lunes, 16 de octubre de 2017

22-10-2017 - 29º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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29º domingo Tiempo ordinario (A)


En el catálogo de los santos están inscritos reyes y reinas y algunos grandes hombres de Estado. Pero entre ellos, son pocos los que pertenecen a la historia moderna. Y es que la Iglesia no se prodiga en la canonización de tales personalidades, por admirables que sean. Enfrentados a situaciones complejas, en medio de un gran pluralismo de opiniones religiosas y de otros órdenes, con presiones, a menudo incontrolables, de todo tipo, los responsables políticos, especialmente en nuestros días, se ven obligados a tomar, a veces, decisiones más o menos alejadas del ideal evangélico. En todo caso, tanto para ellos como para los más humildes, el juicio de la Iglesia se refiere sólo a lo que se llama «heroicidad de las virtudes». Pero ha ocurrido que, queriendo o sin querer, algunos «reyes» han sido en su época instrumentos en manos de Dios. Se ha constatado después. Así es como Isaías evoca la actuación del «Ungido, Ciro», sin dejar de recordar que Dios es el único y verdadero Señor.

Hay que guardarse, pues, de considerar a cualquiera como un «hombre providencial» al que se debe sumisión ciega. Incluso el aprecio y la deferencia legítima hacia cualquier autoridad impone cierta vigilancia y actitud crítica. Así es como han actuado siempre los profetas. A quien pretendía establecer el reino de Dios, le decían: «No, tú no eres el Mesías que ha de venir a instaurar el Reino prometido!». Por tanto, hay que evitar cualquier confusión entre el cielo y la tierra, entre la ciudad terrena y la ciudad del cielo.

Otro error consiste en decir: «Hay que elegir: o Dios o el César; lo que se le da a uno se le quita al otro». Esta manera de hablar rara vez va desprovista de segundas intenciones. Se invocan los deberes para con el César para eludir lo que se debe a Dios, o viceversa, cuando no se hace alternativamente, según la conveniencia y los intereses del momento. Jesús es claro: «Dad al César lo que es del César». Por eso la Iglesia ha inculcado siempre los deberes cívicos y ha orado por los gobernantes, incluso cuando estos la perseguían. Pero el único a quien se debe culto es el Señor.

Una vez comprendido esto, todos hemos de obrar con valentía y confianza para llevar al corazón del mundo, tal como es, la fe, la esperanza y el amor, con la convicción de que el Evangelio es «fuerza del Espíritu Santo».

PRIMERA LECTURA

¿Es posible que un rey pagano fuera «enviado» de Dios? Sí. en el sentido que, aun sin saberlo, se convirtió en instrumento de su designio. Pero el único dueño verdadero de la historia de la salvación es el Señor.

Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones.

Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6

Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:

«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.

Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.

Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios.

Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.

Yo soy el Señor, y no hay otro.»

Palabra de Dios.

SALMO

No hay Otro dios fuera de Dios: glorioso, grande, muy digno de alabanza, temible, creador, santo, rey, recto.

Salmo 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y e (R.: 7b)

R
Aclamad la gloria y el poder del Señor.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.

Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.

Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R

SEGUNDA LECTURA

Este es el primero de los cinco pasajes que leeremos a partir de hoy, del más antiguo de los escritos del Nuevo Testamento: sólo unos veinte años después de la muerte de Cristo. Se da ya el nombre de «Iglesia» a una comunidad cristiana, en este caso la de Tesalónica. La adhesión, no sólo de palabra sino con obras, al mensaje evangélico (la fe), la práctica del «mandamiento nuevo» (el amor) y la confianza firme en las promesas divinas, acompañada del deseo de verlas cumplidas (la esperanza), caracterizan a toda comunidad eclesial que vive bajo la égida del Padre y del Hijo, animada por el Espíritu.

Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.

Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.

Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.

Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios.

ALELUYA Flp 2, 15d. l6a

Aleluya. Aleluya.
Pagadle al César lo que es del César,
Y a Dios lo que es de Dios. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir. Aleluya.

