tratar de imaginar este acontecimiento último de la salvación, o la manera como unos y otros participarán de él, es absolutamente inútil. Hay que atenerse a las certezas de la fe, fundamento de nuestra esperanza. Esperemos, sin angustia, la venida del Señor a quien invocamos en la liturgia: «Ven, Señor Jesús».

A los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza.
Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él.
Esto es lo que os decimos como palabra del Señor:
Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos.
Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar.
Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 24, 42a. 44

Aleluya. Aleluya.
¡Que llega el Esposo!
Dirijamos a él nuestra mirada,
prestemos atención a su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.
Estad en vela y preparados,
porque a la hora que menos pensáis
viene el Hijo del hombre. Aleluya,

EVANGELIO

Retraso inaudito del esposo el día de su boda, damas de honor que se niegan a socorrer a sus compañeras, la puerta de la sala del banquete cerrada por quien se ha hecho esperar más de lo normal: no se trata de una sorprendente «historia real», sino de una parábola sobre la venida del Señor. Hay que prepararse todos los días para acogerlo. Mañana será demasiado tarde.

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz:
¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas:
"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."
Pero las sensatas contestaron:
"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
"Señor, señor, ábrenos."
Pero él respondió:
"Os lo aseguro: no os conozco.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»

Palabra de Dios.



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