EVANGELIO

Incluso cuando no se plantea para tender una trampa al interlocutor la cuestión de «o Dios o el César» pone siempre, en mayor o menor medida, en un aprieto, y no siempre se le puede dar una respuesta simple. Sin embargo, la que da Jesús, bien tajante, parece serlo. Pero el hecho de que se haya usado para fomentar o justificar prácticas opuestas invita a mirar el asunto con más detenimiento. En realidad, el César y Dios no están en el mismo plano. Hay que cumplir los deberes para con «el emperador», pero sin olvidar las obligaciones para con Dios, que es el único Señor.

Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

-«Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?»

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

-«Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»

Le presentaron un denario. Él les preguntó:

_«¿De quién son esta cara y esta inscripción?»

Le respondieron:

-«Del César.»

Entonces les replicó:

-«Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra de Dios.



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lunes, 9 de octubre de 2017

15-10-2017 - 28º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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28º domingo Tiempo ordinario (A)


A los profetas, y en particular a Isaías, les gusta comparar la felicidad de los elegidos a la de unos comensales reunidos por Dios para participar en un magnífico banquete. A primera vista, este modo de hablar podría resultar sorprendente: ¿acaso la felicidad celestial no es de un orden distinto al de las alegrías terrenas? Para entender esta comparación, basta remitirse al significado de la comida festiva tomada en su conjunto. La calidad de los alimentos y de los vinos tiene, sin duda, su importancia. Pero no se va a una comida ante todo, y menos aún exclusivamente, para saborear platos suculentos y degustar vinos de marca. La misma suntuosidad, aunque relativa, de un banquete expresa su carácter excepcional de fiesta y celebración. Se pretende honrar a los invitados, manifestarles la alegría de poder recibirlos. La comida de fiesta compartida es signo, casi se podría decir «sacramento», de la amistad compartida, de la comunión que une al anfitrión con sus invitados. Pues bien, dice Isaías, esto es lo que Dios nos tiene reservado: una intimidad infinitamente superior a todo lo que pueda imaginarse; una alegría sin igual e interminable. «Aquel día», en efecto, Dios «aniquilará la muerte para siempre» y tomaremos posesión de la anhelada salvación.

Retomando esta imagen bíblica tradicional, Jesús la amplía dándole dimensiones de historia de la salvación. El rey que invita evidentemente es Dios. En el hijo, cuyas bodas celebra, reconocemos a Jesús, el Señor, que ha «desposado» a la humanidad, asumiendo nuestra carne mortal, glorificada en su resurrección y su triunfo celestial. A este acontecimiento es al que estamos incesantemente invitados. Los servidores de Dios llevarán al universo entero la invitación que resuena desde los orígenes del mundo. Un día la sala del banquete se llenará de «una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» (Ap 7,9), que celebrará las bodas del Cordero (Ap 19), de las que la eucaristía es signo. Examinemos nuestra conciencia antes de entrar (cf iCo 11,28-29), para que cuando venga el Rey «a saludar a los comensales», nos encuentre vestidos con el «traje de fiesta».

Él, que, ya desde ahora, «provee a todas nuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús», nos colmará entonces más allá de toda esperanza. «A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos!».

PRIMERA LECTURA

Una mirada al día del cumplimiento de la obra de la salvación. El profeta lo evoca con imágenes tomadas de los fastos de una corte real: un banquete de inaudita suntuosidad, organizado y preparado por Dios «en su monte», lugar de su presencia, donde los justos de todos los pueblos estarán en el grupo de sus comensales, participarán de su vida.

El Señor preparará un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros.

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones.

Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. -Lo ha dicho el Señor-.

Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Palabra de Dios.

SALMO

Variación sobre el tema del Dios-pastor en quien siempre se puede confiar: él guía, protege y coima de bienes a los suyos.

Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 6cd)

R
Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R

Me gula por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R

SEGUNDA LECTURA

Los filipenses han aportado ayuda material a Pablo. Él la agradece, aunque sabe contentarse con poco. No lo dice por darse importancia, sino para invitar a los destinatarios de su carta a que confíen también ellos en la magnificencia de Dios y le den gracias.

Todo lo puedo en aquel que me conforta.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:

Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy entrenado para todo y en todo: la hartura y el hambre, la abundancia y la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.

En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su espléndida riqueza en Cristo Jesús.

A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Ef. 1,17-18

Aleluya. Aleluya.
El Señor abre a todos
las puertas del banquete de su palabra. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo
ilumine los ojos de nuestro corazón,
para que comprendamos cuál es la esperanza
a la que nos llama. Aleluya.

EVANGELIO

Una parábola de la historia de la salvación, semejante a la de los viñadores homicidas. Desde el principio, Dios invita a todos los hombres a vivir en comunión con él. A pesar de la insistencia de sus enviados, algunos rechazan la invitación. Otros la aceptan y entran en la sala del banquete. Uno de ellos es expulsado, por haber entrado «sin vestirse de fiesta», sin revestirse de Cristo, «el hombre nuevo», como dice san Pablo (Rm 13,14; Ga 3,27; Ef 4,24). Para estar en el grupo de los elegidos, ¡hay que convertirse!

A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

"Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.

"Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

"La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda."

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?"

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

"Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes."

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 2 de octubre de 2017

08-10-2017 - 27º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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27º domingo Tiempo ordinario (A)


¡Curioso arbolito, la vid! Su madera no sirve para nada. Hay que podarla todos los años. El fruto permanece incierto hasta el tiempo de la vendimia. Basta una enfermedad para que toda una viña de calidad, que el viñador había rodeado de los mayores cuidados y de la que se sentía orgulloso, se pierda. Así se entiende que los profetas y los salmistas recurrieran a la imagen de la viña para evocar al pueblo de Dios, la solicitud del Señor hacia él y sus sentimientos cuando no encuentra en ella los frutos que esperaba. Un conmovedor poema del libro de Isaías, el «Canto del amado a su viña», expresa esta decepción. Por otro lado, en el evangelio según san Mateo se lee una parábola en la que aparecen el propietario de una viña y sus obreros.

Cuando Jesús la pronunció, pensaba en los que en su tiempo habían sido nombrados administradores de la propiedad de Dios. Pero algunos rasgos del «Discurso eclesiástico o comunitario» del evangelio según san Mateo (Mt 18), así como el modo de presentar las severas invectivas de Jesús contra los escribas (Mt 23), dejan entrever que el evangelista piensa también en los dirigentes de la comunidad cristiana. Ya en esta época, como siempre, en la Iglesia había algunos cuyo comportamiento era detestable: pretenciosos, más ávidos de honores que de humilde servicio, que actuaban como si fueran dueños más que administradores de la viña, y agresivos con los enviados del dueño que les recordaban sus deberes.

Por otra parte, todos los miembros de la comunidad han de sentirse aludidos. Deben buscar personalmente y promover en la Iglesia «todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito», como dice san Pablo. Sus dirigentes han sido instituidos para guiarlos y animarlos en esa búsqueda por medio de la palabra y el ejemplo. Para comportarse como administradores fieles, deben poder contar con todos. Por eso, hay que atreverse a reprenderlos humilde y caritativamente, prestándoles el servicio de la «corrección fraterna» (evangelio del domingo 23°). Pero, al mismo tiempo, hay que pedir a Dios que envíe buenos trabajadores a su campo, favorecer el compromiso de los llamados a ejercer este ministerio, y hasta estar dispuestos personalmente a responder a la llamada del Señor. Recordemos también las palabras de Jesús: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Jn 1,15).

PRIMERA LECTURA

Esta elegía, tal vez, era originariamente el canto popular de un viñador enamorado de su viña que ha sido inverosímilmente ingrata. Es también el lamento del Señor de los ejércitos, cuyo pueblo elegido ha dado frutos de iniquidad en lugar de la justicia esperada.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.

Lectura del libro de Isaías 5, 1-7

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.

Mi amigo tenía una viña en fértil collado.

La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar.

Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones.

Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña.

¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?

¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones?

Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen.

La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Palabra de Dios.

SALMO

Nos hemos alejado del Señor; que él nos permita volver.

Salmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20 (R.: Is 5, 7a)

R
La viña del Señor es la casa de Israel.

Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.

Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R

¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R

No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.

Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R

SEGUNDA LECTURA

Sin minimizar los afanes de la vida hasta el punto de ceder a un optimismo beatífico, no hay que dejarse ganar tampoco por una preocupación paralizante. La oración no debe ni anestesiar ni producir euforia. No nos sitúa por encima de las dificultades, pero a través de ella Dios nos transmite una paz interior sorprendente. La experiencia de los santos da testimonio de ello.

Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9

Hermanos:

Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.

Y el Dios de la paz estará con vosotros.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Jn. 15,16

Aleluya. Aleluya.
Piedra desechada por los arquitectos,
Cristo es ahora la piedra angular:
ha sido un milagro patente. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Yo os he elegido del mundo, para que vayáis y deis fruto, y
 vuestro fruto dure -dice el Señor-. Aleluya.

EVANGELIO

Lo que Jesús dijo dirigiéndose a otros administradores, suena ahora en la Iglesia como una seria advertencia, que hay que tener muy en cuenta, tanto más que, como sabemos y confesamos, el Hijo ya ha venido. Y lo ha puesto todo en manos de su Padre. Por tanto, nadie puede comportarse en absoluto como propietario de unas tierras que sólo pertenecen a Dios.

Arrendará la viña a otros labradores.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. " Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.

Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron:

-«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»

Y Jesús les dice:

-« ¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 25 de septiembre de 2017

01-10-2017 - 26º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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26º domingo Tiempo ordinario (A)


«La Intención es lo que cuenta». Este dicho popular se usa en circunstancias y perspectivas muy diversas. Se acude a él normalmente para disculparse de no haber mantenido una promesa, de no haber cumplido con lo que había que hacer. «Es verdad, pero no se me puede acusar, porque mi intención era hacerlo; y si no lo he hecho, ha sido por razones ajenas a mi voluntad». Otras veces, por el contrario, la sola intención de un acto censurable se considera una falta. Y con razón, cuando no se pasa al acto sólo porque las circunstancias o una acción exterior lo han impedido. Pero un pensamiento perverso, una mala intención, pueden no ser más que tentaciones, pasajeras u obsesivas, que uno tiene el mérito de rechazar. Nadie puede reprocharme haber tomado conciencia a tiempo, incluso en el último momento, del carácter perverso de mi proyecto, y no haberlo ejecutado.

No obstante, son normalmente los actos los que deciden sobre la seriedad de mi intención, En cualquier caso, el propósito de convertirse, por reiterado que sea, no equivale a la conversión. Quedarse en la declaración de intenciones puede ser incluso escandaloso, y cierra la entrada del reino de Dios. Cuando venga en su gloria, el Hijo del hombre reconocerá como suyos a todos los que, aun sin remitirse a él, han cumplido la voluntad del Padre y «se convierten de la maldad» (cf Mt 25,31-46). El que conoce el secreto de nuestro corazón y nada se le escapa de nuestros actos, dirá: «Tú eras un publicano, o una prostituta. Pero escuchaste mi palabra, la predicación de mis enviados o la voz de tu conciencia, y renunciaste a la maldad. Acércate, adelántate y entra en la sala del banquete al que Dios llama desde el principio del mundo». A los que, por el contrario, se hayan apartado de la justicia, o hayan dicho «Sí, amén» a la voluntad del Señor, pero no la hayan cumplido, les dirá: «Marchaos, apartaos, ¡no os conozco!». Así es, en su innegable perfección, la justicia de Dios. No seamos arrogantes, ni nos conformemos con las palabras. ¿Tenemos fe? Pues traduzcámosla en obras.

Esta exigencia se impone a quien quiere ser de verdad discípulo de Cristo y participar de la salvación obtenida por su obediencia absoluta a la voluntad del Padre, a su Pascua de muerte, resurrección y gloria, de la que es memorial la eucaristía. Debemos comulgar con ella tanto en la vida concreta como en el sacramento.

PRIMERA LECTURA

El tiempo que Dios concede a cada uno es tiempo de prueba y de gracia: el justo debe perseverar en el buen camino y no considerar la salvación como adquirida de una vez para siempre; el «malvado» debe aprovechar el plazo que se le concede para convertirse de su maldad y emprender el camino de la «justicia». El Señor no quiere la muerte de nadie, pero deja a cada uno la responsabilidad de elegir entre el camino que conduce a la vida y el que lleva a la muerte.

Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida.

Lectura de la profecía de Ezequiel 18, 25-28

Así dice el Señor:

«Comentáis: "No es justo el proceder del Señor.

Escuchad, casa de Israel: ¿es injusto mi proceder?, ¿o no es vuestro proceder el que es injusto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió.

Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá. »

Palabra de Dios.

SALMO

Los caminos del Señor son rectos, sus sendas conducen a la vida.

Salmo 24, 4bc-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a)

R
Recuerda, Señor, que tu misericordia es eterna.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y todo el día te estoy esperando. R

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R

SEGUNDA LECTURA

Para exhortar a los destinatarios de su carta a vivir en el amor, de acuerdo con su vocación, san Pablo no se detiene en hacer consideraciones de orden moral: deben tener unos con otros «los sentimientos propios de Cristo Jesús». Viene entonces a la memoria del Apóstol un fragmento de himno, cantado seguramente en las asambleas cristianas.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 1-11

Hermanos:

Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir.

No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.

Él. a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

ALELUYA Jn 10, 27

Aleluya. Aleluya.
Convirtámonos hoy mismo
escuchando la palabra del Señor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz -dice el Señor-
y yo las conozco, y ellas me siguen. Aleluya.

EVANGELIO

Las declaraciones de intenciones que no quedan confirmadas por los actos o, peor aún, que los actos contradicen, condenan a quienes las pronuncian. Sigamos el ejemplo de quienes silenciosamente se convierten a la llamada de la palabra de Dios, escuchada por boca de sus enviados.

Recapacitó y fue.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

-«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo:

"Hijo, ve hoy a trabajar en la viña"  Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue.

Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor" Pero no fue.

¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron:

-«El primero.»

Jesús les dijo:

-«Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Palabra del Señor.



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lunes, 18 de septiembre de 2017

24-09-2017 - 25º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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25º domingo Tiempo ordinario (A)


Los dos domingos anteriores se ponía bajo el fuego de la palabra de Dios la vida interna de las comunidades cristianas. La manera de comportarse con los hermanos que pecan y el deber del perdón recíproco de las ofensas derivan del hecho de que la Iglesia es una comunidad de pecadores perdonados. Pero no basta con estar íntimamente convencidos de ello, no basta con quedarse en buenos sentimientos, en hermosas declaraciones de intenciones, en impulsos de compasión interior. La fe no se conforma con las palabras: necesita traducirse también en obras en la vida de cada día, en cualquier circunstancia. La liturgia de este domingo nos exhorta precisamente a no olvidarlo.

El hombre religioso es un buscador de Dios. Su búsqueda es tanto más activa y, podríamos decir, apasionada, cuanto más se aproxima el único que puede colmar su deseo. Siempre en camino, el creyente tiende hacia él con todas sus fuerzas, sin detenerse nunca. Sabe que Dios, «que es rico en perdón», tiene piedad de los que, habiéndose extraviado, se apartan decididamente del mal camino. Esta certeza estimula el celo de los pecadores perdonados, haciéndoles reconocer lo justo que es Dios cuando acoge a los que vuelven a él. Lejos de escandalizarse por ello, dan gracias.

Por otro lado, día tras día, a todas horas, Dios contrata jornaleros para trabajar en la viña que ha plantado. Todos deben apresurarse a responder con alegría a su llamada y confiar en que él les dará su «jornal», si se puede hablar así. Al atardecer, cada uno recibirá lo suyo, infinitamente más de lo que merece, como puro don de la bondad del «propietario». Lo que se pide a todos, indistintamente, es que trabajen como siervos fieles sumisos a la voluntad del Señor, que «lleven una vida digna del Evangelio de Cristo».

El ejemplo de san Pablo es particularmente sugerente. «Partir para estar con Cristo» cuanto antes sería «con mucho lo mejor» para él. Pero piensa que todavía puede hacer aquí abajo un trabajo útil por los demás. No sabiendo cómo salir de este dilema, deja la decisión al Señor; él, por su parte, está totalmente disponible. En cualquier caso, de una cosa está seguro el Apóstol: «Cristo será glorificado abiertamente». El verdadero servidor de Dios no debe preocuparse de otra cosa: «Señor, hágase tu voluntad!»,

PRIMERA LECTURA

La paciencia de Dios no es en absoluto prueba de debilidad o desinterés. El Señor, «rico en perdón», deja a cada uno el tiempo necesario para que se convierta. Es urgente aprovechar este plazo para «buscarlo», «invocarlo», «regresar» a él, «abandonar» los caminos de la perdición. Estos cuatro verbos demuestran que no basta con «las buenas intenciones»: es necesario actuar.

Mis planes no son vuestros planes

Lectura del libro de Isaías 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras esté cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos -oráculo del Señor.

Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes.

Palabra de Dios.

SALMO

¡Bendito sea Dios, inaccesible en su grandeza infinita, cercano por su ternura sin límites!

Salmo 144, 2-3. 8-9. 17-18 (R.: 18a)

R
Cerca está el Señor de los que lo invocan.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R

SEGUNDA LECTURA

San Pablo, desde su prisión, considera los dos posibles desenlaces de su proceso: la condena a muerte, que le permitiría partir para estar con Cristo, y el sobreseimiento, que le permitiría reanudar su apostolado. No sabe qué preferir. Ocurra lo que ocurra, todo será por Cristo. Los destinatarios de su carta deben compartir esta confianza. La incertidumbre sobre la suerte de su apóstol ha de estimularlos a mostrarse aún más dignos del Evangelio de Cristo.

Para mí la vida es Cristo.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 1, 20c-24. 27a

Hermanos:

Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en ese dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios.

ALELUYA Cf. Hch 16, 14b

Aleluya. Aleluya.
Jornaleros de todas las horas,
participamos de la misma herencia;
la bondad del Señor no tiene medida. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Ábrenos el corazón, Señor,
para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

«Vuestros caminos no son mis caminos», afirma el Señor en el oráculo de Isaías leído anteriormente. Jesús lo muestra en una parábola intencionadamente impactante, para conseguir que sus oyentes rectifiquen eventualmente su idea de la justicia de Dios y se interroguen sobre su modo de afrontar y asumir el servicio al Señor Todos deben trabajar con entusiasmo en la viña, clásica imagen bíblica del Reino. Pero en ningún momento hay que olvidar dos cosas. El «jornal» es siempre un don absolutamente gratuito de la bondad de Dios; nadie puede exigirlo como algo debido. Y además, tiene un valor por encima de toda medida; no tiene sentido discutir la cantidad. Hay que aceptarlo, pues, con agradecimiento y alegrarse de que también los demás lo reciban.

¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"

Le respondieron:

"Nadie nos ha contratado."

Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña."

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:

"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."

Él replicó a uno de ellos:

"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.»

Palabra de Dios.



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lunes, 11 de septiembre de 2017

17-09-2017 - 24º domingo Tiempo ordinario (A)

Lecturas y Evangelio del domingo

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24º domingo Tiempo ordinario (A)


Confesión del pecado y de la misericordia de Dios, intercesión y acción de gracias, van siempre de la mano en la Biblia. Los salmos dan abundante testimonio de ello. Cuando se dirige a Dios para expresar su agradecimiento evocando los beneficios recibidos, para pedirle que los renueve, o para implorar su auxilio en la necesidad, el salmista se presenta siempre ante el Señor reconociéndose pecador. Pero no se presenta delante de él como un culpable abrumado por el peso de sus culpas, temblando ante la mirada acusadora de su señor irritado. El pecado es un acto de ingratitud hacia Alguien cuyo amor herido permanece intacto, pero siempre está dispuesto a perdonar a todo el que se acoge a su infinita ternura.

La experiencia renovada de esta conducta constante de Dios implica el deber de perdonar del mismo modo las ofensas que los otros nos infligen a nosotros.

Jesús recordó la equivalencia de los dos mandamientos del amor a Dios y el amor al prójimo. La llamada «ley del talión» tenía como finalidad impedir las represalias, las venganzas y los castigos desproporcionados al crimen cometido y al daño causado. Jesús va mucho más allá: manda amar incluso a los enemigos y orar por ellos. Los cristianos, deudores insolventes a los que Dios perdona sus deudas, deben perdonar constantemente y sin ningún tipo de cálculos: «setenta veces siete».

De ello depende la autenticidad de su pertenencia a Cristo, a la que se remiten, del culto que celebran, de su oración y, en fin, de su justicia ante Dios. Que el Espíritu, que hace de ellos una comunidad de hijos del Padre misericordioso, venga en ayuda de su debilidad. Entonces podrán decir con toda confianza, diariamente, y en el momento de recibir el cuerpo y la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, la oración que el mismo Señor nos enseñó: «Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden».

PRIMERA LECTURA

Es imposible apelar a Dios y a la alianza, obtener el perdón de los propios pecados, cuando uno mismo no es capaz de perdonar a los demás.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

Lectura del libro del Eclesiástico 27,33-28, 9

Furor y cólera son odiosos; el pecador los posee.

Del vengativo se vengará el Señor y llevará estrecha cuenta de sus culpas.

Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas.

¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor?

No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados?

Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?

Piensa en tu fin, y cesa en tu enojo; en la muerte y corrupción, y guarda los mandamientos.

Recuerda los mandamientos, y no te enojes con tu prójimo; la alianza del Señor, y perdona el error.

Palabra de Dios.

SALMO

Dios no nos guarda nunca rencor por nuestras ofensas. Por su ternura, perdona siempre todas las culpas.

Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8)

R.
El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.
R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.
R.

No está siempre acusando ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
R.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
R.

SEGUNDA LECTURA

Valorar todo lo que nos ocurre, todo lo que tenemos que hacer en función de nuestra pertenencia a Cristo, es un principio que conlleva, sin duda, innumerables exigencias, pero que establece un clima de libertad que ninguna legislación moral puede crear.

En la vida y en la muerte somos del Señor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9

Hermanos:

Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para si mismo.

Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor.

Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Palabra de Dios.

Aleluya. Jn 13, 34

Aleluya. Aleluya.
Nuestro Padre del cielo
nos trata con paciencia y compasión.
Perdonemos como él: de corazón y sin rencor. Aleluya.

Aleluya, aleluya.

Os doy un mandamiento nuevo -dice el Señor-:
que os améis unos a otros,
como yo os he amado. Aleluya.

EVANGELIO

Equivaliendo un denario a un jornal (Mt 20,2), y diez mil talentos a sesenta millones de denarios, queda claro el volumen de la deuda. La deuda que Dios perdona a los que invocan su misericordia es una deuda imposible de valorar y de saldar. Entonces ¿cómo es posible mostrarse duro y despiadado con los otros, que nos deben tan poco, y decir: «Perdona nuestras ofensas»?

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús:

-«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

-«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes."

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:"Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra de Dios.



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